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El Medio Oriente moderno

Camila Pastor de María y Campos| El Universal
00:10Domingo 15 de febrero de 2015
El presidente de Egipto, Gamal Abdel Nasser, flanqueado a su izquierda por el lder de la Organizaci

LÍDERES. El presidente de Egipto, Gamal Abdel Nasser, flanqueado a su izquierda por el líder de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Yasser Arafat, y a su derecha el rey de Arabia Saudita, Faisal al Saud. En el extremo derecho, el jeque de Kuwait, Sabah Al as-salim, en El Cairo en 1970. (Foto: EFE / ARCHIVO )

EL UNIVERSAL ofrece una síntesis de la transcripción de la séptima conferencia del 4o Diplomado en Historia Universal de la Academia Mexicana de la Historia

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¿Por qué Medio Oriente nos parece una región tan lejana, ajena y desconocida? Los medios de comunicación nos ofrecen la imagen de un espacio que tiene lazos con un pasado muy remoto y que vive un presente lleno de violencia. ¿Cómo entender estas dos narrativas? Una que mira a la región como el punto de origen de mucho de lo que conocemos (tradiciones, religiones, civilizaciones) y otra que nos habla de guerras y violencia cotidiana. Para entender el presente hay que hacer una historia de la región, la cual tiene un quiebre muy importante en los siglos XIX y XX, cuando el Medio Oriente comienza a transformarse profundamente junto con el resto del mundo. Debemos situar a la región en el contexto de una historia global.

El Medio Oriente formó parte de uno de los grandes imperios de la modernidad temprana, el Imperio Otomano, contemporáneo de otros imperios -el Qing en China, el Imperio Ruso y la Corona de España- que funcionaban de forma muy similar.

Fue una enorme unidad política que comenzó en el centro de Anatolia; de ese pequeño núcleo, que se estableció cerca del año 1300, se extendió un gran sistema de administración. Para 1566, ya existía y funcionaba bajo un mando político unificado y con una tradición administrativa producto del cruce entre la tradición Mediterránea del Imperio Bizantino y la Aqueménida persa, con una jurisprudencia heredada del derecho romano. El islam juega un papel importante, siendo la religión de los gobernantes y las élites, pero las poblaciones cristianas y judías del imperio viven bajo protección oficial, como enclaves autónomos. El imperio Otomano existió a partir del siglo VI y no cae, no es desmembrado, sino hasta después de la Primera Guerra Mundial.

El Medio Oriente moderno surge del Imperio Otomano. A fines del siglo XVIII y principios del XIX, una gran transformación afectó de manera muy importante a este conjunto de imperios. Un gran cambio en el equilibrio del poder acabó con su diversidad lingüística y religiosa. El siglo XIX es el siglo de la industrialización y de la expansión de una nueva forma política -el Estado-nación-. Para mediados del siglo XIX las primeras zonas industriales comenzaban a consolidarse en Europa Occidental. Eran muy pocas, estaban fragmentadas, pero fueron el origen del impulso que llevaba a los nuevos Estados a pelear entre ellos por mercados para su producción y por espacios de donde extraer recursos para alimentar esa industria. Las nuevas unidades políticas que se presentaban como naciones, pero que aspiraban a ser imperios, deseaban repartirse los territorios y los recursos de los grandes imperios modernos tempranos...

Los espacios en los que emerge esa transformación industrial no son el corazón de los grandes imperios, son zonas que hasta ese momento habían sido relativamente marginales. Hasta que se da, en el tránsito entre el siglo XVIII y la primera mitad del XIX, este cambio en el equilibrio de fuerzas. Esa industrialización tiene como una de sus industrias la de la guerra. ¿Qué comienza a pasar en aquellas zonas que habían sido hasta entonces las grandes unidades políticas durante cientos de años desde el siglo XVI? Las nuevas naciones con aspiraciones imperiales, especialmente Francia, Gran Bretaña y Japón, comienzan a extenderse para tener privilegios comerciarles o extraer recursos. Para 1914 a través de este proceso de repartición en zonas de influencia o en territorios directamente administrados como colonias, estas nuevas jóvenes potencias se han distribuido la mayor parte del mundo. ¿Qué consecuencias tiene esto? Entre otras, nuevos patrones de movilidad humana. Al ser integradas a estas nuevas fronteras imperiales, las poblaciones se redistribuyen. El Imperio Otomano no formará aún parte de esa movilidad, pues hasta el final de la Gran Guerra el Imperio Otomano hizo muy bien su trabajo para no convertirse en una zona de influencia o en una nueva colonia de estas naciones industriales.

 

Una consecuencia del reparto colonial

A lo largo del siglo XIX, el imperio Otomano perdió gran parte de su territorio; comenzó a fragmentarse a través de guerras de secesión nacionalistas. Estos movimientos fueron apoyados y financiados por imperios rivales, principalmente el Imperio ruso. Algunas de las principales provincias del imperio comenzaron a independizarse de manera parcial, o a hacer demandas de autonomía. Es el caso de lo que ahora son Grecia, Egipto y Arabia Saudita. Para evitar convertirse en colonias y zonas de influencia europeas, tanto el Imperio como las provincias autónomas llevaron a cabo un vasto programa de reorganización política, económica y social conocido en el contexto otomano como el Tanzimat. Un conjunto de reformas que llevaron a cabo los hombres ilustrados del imperio, que buscaban modernizarlo, para que sea partícipe de esta nueva economía global que se va tejiendo, pero también de una nueva modernidad política que se va consolidando. Cuando comienza el siglo XX, para cuando sucede la Gran Guerra y las nuevas naciones imperiales industriales se han repartido el mundo, el Imperio Otomano ha pasado ya por un proceso muy largo de transformación, por muchas décadas de modernidad otomana.

Para 1914 lo único que queda como unidad política es el corazón del imperio: Anatolia, con Estambul como su capital, y las provincias árabes del imperio, que después de muchos avatares pasarían a ser lo que ahora conocemos como los Estados del Medio Oriente: Líbano, Siria, Irak, Palestina-Israel y, en el golfo, Arabia Saudita, Kuwait, Qatar y los Emiratos

Estamos acostumbrados a ver la Gran Guerra como una guerra europea, pero al acercarnos al proceso histórico lo que resalta es que fue profundamente mundial. En Medio Oriente se pelea de una forma muy particular. En Egipto, y en lo que hoy es Arabia Saudita, los gobernadores otomanos se levantaron contra el imperio Otomano buscando consolidar su autonomía regional. Por ejemplo, el último gobernador otomano de La Meca, el sharif -es decir, el ‘descendiente del profeta'- Husein, negocia con los británicos, principalmente a través de la figura legendaria de Lawrence de Arabia, para pelear contra los otomanos. Esto le conviene a Gran Bretaña porque están debilitando a uno de sus contrincantes en el contexto de la Gran Guerra y le conviene a la familia Hashemita del Sharif Husein, porque el trato es: "Yo me levanto contra el imperio, eso te favorece; tú me entregas al finalizar la guerra las provincias árabes del imperio para que sean gobernadas por mis dos hijos y yo como un reino árabe". Eso, sin embargo, no sucede. No sucede porque la Gran Guerra es de tal magnitud que se presta a una gran cantidad de negociaciones. Al tiempo que negociaban con la familia Hashemita, los británicos negociaban también con Francia para repartirse entre la región ambos países, en función de sus zonas de interés y de influencia. La gran consecuencia de la guerra para la región es que las potencias que se reparten el territorio borran al Imperio otomano del mapa. Esta gran unidad política que había unificado toda la diversidad de la región durante 400 años dejó de existir de un día para otro.

Son muchas las consecuencias de esto. En Anatolia, un hombre llamado Mustafa Kemal, también conocido como Ataturk, el Padre de los Turcos, que fuera integrante de los Jóvenes Turcos, resolverá el problema a su manera. Gesta una guerra de guerrillas, principalmente en contra de los británicos, hasta que Anatolia, lo que hoy día conocemos como Turquía, cuenta con un sistema constitucional y secular. ¿Qué pasa con el resto del Imperio otomano? Pasa lo que se conoce como los Mandatos. Éstos son una condición política muy particular. Se trata de la concesión, por parte de la Sociedad de Naciones, a las naciones industrializadas imperiales más importantes, Francia y Gran Bretaña, de ciertos territorios en un momento en que el colonialismo ya no es parte de las reglas del juego histórico.

 

El periodo entre guerras

Los Mandatos van a ser la forma política de gobierno en todas las antiguas provincias árabes del Imperio Otomano, durante el período de entreguerras. Los Mandatos cancelan muchas posibilidades en términos políticos y sociales para estas sociedades. Es en este momento que Francia y Gran Bretaña toman control colonial del Medio Oriente, realidad que no concluye según algunos especialistas sino hasta las revueltas de 2011, 2012 y 2013. Ellas marcan el fin del período de descolonización, porque es hasta este momento que se empiezan a vislumbrar alternativas políticas reales.

La Sociedad de Naciones considera que los Mandatos constituyen tutelas, debido a que Francia y Gran Bretaña preparan a las poblaciones para su independencia, pero no se dice cuándo. Por esta razón, el periodo mandatario está marcado por un sinnúmero de revueltas; es un momento en el que Francia, que administra Siria y Líbano, y Gran Bretaña, que administra Irak y Palestina, legitiman su administración año con año en sus reportes a la Sociedad de Naciones, pero la población se levanta una y otra vez en su contra. Así, sucederá la Gran Revuelta Siria, 1924 a 1926, que no será detenida sino a través de castigos muy severos impuestos por la administración francesa. Es durante el periodo mandatario que se gestan los Estados que existen hoy. Es un periodo de constante violencia y de constante guerra civil, pero no es una violencia inexplicable: es una violencia anticolonial y colonial al mismo tiempo. El Estado se impone y es en este contexto que sucede la transición hacia el mundo de Estados, que tiene como marcador importante la declaración de independencia de Israel en 1948.

¿Qué sucede, cómo se establece este Estado y cómo se establece su legitimidad en la zona? Su legitimidad tiene mucho que ver con la Segunda Guerra Mundial y con el proceso de inconcebible violencia a la que somete Europa a su población judía. Israel nace peleando su independencia en contra de la Gran Bretaña.

Es así como comienza a definirse y dividirse el espacio internacional después de la Segunda Guerra Mundial. Después de 1946 emergen, por un lado, Estados Unidos y la Europa que es rescatada con el Plan Marshall. Este será el "Primer Mundo" capitalista, el modelo para todos. Por el otro, tenemos el "Segundo Mundo", con un proyecto socialista liderado por la Unión Soviética; con la presencia importantísima de la China comunista. Por su parte, el horizonte internacional es un conglomerado de Estados independientes, muchos de ellos con fronteras artificiales producto de su experiencia administrativa colonial.

Hay una serie de proyectos por parte del Primer Mundo y del Segundo de exportar sus modelos de modernización al resto del orbe y toda una serie de negociaciones para alinearse con un bloque o con el otro. Así se van conformando importantes liderazgos dentro del Tercer Mundo que proponen otra alternativa: no alinearse. Este es el caso de Egipto. Egipto, desde 1830 se ha independizado del imperio Otomano, pero ha pasado por una revolución popular-militar, parecida en algunos rasgos al movimiento de los Jóvenes Turcos, y de ese grupo emerge como líder Gamal Abdel Nasser, este hombre carismático que propone una restructuración del Estado pero éste en función de un proyecto panárabe: una unificación de todas las personas que son hablantes de árabe. Nasser se convierte en ese gran líder que está a la cabeza de un extenso mundo árabe independiente, en donde Egipto es el país demográficamente más importante de la región con más de 80 millones de personas.

Otro espacio de gran importancia es Irán. Si bien este territorio no formaba parte del Imperio Otomano, era su vecino. Un vecino poderoso con una historia imperial muy larga. Su proceso de modernización inició con el descubrimiento del petróleo a principios del siglo XX. Es entonces cuando Gran Bretaña consolida su zona de influencia en Irán.

En Irán pasa algo muy parecido a lo que pasa en Turquía. En 1911, se establece un Estado laico de profunda reforma y modernización a la sociedad en sus instituciones de justicia, educación y producción. Este proyecto secularizante es tan agresivo, poderoso y excluyente en términos políticos y económicos que dio origen a la revolución de 1979. Una revolución de coaliciones secuestrada por quienes tenían un lenguaje común comprensible para todos: los clérigos.

Lo que es importante recordar es que el Medio Oriente no es algo "lejano ni excepcional", sino que la región está integrada al resto del mundo. Lo que sucede ahí no está aislado, no es producto de una extraña e inmóvil historia local, ni de una falta de historia, sino que es producto de su integración a la globalidad y a sus diferentes coyunturas. El mundo musulmán lo componen 1.3 billones de personas, más del 20% son árabes; pero la gran mayoría de ellos, el 80%, están asentados en regiones fuera del Medio Oriente, región que ha transitado por un proceso histórico muy complejo que llega hasta nuestros días y que sigue abierto y en constante transformación.   



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