Tiene Lucía Méndez boda cristiana
Miami. Ser estrella de la tele no es fácil, eso lo sabe bien Lucía Méndez, y debe ser menos fácil cuando la diva del melodrama, que suma 30 años de carrera artística y muchos éxitos, decide casarse de blanco y armar una ceremonia fuera de lo común, el capítulo final de una inédita historia de amor, pero con todos los ingredientes del espectáculo. "Ya estamos en la esquina, ya vamos a llegar, cambio", se oye una voz por el walkie-talkie de Beto, el asistente de Lucía. "Listos, ya va a llegar", repite Beto... Entonces, todo mundo se tensiona y se multiplican las carreras a la entrada de la iglesia. Es como el ajetreo que se vive detrás de cámaras, cuando la escena está a punto de grabarse. Pero una hora antes se había celebrado otro matrimonio en la misma Iglesia Congregacional de Coral Gables, donde ahora hay un enjambre de cámaras y periodistas; el contraste es evidente: fue un hecho anónimo, silencioso: la novia llegó en una de esas limusinas cienpiés que tanta demanda tienen en Miami, y entró del brazo de su padre, sin alfombra roja ni una colmena de periodistas al acecho. De pronto, la trompa de un nostálgico Rolls Royce blanco, del año 1936, hace su aparición por la esquina de De Soto. Apenas se baja de su limusina, Lucía es abordada por un periodista que transmite en vivo para el programa Sábado gigante de Don Francisco , ella debe dar declaraciones, decir cómo se siente, que es un día muy especial, que está felíz, hay gritería y flashes. Ella sonríe, pero se le ve nerviosa, su hijo está serio, demasiado, parece un edecán de la reina que cumple la fría misión de escoltarla hacia el trono. Ya a la entrada, por donde minutos antes ha desfilado lo más representativo de la industria del espectáculo mexicano, (José José, Francisco Gattorno, Marco Antonio Solís, Tatiana, Jaqueline Andere... entre otros) Lucía y Pedro Antonio se detienen: son segundos eternos y por fin la estrella entra a escena, luce un traje con una cola de 10 metros de largo, el diseño fue de Rosita Hurtado y dicen que costó alrededor de 50 mil dólares. Los invitados observan la emoción, las lágrimas, las palabras del novio y la novia en el momento del compromiso, Lucía dijo "Dios te trajo a mi vida y sé que eres un regalo de Dios". Y Arturo no se queda atrás: "Desde la primera vez que te ví, me empecé a enamorar de tu ternura y tu forma de ser. Sin tí no puedo existir". El pastor Jairo Dávila da la comunión y el vino. Mientras, Yuri canta el "Padre nuestro", un arreglo musical con mucha fuerza. Llega el momento de la unión, las argollas y el rito de las velas. Y entonces el pastor Guillermo Márquez dice: "se pueden besar". El beso, aquí fue tímido, sin el frenesí de los de utilería, especialmente fabricados para las telenovelas. Lucía está agotada. No quiere saber de medios ni de periodistas, pero ella se debe a su gente, así lo reafirma ante los micrófonos y las cámaras, "quería compartir este momento con el público, que me ha dado todo en mi carrera, con Arturo y con mi hijo, dos hombres a quienes amo profundamente". Los periodistas no entraron a la recepción en el hotel Four Seasons, en el exclusivo sector financiero de Brickell.
La boda
Desde hace dos años, Lucía Méndez es cristiana. El grupo de danzas del Centro Internacional de Alabanza introduce el matrimonio con un baile. Al final del acto, dejan caer cientos de pétalos blancos sobre la pareja.
No más periodistas
Ya en el atrio de la Iglesia, los recién casados deben dar declaraciones en vivo, suenan los mariachis, "negrita de mis pesares, ojos de papel volando..."





