El cineasta que quiere dar masajes al corazón

GANADOR. Obtuvo en 2001 un premio de la Sociedad de Directores de EU. (Foto: ROBERTO ARMOCIDA EL UNIVERSAL )
cesar.huerta@eluniversal.com.mx
Quién es ese director mexicano que ha logrado convencer a Wes Bentley, el protagonista de Belleza americana, para trabajar con él? ¿Quién hizo esperar un día a Sonia Braga en un restaurante sin que ella se enojara? ¿Cómo se llama el cineasta cuya primera película recorrió más de cien países? ¿Cómo se apellida el hombre de 42 años cuya más reciente cinta cuenta con el apoyo del ganador de un Oscar y del grupo italiano sensación Il Volo?
Se llama José Manuel Ochoa Bojórquez, aunque para los amigos del medio, es simplemente Pepe Bojórquez. Así le gusta que le digan.
Ahora mismo se encuentra a una semanas de estrenar Luna escondida, que cuenta con la actuación protagónica de Bentley, pero también de la estadounidense Linda Gray (quien asegura se parece a su mamá) y de los mexicanos Ana Serradilla y Osvaldo de León. La cinta es una historia de amor, hablada en español e inglés, que fue tomada por Universal, para su estreno el 23 de noviembre, y cuenta con ofertas en EU.
“Ha pasado eso, porque es un cine que inspira”, considera Bojórquez.
Teatrero de niño
A los 7 años, Pepe montaba obras de teatro con muñecos, en el escenario que le había construído su papá.
Convencía a sus primos y hermanos a que le ayudaran a contar adaptaciones de La bella durmiente o representaciones de canciones como “El burrito tabanero”. A los 10 años su papá le regaló una cámara de video y con ella casi siempre sacó la máxima calificación en la escuela al entregar tareas con imágenes y audio.
Decidió estudiar cine y buscó uno de los 40 lugares que ofrecía la Universidad del Sur de California, en donde gente como Steven Spielberg y Edward Zwick dan clases. Su aceptación en la escuela, comenta, se debió a que deseaba contar historias de amor y no de migrantes. “Me preguntaron por qué y dije que ése no era el México que me había tocado ver, pero que deseaba contar historias de amor real, no con melcocha, pero que dieran un masaje al corazón”, dice.
Quizá esta idea viene, dice, de la primera vez que fue a ver Castillo de hielo, en el que una mujer invidente se convertía en patinadora. Así, con esa filosofía, creó Mar de sueños, su ópera prima con la Braga, quien se mostró interesada incluso yendo a caminar mientras nevaba en Nueva York un día después de la fecha pactada.





