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Ana Ciocchetti, entre la actuación y ser madre

El Universal
Miércoles 26 de diciembre de 2001
La actriz confiesa que, a los 27 años, no sabía si optar por los foros o tener un hijo

La guapísima Anabel Cantú de la telenovela Lo que es el amor primero pisó los escenarios como bailarina en comedias musicales. Creció en Acapulco y radicó en Madrid, pero su vida está hecha en México.

Despojada de todo el glamour de actriz, Anna Ciochetti apareció por las calles llevando en brazos al pequeño Estéfano, de 2 años de edad, y de la mano de Emiliano, de 6; detrás de ella iba la niñera. A raíz de su separación de José Luis Franco, Ana pasa mucho tiempo con sus hijos.

"Están conmigo durante las grabaciones, los llevo a las entrevistas y las sesiones. Ellos saben que su mamá debe trabajar y se portan muy bien", comenta mientras se instala con los chicos, dos niños rubios de grandes ojos cafés y enormes pestañas. Mucho más hermosa en persona que en la pantalla, poseedora de un estilo que revela su larga práctica del ballet clásico ("Me puse la malla a los 2 años", revela), Anna comenzó la charla hablándonos sobre su personaje, Anabel Cantú, en la telenovela Lo que es el amor . Anabel estuvo casada con un hombre golpeador quien, en el paroxismo de su neurosis, terminó suicidándose.

"Entre ellos hubo una historia de amor, tal vez difícil de comprender. Para dar un matiz más profundo al personaje, decidí adentrarme en esa relación, porque no quería que Anabel fuera solamente una víctima del marido. Yo no padecí esa situación, ni en la infancia. Por eso me acerqué a gente que la ha vivido".

Ciocchetti emprendió una investigación en centros de apoyo para mujeres golpeadas: "Acudí a muchas de las sesiones de los programas de autoayuda ?dice? y escuché las historias de las participantes. Me di cuenta de que es un problema tan serio como cualquier adicción".



?El teatro es como mi hogar?

Hija de una española y de un violonchelista italiano, quien para actuar en México se hacía llamar Franco Eti, Ana Ciochetti creció en Acapulco y más tarde se trasladó con su familia a Madrid.

De regreso a México, ya sabía que su meta era la actuación, sólo que sus padres le pidieron que cursara antes otra carrera para que tuviera más medios de desarrollo en al vida. Así, se inscribió en Comunicación en el Tecnológico de Monterrey, mientras continuaba con sus clases de danza.

Al cabo fue ésta lo que le permitió pisar los escenarios. Tras participar con éxito en varias audiciones para aspirantes a intervenir en comedias musicales, Anna se presentaba en una de ellas, Dulce Caridad (donde bailaba al lado de la argentina Christian Bach), cuando surgió una inesperada oportunidad: una de las actrices "que sí hablaba" se enfermó y, como Anna se sabía los parlamentos, entró al quite : "Cuando terminó esa función, otro actor (Sergio Kleiner) me dijo: ¿Qué pasó? ¿Te gustó? Le contesté: ¡Por supuesto que sí!. Y él respondió. Pues ya te amolaste, chiquita, porque ya no lo vas a poder dejar. En realidad así fue".

Entonces comenzaron sus clases de actuación. Aprendió a profundizar en sus personajes con los maestros Héctor Mendoza y Flora Dantus, grandes formadores de actores en nuestro país, y figuró en varias puestas del señor Mendoza. Tomó cursos de teoría teatral con José Luis Ibáñez y viajó a Vercelli, Italia, para estudiar historia del teatro: "Fue una experiencia muy emotiva, porque esa es una pequeña ciudad casi medieval, tranquila y con un ambiente extraordinario para el estudio y la apreciación del arte".

Anna había probado ya el modelaje con relativa facilidad gracias a su belleza y a sus 1.80 metros de estatura y 59 kilos de peso. Pese a ello, no lo tomaba muy en serio: "Siempre que debía elegir entre un casting o un ensayo; escogía este último. Ni hablar entre grabar un comercial o dar una función. A pesar de eso, el modelaje fue muy noble conmigo, siempre tuve ofertas de trabajo".

Cumplir los 27 años de edad significó un momento coyuntural en la vida de Anna. Luego de su matrimonio, dudó entre su carrera y la posibilidad de ser madre. Pero después ponderó: "Soy una mujer con muchas capacidades. ¿Por qué habría de sacrificar un aspecto de mi existencia en aras de otro?".

Ana dice que no teme encasillarse como actriz de televisión porque, si bien hasta la fecha había interpretado a villanas, todas han sido diferentes. En esta ocasión, ya no es la mala, pero tampoco la víctima, a pesar del drama que debió padecer su personaje.



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