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?Tongolele?, leyenda del baile afroantillano

El Universal
Viernes 14 de enero de 2000
?Tongolele?, leyenda del baile afroantillano

. (Foto: ARCHIVO/El Universal )

Inició a los 15 años su carrera como bailarina; el poeta Efraín Huerta la calificó como un símbolo de su época

Yolanda Montes "Tongolele" es considerada la leyenda del baile afroantillano. Fue hija de un padre de ascendencia sueca y española, su madre era tahitiana-francesa. Creció en Spokane, Washington. Sus inicios en el baile fueron a la luz de los relámpagos y enfrente de un espejo de cuerpo entero. Confiesa a García Hernández, autor del libro "No han matado a Tongolele": "Me sentía transportada, era algo mágico. No sé, no lo puedo explicar... como si presintiera que algo me esperaba en el futuro, pero sin descubrir exactamente qué."

Su vida cambió cuando sus padres se divorciaron. Edna, su madre, se llevó a sus hijos a vivir a la pequeña isla Alameda, frente a la costa de California. Su ingreso a high school no fue del todo afortunado, como menciona Monsiváis en el prólogo.

"Yolanda se aisla del resto de la comunidad por su belleza, que incita a la envidia y el resentimiento y esto la conduce a su formación particular, viendo cine por fuerza y elogiando a un ídolo funcional: Josephine Baker, la norteamericana que triunfó en París de los años 20, la Diosa de Ebano, la del traje hecho con plátanos pequeños."

El baile siempre fue su fascinación, y precisamente con este ha destacado y se ha hecho famosa en el mundo entero. Nunca necesitó de maestros, siempre fue autodidacta.

"Aprendí así, sin enseñanza, de una manera instintiva. Pienso que soy como los gitanos que bailan desde chiquitos y fijándose en los demás van aprendiendo."

A los 15 años llegó a San Francisco, donde ingresó al ballet internacional. Su madre la apoyó y fue así como en 1946 debutó en el "Joe di Maggio Club". De ahí pasó al Huracán, el cabaret tahitiano más famoso de San Francisco.

Su camino al éxito fue rápido y siempre en ascenso. Miguelito Valdés la contrató para bailar rumba en un espectáculo cubano en Los Angeles. Allí la vio el empresario Ramón Reachi, quien la invitó a venir a México, ofrecimiento que ella no pudo despreciar por lo que en diciembre de 1946 formó parte del elenco Tropics que encabezaba Toña "La Negra", "La sensación jarocha", y el pianista y compositor Juan Bruno Tarraza.

En el mes de julio de 1847, Yolanda Montes hizo su aparición en un programa donde la estrella Rosita Fornés la anuncia como "El Ciclón Antillano".

Antes se había presentado en las funciones que organizaba Carlos Amador en la Arena Coliseo, pero es en El Tívoli donde obtiene su primera sensación y de ahí la bautizaron como "Tongolele".

Yolanda recuerda: "Fue algo que inventé por casualidad. Pensé que sería bueno tener un nombre mitad africano y mitad tahitiano, para poder seguir bailando lo que bailaba. Pero a la gente le daba curiosidad."

El poeta Efraín Huerta la exalta así: "Teoría creada a fuerza de contorsiones, meneo y caderazos, cuya ley no discuto. ?Tongolele? no es un vicio, es un símbolo. Es un vertedero lírico y sensual grato a la inmensa gandulería de las grandes ciudades. Yolanda tiene la culpa. Desde José Vasconcelos, nadie había turbado tanto el ánimo de los pachorrudos mexicanos como ?Tongolele? y el existencialismo."

Pero los hombres no son los únicos que han hablado de ella, mujeres como la periodista Martha Elba dice: "¿Lo de ?Tongolele?? No es fama ni popularidad, ni interés ni simpatía. El caso ?Tongolele? entra en lo que yo llamaría: morbo, epidemia, exaltación sintomática." (En "Cinema Reporter", 1948).

Cabe mencionar que en varias de sus películas trabajó al lado de grandes actores como don Germán Valdés, "Tin Tan".

Su fama la llevó a realizar viajes por toda América Latina, Estados Unidos, España, Ecuador, Puerto Rico, Italia, Argentina, Colombia, Perú, Panamá, Cuba y Jamaica.

Con Joaquín González, su esposo, quien ya falleció, recorrió el mundo. Y con él tuvo dos hijos, los gemelos Ricardo y Rubén.

A partir de la muerte de su esposo, las cosas no han vuelto a ser iguales para Tongolele, su carrera se vio truncada de la noche a la mañana ya que Joaquín no sólo era su esposo, sino su compañero del trabajo, el tocaba los bongos, mientras ella bailaba. El destino se encargó de terminar con esta mancuerna, pero no con el amor que sigue vivo entre ellos. ?Nocturno de amor? (1948).

?Han matado a Tongolele? (1949).

?Mátenme porque me muero?.

?Pensión de artistas?.

?Amor de locura?.

?Crepúsculo de un Dios?.

?Chucho remendado?.

?Una mujer de ensueño?.

?Snake People?.



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