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Argentina soñaba con entrar al barril

José Vales Corresponsal| El Universal
Domingo 30 de noviembre de 2014
Desde la década de los 70, el programa se transmite en Sudamérica, donde triunfó a pesar de mexicanismos

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Buenos Aires.— Vaya a saber que tarde de la segunda mitad de los 70 apareció por primera vez en las pantallas argentinas. Era en la mañana, en las horas que no todos los chicos podían plantarse frente al televisor.

El Chavo y su pandilla, habían reemplazado a Plaza Sésamo antes de la emisión de El Zorro. Al principio costaba entender algunos mexicanismos pero cuando nos acostumbramos nos hicimos amigos y nunca más nos separamos.

Todos soñaban con hacer enojar a Don Ramón, tener una amiga como la Chilindrina y vivir en un barril para protegerse de la dura realidad.

Desde entonces el programa nunca se dejó de emitir. Nos hicimos fanáticos de El Chapulín Colorado y de cada uno de sus personajes hasta que el viernes llegó la noticia de su muerte. Así fue aquí en Argentina, un país que siente devoción por los divertidos personajes de Roberto Gómez Bolaños.

En portugués. Pero también lo es un país mucho más difícil de triunfar aún, como lo es Brasil. Allí la emisión de El Chavo es infaltable en las mañanas de la Cadena Globo desde hace más de 35 años. Sus frases, sus gestos, su simplicidad para hacer reír, su genialidad como guionista y la habilidad para elegir a los personajes y a sus compañeros de elenco, llevaron a que Chespirito, El Chavo y el Chapulín, fuese lo que es y será siempre, personaje universal.

Ayer la televisión argentina y la de Brasil no dejaron de emitir pasajes de los programas y entrevistas a artistas locales que lo despedían conmovidos. Uno de ellos, el humorista Diego Capusotto, dijo: “Era, simplemente un genio, tenía una facilidad enorme para hacerlo todo muy simple y hacerte reír sin vueltas. Nos va a hacer mucha falta”.

Todo parece indicar que no alcanza el dolor que llega desde el Estadio Azteca. Atraviesa a todo América Latina para llegar hasta Ushuaia. Todo porque dicen que se murió el mejor de la pandilla, que nos dejó un poco más solos. Pero por aquí, nadie lo quiere creer.

Los ídolos y además niños, no mueren jamás. Seguirán allí, jugando en el vecindario de nuestros corazones.



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