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Con la muerte entre los puños

Francisco Ortiz Velázquez/Enviado| El Universal
Jueves 21 de febrero de 2002
La pelea contra Alacrán Torres y la vida de Olivares inspiraron un corrido, la misma noche de farra en que él y aquel ilustre compositor se conocieron, en un bar de Los Ángeles

Llegó a ser campeón del mundo, no había quien se le enfrentara/hasta que llegó un valiente y peleó en Guadalajara...

José Alfredo Jiménez TIJUANA, BC. Rubén Olivares acaba de cumplir 55 años, el pasado 14 de enero.

Él está feliz.

Gracias a Dios, porque me ha permitido llegar a esta edad. Me siento muy bien, el cuero se me levanta diario. Me siento bien. Diario hago sexo y todo. Eso es fabuloso a mi edad.

Y explotan sus carcajadas.

¿Ni una cana?

Si, algunas, pero no me las pinto. Me echo brillantina sólida y ya.

Añade que el 18 de enero cumplió años de casado.

Con mi señora Elba... Ya se me olvidó cuantos; como 30 años. O más. Mi primera esposa se llamó Chela...

Actualmente el ex campeón está enamorado. Pero de una ciudad. Un lugar que considera fabuloso en el mundo: Canastota, Nueva York, donde está el Salón de la Fama del boxeo.

Por eso le puso así a su sala de entrenamientos en el patio trasero de La Cabaña: gimnasio "Canastota".

Es un sueño, una cosa preciosa. De fantasía. Ver a todos los viejos juntos: Joe Frazier, Muhammad Alí, George Foreman, Billy Backus. Cuando se termina la fiesta y uno aborda el avión para volver a México, el encanto se acaba: "chin: de regreso a la realidad". Me gustaría vivir ahí, en Canastota.

Ya vives ahí, en el Salón de la Fama, desde 1991.

Pero quisiera vivir físicamente, en Canastota, la gente es bien bonita. El día de la pelea entre Layla Alí y la hija de Frazier ondeaba la bandera de México. Fue cuando Ultiminio Ramos ingresó al Salón de la Fama, el año pasado. Me dijeron: "Pusimos la bandera de su país por usted, Rubén, y por Ultiminio". Fox debería ir a este tipo de lugares para que se de cuenta del amor por nuestro país, para que abra los ojos...

¿Recuerdas la primera vez que escuchaste el himno nacional y viste agitar nuestro lábaro fuera de México?

Fue en mi pelea por el título mundial contra Lionel Rose, en Los Angeles.... ¡Híjole!, las púas no se me paraban, sino se me enchinaban...

Surge otro relato: Una vez en Japón, Kazuyoshi Kanazawa me estaba dando una chinga; antes de la pelea tuve problemas de peso. Entonces, los de la porra que fueron desde México se pusieron a cantar el himno nacional en las tribunas. Entre ellos iba mi hermano Daniel, que siempre me recuerda eso. Y agarré tanta fuerza que gané por nocaut en el round número 14.



***

Desde las paredes de la "Cabaña del Púas ", decenas de fotografías en continúan hablando de sus múltiples ayeres. Y se desgranan más historias.

Hay una foto del equipo de futbol de los boxeadores, antes de un partido en el estadio Azteca. Lo acompañan Carlos Rivas, José Copetón Jiménez, José Medina, Rodolfo Martínez, Mario Manrrique, Enrique García, Lupe Ramírez, Manolete Hernández, Eliecer Márquez, Tony Torres, Pinocho Gutiérrez, Martín Sánchez, Ratón Macías, Chino Vera, Julio Guerrero, Francisco Reyes y Octavio Famoso Gómez. Casi todo el elenco de una película que se filmó en esa época: "Nosotros los Feos".

Rubén aparece con el cabello largo, tanto que casi no se reconoce.

Huuuy, que ni me hubiera visto así mi padre, con el pelo largo. No le gustaba. Me decía: "¡Orale, a pelarse cabrón, como la gente decente!", incluso me regañaba ya siendo campeón del mundo.

Don Salomón Olivares lo traía "a raya": Vivió mi época como campeón del mundo. Tiró mucha lana y se lanzó a la milonga . Tomaba mucho. Un día me dijo que quería una pulquería. Y se la compré, en La Bondojo. Se llamaba "El Triunfo". Luego compramos terrenos y construyó unas vecindades. Y ahí puso su pulquería. El viejo era bien canijo. Un día mi mamá, Esperanza, se quejó conmigo: "Hijo, tu papá tiene dos meses que nos se aparece. Ve y búscalo". Yo ya sabía donde estaba: en su piquera. Arriba tenía su departamento chingón, con puras muchachitas de 16, 18 años. ¡Hijo de su...!

Su padre, dice Rubén, aparecía entonces como todo un sultán, con harem incluido: Llegaba a mi vecindad, me metía a su departamento, bien bonito, y ahí estaba con un montón de chavitas: una en la cocina, otra dándole de comer... Y, abajo, su negocio de la pulquería y sus cuartos de renta.

Falleció don Salomón, pero sus giros continúan.

Los administran mis hermanas, Emma y Margarita. Son mayores que yo. Cuando tuve dinero les compré sus casas y aparte se quedaron con lo de mi papá. Sus novios se las robaron y cuando fui a ver cómo vivían, híjole, qué feo: sus hijos todos mugrosos, mal atendidos. Entonces les di todo lo que pude. Mis sobrinos estaban chiquitos y yo les decía a mis carnalas: "dénles bien de comer, nútranlos, que no anden mocosos, vístanlos bien". Siempre vi por ellos. Hoy algunos son hasta Ministerio Público.

Pasó su infancia Rubén en la vecindad marcada con el número 5216 de la calle Norte 58 "A", colonia Tablas de San Agustín o Bondojito. "Luego compré la vecindad de al lado, la 5222. Y mi casa, juntito".

De esa vecindad recuerda días de trabajo y sacrificios: Puro trabajar. Desde niño me enseñé a tallar la madera. Hacía y vendía combustibles y comencé a pegarle al costal por primera vez. Luego me fui a los baños Jordán a entrenar. En esa vecindad tuve mis primeros amores. Mi papá rentaba cuartos, eran como 20, con una camita, su burocito, su espejito y afuera los baños. Los alquilaba a cinco pesos diarios, el viejo. Luego me dio un cuarto para poner mi taller de tallado de madera...

... Teníamos también una tortillería. Me quedaba a dormir en el molino de nixtamal para que temprano, a las 5 de la mañana, el Chocolate Barrera, un ex boxeador, subiera el switch y comenzara a moler. Con la primera masa limpia que salía del molino hacía una maleta de 15 kilos, me la echaba en el lomo y la iba a dejar a la tortillería, que estaba a dos cuadras; prendía el quemador, de petróleo y echaba a andar la máquina. Luego llegaba doña Clara, bajaba mi mamá. Y ellas se encargaban de todo.

¿Fue feliz la infancia del Púas ?

--Si... Pero dura, porque había que buscarle. Entonces mi papá había comprado los terrenos para hacer la vecindad y tenía por todas partes tabiques, grava, cemento, arena, varillas, láminas. Y para tenerme entretenido me ordenaba: "Me cambias este millar de tabiques para aquel lado". ¡Chíngale!, un millar de tabiques... Y los fines de semana nos poníamos a colar una trabe, un castillo, un techo. Siempre trabajé desde chavalito. Luego me metí al boxeo, comencé a ganar lana y dejé la talla de madera y todo. Pero valió la pena: ahí en esa foto de cuando gané los Guantes de Oro me dieron el trofeo "Fray Nano" como el mejor boxeador de todo el torneo. Y al final de mi carrera me dieron el premio como "El Peleador Mexicano del Siglo". Me lo entregó el doctor Ernesto Zedillo. Hasta le dije: "¿Y no viene acompañado de un cheque por un millón de dólares?". Me contestó: "Je je je, es usted muy bromista Púas ".

Yo para qué quiero eso... Cuando mis hijos me pidan de comer no les voy a decir: "Muérdanle al trofeo...".



***

Se acercan, por fin, unos clientes a La Cabaña. ¡Adelante, adelante, bienvenidos!.

El Púas funge también como mesero.

A falta de chavas voy a tener que ponerme mi faldita...

Su contagiosa risa es la mejor invitación a pasar.

Se presenta, los saluda de mano.

Tomen asiento donde gusten. Este es el restaurante más grande del mundo. Porque nunca se llena...

Y en esta ciudad tan conflictiva, ¿no vienen narcos o gente sospechosa a buscarte así como se le acercaban a Julio César Chávez?

Nooo, pero ojalá y se me acercara uno, jijo de la chin... ¡Los espero, vengan para acá por favor!, vengan a consumir, yo les lavo la feria ... Quisiera tener unos millones de dólares para poner un casino aquí...

Y las carcajadas nada más rebotan de esquina a esquina dentro de la Cabaña.



***

El ex boxeador entra de nuevo al bar. Se escucha fuerte la voz de José Alfredo Jiménez: "Yo se bien que estoy afura/Pero el día que yo me muera/ Se que tendrán que llorar...".

Olivares entona la garganta.

Que se me acabe la vida, frente a una copa de vino.. .

Y muestra una fotografía en la que está con el fallecido compositor guanajuatense.

--¡Huuy! qué recuerdos. Durante nuestra primera borrachera me compuso el corrido Con la muerte entre los puños .

Hurga entre los discos "pirata". Encuentra uno: "Las 100 Grandes de...". Lo inserta en el estéreo. Y canta alegremente. Se escucha la voz de ambos. Los muros del restaurante se estremecen con la música del maraichi Vargas: "¡Túpele José Alfredo!": "Nació cerca del potrero donde no había ni un caballo/recibió la luz del cielo con relámpagos y rayos/Él no conoció la escuela donde fueron sus hermanos/porque él ya tenía la fuerza en el puño de sus manos/Un hermano de su padre, boxeador ya retirado/le regaló el par de guantes con los que él había ganado/Y no le quedaron grandes cuando tumbó al Diablo Vega, el campeón de todo el barrio... Llegó a ser campeón del mundo, no había quien se le enfrentara/hasta que llegó un valiente y peleó en Guadalajara/Salió a ganar como siempre desde la primer campana/le pegó hasta que la muerte se le dibujo en la cara/El lloró con la victoria y maldijo su destino/porque conquisto la gloria, pero se sintió asesino/Después aventó los guantes y se salió de las cuerdas, a buscar cualquier camino?.

Suspira: Aquella vez le conté mi vida. Todo lo fue escribiendo. Esa pelea fue contra el Alacrán Torres. Cayó re feo, como fulminado, por eso dice "la muerte se le dibujó en la cara". Afortunadamente no murió.

Esa noche de farra José Alfredo le dio la letra, escrita en servilletas.

--Me la guardé... Pero la perdí andando en la borrachera. Después, cuando la escuché en la radio dije: "Esa es, tal como se la platiqué". Fue esa noche en la barra del bar "El Carioca", en el Este de Los Angeles, California. Ahí me lo presentaron después de una pelea que hice en el Forum de Inglewood, ya no me acuerdo contra quien. Y agarramos la parranda.

Sonríe el Púas y se queda mirando la foto con José Alfredo, que sostiene entre sus manos.

--¿Te imaginas?... ¡qué borracheras...!



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