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Cosío: diablillo desde chiquillo

César Huerta| El Universal
Viernes 11 de noviembre de 2011
Coso: diablillo desde chiquillo

. (Foto: CORTESÍA VIDEOCINE )

En el filme pastorela hace de Satanás; cuenta que desde niño era travieso

cesar.huerta@eluniversal.com.mx

Cuando era niño y vivía la Navidad, Joaquín Cosío era travieso, escondía juguetes ajenos para quedarse con ellos y en una ocasión estuvo a punto de actuar como pastorcito, en una de las tradiciones puestas en escena de la época.

Ahora regresa a la pantalla grande justamente con la cinta Pastorela, en la cual encarna al agente judicial Jesús, quien echa mano de todas las mañas aprendidas en la corporación de la policía judicial de la Ciudad de México, para representar al Diablo en una de esas representaciones navideñas.

Es una comedia dirigida por Emilio Portes donde es acompañado por Ana Serradilla, como una monja que sostiene relaciones con un religioso; Carlos Cobos, en el papel de padre, y Eduardo España, como el que le quita el papel a Jesús.

¿Cuál ha sido la maldad más grande que llegó a hacer en Navidad?

¡Ocultarle un juguete a un primo! A mí me regalaban, como éramos una familia pobre, calzones y calcetines, y a un primo le regalaron un camión Tonka, entonces lo oculté para hacerlo perdidizo y quedarme con él. Claro, cuando mis hermanas se enteraron lo regresaron y me regañaron (risas).

¿Qué recuerdas de las pastorelas?

Es una fiesta tradicional, sabiendo que era una estrategia colonizadora de los sacerdotes. Estuve a punto de hacer una cuando era más joven, me invitaron a hacer de pastorcito, estaba muy chico y creo que aún no tenía esta cara de maleante (risas).

El público te quiere a pesar de haber hecho a un narco...

Mis personajes no han sido el estereotipo del caracter de conflicto, sino que están entre el camino bueno y malo. En Pastorela soy un tipo rudo, un judicial en ambiente turbio, pero lo que quiere es recuperar el papel que ha perdido: tiene vocación actoral.

¿Cuál ha sido el detalle más bonito que ha recibido de la gente?

Varios. Por ejemplo, me subo al pesero y el chofer me dice que cómo le va a cobrar a “Mascarita”; o una vez en el aeropuerto cuando iba a pagar un agua, el dependiente me la regaló. La gente se ha encariñado mucho con el “Cochiloco”, algo que es particular, porque no deja de ser un sanguinario.

Ahora viste de diablo ¿apretaba el disfraz?

Me quedaba a la medida. Es más, bajé de peso para entrar en él. ¡Con el estómago vigoroso del “Cochiloco” no habría podido! (risas).

¿Se ha perdido piso con tanto éxito?

Hay dos factores para no perder piso: uno que soy un actor mayor (comenzó a los 38 años en cine) y otro, que peso 115 kilos, entonces ni cómo abandonar el piso, no puedo levantarme ni un centímetro de la tierra (risas).

¿Ya estás listo para la precuela del filme “Matando Cabos”?

Va para 2012. Lo que ahora hago es la tercera temporada de “KDabra”, en Colombia. Y en diciembre seré el narrador, en vivo, de un cuento acompañado de la Filarmónica de la Ciudad de México.



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