El bat que quebró su carrera
Como aquel bat que se rompió y en el que apareció corcho en el juego del 3 de junio de 2003 contra Tampa Bay, así se resquebrajó la carrera del dominicano Sammy Sosa, cuando jugaba para los Cachorros de Chicago. A partir de aquel incidente, Sammy Sosa ya no fue el mismo. Su imponente fortaleza física, su poderío con la majagua y su velocidad para patrullar los jardines, eran los pilares que lo sostenían en el pedestal de la gloria. Y en un santiamén se derrumbaron y la caída de Sammy Sosa fue catastrófica. El gladiador del diamante perdió credibilidad. Fue satanizado. Fue abucheado por los aficionados, quienes alguna vez lo aplaudieron de forma estruendosa. Incluso, fueron sometidos a Rayos X los bates con los que cinceló sus proezas y que descansan en los escaparates del Salón de la Fama en Cooperstown, Nueva York. No aceptaron la disculpa y el error del pelotero dominicano de utilizar un bat relleno de corcho, del que se supone hace volar más la esférica. "Me equivoqué, es un bate que utilizo en las prácticas de bateo para dar un espectáculo a los fanáticos", señaló en aquella ocasión Sosa, quien fue suspendido ocho partidos. Sin embargo, el cañonero quisqueyano se devaluó, al grado de que se quedó sin jugar la temporada de 2006 por el casi nulo interés de los equipos, salvo los Nacionales de Washington, que le ofrecieron un contrato de Ligas Menores por ¡medio millón de dólares!, cuando él llegó a firmar un jugoso convenio con los Cachorros por 72 millones de dólares por cuatro campañas. Sammy Sosa se sintió herido en su orgullo. Humillado. "No soy un pelotero de 500 mil dólares", se lamentó esa vez. Finalmente, Sosa optó por descansar aquella temporada de 2006, y aprovechar para recuperarse de las lesiones, y olvidarse de las acusaciones sobre esteroides que sobre él hizo el cubano José Canseco en su libro Esteroides en el beisbol. Y regresó en la temporada de 2007, luego de que los Rangers de Texas, equipo en el que debutó en las Grandes Ligas en 1989, le brindó la oportunidad de volver a los diamantes. En lo que va de la campaña, Sosa lleva siete jonrones y acumula 595, a cinco de alcanzar los 600 y convertirse en el quinto jugador en la historia en ingresar al selecto club de peloteros con 600 ó más cuadrangulares. Está cercano de emular la hazaña de peloteros como Hank Aaron (755), Barry Bonds (745), Babe Ruth (714) y Willie Mays (660). Sosa viene dispuesto a conectar no sólo los cinco jonrones que le faltan para alcanzar la cifra mágica sino más de 100 en las tres temporadas que aún espera jugar en las Mayores. "Decidí volver este año, porque estoy consciente de que aún tengo el potencial", comentó al arranque de campaña el dominicano. Y sí. Se espera el resurgimiento de Sosa, quien espera revivir glorias pasadas, como aquella batalla de jonrones en 1998 que sostuvo contra Mark McGwire, en la que ambos pulverizaron el récord de 61 jonrones en una temporada, en poder de Roger Maris desde 1961.





