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Un Marcelino "energético"

César Huerta| El Universal
Jueves 16 de diciembre de 2010
Un Marcelino

SUEÑO. Mark quiere ser actor y científico. (Foto: FOTOS CORESÍA LOBFILMS )

Hoy se estrena Marcelino, pan y vino, el remake de un filme que hizo época en México. En él debuta Mark Hernández como el niño protagonista de la historia

cesar.huerta@eluniversal.com.mx

Alguna memoria avispada podría recordarlo en comerciales de pañales para bebé, jabones o zapatos, pero hace casi un año logró sobresalir entre un casting de 500 niños para convertirse en el protagonista de Marcelino, pan y vino, versión 2010, que se estrena hoy en cines.

Su nombre es Mark Hernández Mosqueda y tiene 6 años. Le encantan el inglés, las matemáticas y una de sus maestras, quien lo hace suspirar. De adulto quiere seguir siendo actor y si puede, trabajar como científico, porque desea ver cosas con un microscopio.

Juega con el X-Box con su primo; también a ser Ben 10, ese personaje de caricatura que puede convertise en cualquier cosa, y, cada que puede, se siente Guillermo Ochoa, el portero del América, su equipo favorito.

“Y soy muy energético, cuando hice la película, jamás sentí frío. Me gustaba actuar y platicar con todos, lo único que no me gustaba era comer la sopa de almejas que hacían… ¡porque era de almejas!”, recuerda el niño actor.

Mark interpreta el mismo papel que hace 55 años encarnó el pequeño español Pablito Calvo, quien de la noche a la mañana se convirtió en niño prodigio en España, México y varios países de América Latina.

Como aquel, en el filme es un pequeño abandonado en las puertas de un monasterio y cuidado por los religiosos del lugar. La diferencia, el contexto: la versión moderna se ubica en la Revolución mexicana; además de que la muerte y Marcelino tienen más contacto.

“Con José Luis (Gutiérrez, el director) me gusta estar, decía que jugara. Cuando en la película me muerde una víbora, sólo me dijo que gritara fuerte ¡y lo hice!”, cuenta Mark.

A veces las indicaciones se hacían entre ellos mismos, cuenta Alejandro Tommasi (Sobrenatural), quien encarna a Fray Guardián, la autoridad máxima del monasterio,.

“Si estábamos en una escena en la mesa, yo sólo arqueaba una ceja a Mark para que viera que debía estar tranquilo. Hubo un momento en que de plano se integró muy padre con todos nosotros”, comenta el reconocido actor.

Pero a fin de cuentas Mark es un niño. Sus ojos verdes se abren más cuando narra sus escenas con Juliana, una ranita que aparece en el filme. “¡Eran como seis Julianas!. Yo les decía Juliana uno, Juliana dos, Juliana tres y así, pero con la que me llevaba mejor era con Juliana Uno, ¡era bien brincadora!”, comenta.

“También me gustaba mucho jugar churritos con los tirantes de mi ropa, se doblaban y yo trataba de que no se hicieran así”, recuerda.

Mientras toda la producción podía estar agotada por la jornada, él estaba como si nada.

“¡Y así era!”, señala el director Gutiérrez (Todos los días son tuyos). “Tenía una fuerza impresionante, nunca dio lata, nunca dijo: estoy cansado. Pero nosotros, junto con el delegado de la ANDA (Asociación Nacional de Actores) cuidábamos que tuviera sus horas de descanso, pero siempre estaba listo”.

 

Historia fuerte

Quien crea que el poner a Marcelino cerca de un soldado recién fusilado es una escena fuerte puede estar en un error. Todo depende de la forma en que es presentado.

Gutiérrez Arias, director y escritor de la nueva versión, explica las razones de poner al protagonista de cara con la muerte, algo que en la película de los años 50 se insinuaba.

“Si el contexto es una guerra civil, como fue la Revolución, es que los niños veían cosas espantosas en la vida real, como gente colgada en los árboles. Cuidamos mucho de no extralimitarnos, pero tampoco podíamos dejar una historia ñoña o blandengue.

“Son seres humanos que están al límite de saber que un día van a morir, y Marcelino empieza además a obsesionarse con la idea de ir con su madre, asumiendo que ella está en el cielo. Para los niños no hay medias tintas, algo es bonito o feo, para el personaje, morir es parte para poder ver a su mamá”.

Marcelino, pan y vino, que tuvo un costo de 30 millones de pesos, se rodó en locaciones de Tlachaloya, Estado de México. La única petición de los herederos del autor original (José María Sánchez-Silva) es que se respetara la anécdota principal.

“Tuve completa libertad para hacer una historia con la que me sintiera bien, por ejemplo, en ningún momento me dijeron que cambiara algo a los frailes, de hecho, respetamos los nombres originales, aunque con cambios para hacerlos más realistas.

 

En el elenco se encuentran Jorge Lavat (El estudiante), Guillermo Larrea (Rito terminal) y Gastón Peterson (Bajo la sal), como sacerdotes, y Teresa Ruiz (Bienvenido paisano) en el rol de una mujer revolucionaria.

 

 



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