Los medios italianos, acorralados y bajo presión

PODER. Berlusconi, en la Plaza Venecia de Roma. El ex premier controla el canal Mediaset. (Foto: ARCHIVO EFE )
ROMA.— Silvio Berlusconi ha explotado su imperio mediático durante 20 años para impulsar su carrera política y es considerado como la mayor amenaza para la libertad de prensa y el pluralismo en Italia. Pero el notorio conflicto de intereses que rodea al tres veces ex primer ministro no es el único problema que enfrentan los medios italianos.
Berlusconi controla el canal Mediaset TV y dos periódicos nacionales conocidos por difamar a los rivales políticos de su dueño. Su familia también participa en la producción y distribución de películas, en editoriales y servicios financieros.
El Índice de Libertad de Expresión de Reporteros Sin Fronteras 2013 sitúa a Italia en el puesto 57 de 179 y apunta que los periodistas del país mediterráneo tienen que enfrentarse a la intimidación de la mafia, draconianas leyes de difamación, pobres estándares de libertad de información e interferencias políticas.
“En Italia la libertad de prensa no existe. Todos los diarios pertenecen a poderosos grupos empresariales que los utilizan no para vender ejemplares sino para atacar o defenderse”, dijo recientemente el ex primer ministro Massimo D’Alema.
El periódico centrista Corriere della Sera, el más prestigioso del país, está controlado por un consorcio de industrias, bancos, inmobiliarias, empresas de atención sanitaria y aseguradoras lideradas por el fabricante de automóviles Fiat, que además es propietario del diario de Turín La Stampa.
“Piensen en Fiat. Está cerrando todas sus fábricas en Italia y nadie escribe sobre ello porque controlan La Stampa y el Corriere della Sera“, afirmó D’Alema durante un mitin de su formación de centroizquierda, el Partido Demócrata.
En medio de la recesión, la automotriz ha rebajado su producción doméstica, concentrándose en su subsidiaria estadounidense Chrysler y en las fábricas más baratas de Polonia, Serbia y Latinoamérica. Se queja además de que los sindicatos italianos están obstaculizando sus operaciones nacionales.
La Reppublica, el otro gran diario italiano que se identifica con la centroizquierda, pertenece a Carlo De Benedetti, un rival histórico de Berlusconi con amplios intereses en los sectores energético, sanitario y de componentes automovilísticos.
“No hay manos limpias”
Otras importantes publicaciones italianas pertenecen a la patronal Cofindustria, a empresarios del sector inmobiliario como Francesco Gaetano Caltagirone o a empresas privadas del sector sanitario como el grupo Angelucci.
“No hay ‘manos limpias’ en el periodismo. Es siempre y en cualquier lugar una profesión comprometida”, afirman en un libro sobre política y medios italianos Ferdinando Giugliano y John Lloyd, dos periodistas residentes en Reino Unido. Según ellos, además de las distorsiones provocadas por Berlusconi, el periodismo italiano siempre ha sido partidista y escaso en “análisis, periodismo de investigación e información imparcial”.
“No es que los periodistas italianos no puedan hacer ese tipo de periodismo, de hecho algunos lo hacen. Pero a menudo los editores y propietarios quieren un periodismo que encaje con moldes ideológicos preexistentes”, aseguran Giugliano y Lloyd.
Para D’Alema, los periódicos italianos son “aceptables” cuando el promedio de “mentiras” que publican “está por debajo del 70%”. “Pero normalmente está por encima, muy por encima, así que evito leerlos”, agregó.
Sus comentarios fueron recogidos por Il Fatto Quotidiano, un diario que afirma orgulloso no depender de ningún poder político ni económico, pero del que se asegura que tiene simpatías por el Movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo. El portavoz de D’Alema no desmintió las críticas a los medios e insistió en que fue “un relato parcial, a veces distorsionado y forzado” el que hizo sonar sus palabras como “gratuitas y excesivamente polémicas”.





