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Y la magia del futbol se extendió...

Ángel Salinas y Daniel Blancas/(Segunda de tres partes)| El Universal
Viernes 09 de noviembre de 2001

REAL DEL MONTE. Cien años de reminiscencias, de anécdotas. De los viajes en "cotorra" a las porras organizadas por mujeres "de la vida galante".

En noviembre de 1900 se formalizaba el balompié en la Bella Airosa. Pronto surgió el primer equipo: Pachuca Athletic Club. Y la magia se extendió: en 1902 ya se jugó un campeonato de futbol, aunque sólo con cinco equipos. Del sudor en las minas al sube y baja de divisiones. Un anecdotario que acaso tuvo una pausa durante la Revolución Mexicana 1950. Nace la Segunda División.

"Para viajar alquilábamos las famosas cotorras , camionetas descubiertas. Calor, sed, hambre. Se jugaba por gusto", relata Luis Pirata Álvarez, utilero y masajista de los Tuzos de aquella época.

Década de los 60.

Las chicas de la zona de tolerancia tenían una porra. Bonitas las chamacas, lástima que eran ligeras de cascos cuenta David Japo Hernández, entonces portero. En 66-67: primer ascenso al máximo circuito. Luego un vaivén que parecía interminable...



De cuando creció una fascinación

A jugar soccer, señores. William "Manco" Blamey trajo los balones cocidos a mano que llegaban en barco de Europa. Nacieron los primeros clubes, los campeones precursores. Poco después, el grito de ¡goooooool!, aún incipiente, se cambiaría por el de "¡Viva Villa!" o "¡Muera el mal gobierno!" y los fervorosos adheríanse a la bola , es decir, a la Revolución... Tiempos de inquietud: en Europa estallaba la Primera Guerra Mundial. Pero se acarició la calma, se retornó a las canchas...

Un cuento largo. Cien años de reminiscencias, de anécdotas. Como los viajes en "cotorra" o el apoyo de porras organizadas por mujeres "de la vida galante". Cien años: del sudor en las minas a la Universidad del Futbol.

En noviembre de 1900 se formalizaba ya el pasatiempo del futbol en el estado de Hidalgo. "¿Por qué no conformar un equipo?", pensaron los mineros ingleses. George Camphuis, Charles y John Dawe, William Thomas, James y John Bennetts, William "Manco" Blamey, W. Bray, Thomas Patton, W. Gould y Richard Sobey emprendieron la aventura... Surgió el nombre: Pachuca Athletic Club . Y los colores: azul y crema claro. Después el tono azulado se combinaría con el gris.

A jugar soccer, señores. "El Manco" compró los balones cocidos a mano que llegaban de Europa en barco. Y la magia se extendió. Se consolidaron en otras partes del país el Reforma Athletic Club , el Mexican Nacional Cricket Club , el British Club y el Orizaba Athletic Club . Cinco equipos incluyendo a los hidalguenses conformaron el primer campeonato de futbol en julio de 1902. El campeón surgió dos años más tarde: la suerte favoreció a los pachuqueños, que superaron por diferencia de goles al British .

Crecía la fascinación por el balón. Muchos adolescentes optaron por el camino de los goles. A los ingleses se unieron mexicanos como Alfonso Ortiz, Jesús Piña, David Islas, Enrique "La Matona" Esquivel. Y paralelamente se empezó a debilitar la imagen política de Porfirio Díaz.

En 1910 estalló la Revolución Mexicana... El levantamiento armado polarizó la atención. Por algunos años se abandonó al balón. Lo más importante era la libertad, "solidarizarse con la bola", es decir, la Revolución, y cantar: "La Adelita" y "Con mi treintatreinta".

El grito de ¡goooooool!, aún incipiente, se cambió por el de "¡Viva Villa!" o "¡Muera el mal gobierno!" Tiempos de inquietud, no sólo en México. En Europa estallaba la Primera Guerra Mundial.

Debió acariciarse la calma para retornar al juego.

En 1916 se profundizó una rivalidad futbolística: Pachuca contra El España. Al año siguiente ambos conjuntos jugaron el partido por el título amateur con saldo a favor de los primeros, comandados por Alfred C. Crowle, quien más tarde apareció como directivo del Necaxa de los once hermanos.

Ya de los ingleses sólo quedaba la herencia. La semilla fructificó, aunque en 1920 finalizó la primera etapa. El equipo se desintregó, como ya lo había hecho antes la Revolución (1917) y el conflicto armado mundial (1918). Una pausa...

Los colores del Pachuca revivirían hasta el surgimiento de la Segunda División, en 1950. Luis "El Pirata" Álvarez vivió aquella época: fue masajista, utilero y aguador de los Tuzos.

La creación de la Segunda (con los equipos: Pachuca, Querétaro, Zamora, Irapuato, Morelia, Toluca y Zacatepec) obedeció a que los de Irapuato se habían convertido en monarcas imbatibles de la zona centro. Eran los odiados y también los mejores. Por eso quisieron entrar al máximo circuito, pero les negaron la oportunidad y entonces se formó la división de ascenso y descenso.

Y relata de Pachuca: Era una plaza completamente muerta, tan deprimente que el equipo no duró más que 24 meses. No había el dinero ni el apoyo para subsistir. Se jugaba en un estadio rudimentario que se llamaba "Margarito Ramírez". Bueno, eso de estadio es decir mucho... Era un terreno limitado por líneas de cal, un llano. La tribuna eran dos banquitas en las cabeceras. Algunas personas veían el juego desde sus autos y cada que se anotaba un gol, lo celebraban tocando el claxon.

Época de pobreza, que no se borra de la memoria del "Pirata", llamado así por tener un gran lunar en el ojo derecho.

Para viajar alquilábamos las famosas "cotorras", camionetas descubiertas. Calor, sed, hambre. Se jugaba por gusto. Previo al viaje, todos los integrantes teníamos que trabajar horas extras para sacar lo de pasajes y comida.

El primer partido del Pachuca en la Segunda División lo perdió 2-1 frente al Zacatepec.

Nombres que el tiempo se llevó: Ángeles, Vivar, Madrid, Alamilla, Guzmán, Noriega, Artega.., además de Abel Aguilar, que más tarde llegaría a ser árbitro.

La década de los 60.

Un personaje sobresalió, ya cuando se había adoptado la camiseta negra: el portero David "Japo" Hernández, originario del Distrito Federal, del barrio de la Merced: entre Adolfo Pensil y 20 de noviembre. Jugador de 1960 a 1966. Ya en una nueva casa: el estadio Revolución.

Era un desmadre. Entrenábamos sólo martes y jueves, el resto de la semana a trabajar para la "papa". Cuando nos tocaba actuar de visitantes, apenas juntábamos para la gasolina. Qué hoteles ni qué nada.

La primeras aficionadas fueron las mujeres del tacón dorado. Relata el "Japo", nombrado así por sus ojos rasgados.

Cuando empecé a jugar en el equipo había una porra especial integrada por las chicas de la zona de tolerancia. Bonitas las chamacas, lástima que eran ligeras de cascos. No faltaban a ningún partido de local, bien uniformaditas: suéter de color negro, con una letra en su pecho, y una faldita bastante coqueta, blanca.

Las muchachas pintarrajeadas gritaban desde la cabecera norte: "¡Pachuuu-pachuuuu raaa-raaaa!".

En la siguiente temporada el peculiar grupo de animación desapareció: las esposas de los jugadores las veían con malos ojos y...

...¡Lástima, ni la foto les sacamos a las pobres! lamenta Hernández.

¿Alguna bronca?

Hubo y buenas. En el 62 se desató un broncón fenomenal contra Cruz Azul. Lupe Díaz agredió a uno de los nuestros y la gresca se generalizó. Fue tanto el alboroto por una jugada sin mayor relevancia que hasta los directivos intervinieron. Uno de ellos, el señor Duarte, salió con la quijada lastimada.

Y poco después el enemigo fue Veracruz.

También por una entrada sobre nuestro defensa Tranquilino Velázquez. Vinieron los puñetazos. Los jarochos corrían espantados porque creían que el público (en el Revolución) se brincaría la malla y les daría también sus trompones. Del miedo, a la siguiente temporada ya no querían visitarnos.

El máximo logro del "Japo" se escribió en 1963, pero con una derrota de los Tuzos...

Un juego en ciudad Madero, visitando al Tampico. Casi todo el partido me la rifé con vuelos espectaculares, pero llegó un descuido de mi defensa: "Gorupo" Chávez entró solo por la banda derecha, me fintó y ¡que la clava! Nos ganaron 1-0, pero al día siguiente un periódico deportivo de la localidad me nombró la figura del partido, por mis atajadas.

El héroe fugaz ya no participó en la hazaña de ascender al máximo circuito. Campaña 6667. Fue un triunfo de 2-0 sobre Ciudad Victoria, con goles del "Pollo" Castillo y el "Chaparro" Arredondo.

Brotó el festín en el inmueble, en todo el estado. ¿La alineación? Guerrero; Lizaloa, Ceballos, Aceves y Corona; Fal y Ramírez; Acosta, Zárate, Castillo y Arredondo. Realizado al fin el sueño: cinco años en la máxima categoría; cinco años más de remembranzas. Germán Fragoso vistió la playera hidalguense en la 70-71: Había mayor entrega y responsabilidad. Una lucha al 150 por ciento por un puesto titular. No era como ahora que los jugadores ganan millones y todavía modelan, trasnochan y andan de palenque en palenque.

Años en que el alma del equipo era Eduardo Corona, lateral izquierdo y capitán. Llegó a ser preseleccionado olímpico en 1968. Qué buenos extremos había: Fernando Bustos, Albino Morales, "Monito" Rodríguez, Juan Alvarado, Batata...

Un pasaje que arranca suspiros. Rivalidades inquebrantables. Ninguna como la que tuvo con Carlos Miloc.

"El Tanque" dirigía al Irapuato. En un partido él dio la orden de que me lastimaran. Después me enteré, pero la victoria por 3-1 no me quitó el coraje.

Miloc quedó cabizbajo en la banca. Se acercó a él Eduardo Corona: "Nos bronqueamos cuando quiera le gritó. Para que me lastimen va a tener que meterse usted a la cancha, hijo e pu...

El uruguayo se paró sobresaltado del banquillo.

Pero a mi nadie me ganaba a correr recuerda Eduardo, entre risas: se tragó su coraje.

Meses después, una lección del destino...

Tras unas vacaciones, en la esquina del estadio me detuve frente a un puesto de periódicos. Comencé a leer las notas y, oh, sorpresa. Decía uno de los titulares: "El nuevo técnico del Pachuca es Miloc"... "En la torre", pensé. Y cuando entré al vestidor los cuates me recibieron con bromas y burlas. Finalmente llegué a ser buen amigo de Carlos.

Felicidad que perduró 72 meses.

En 1973 otra vez el descenso, el infierno en el que el club se mantendría por 19 años con un paso efímero por la segunda B en 1986.

La gente nos abandonó. Llegó uno de los lapsos más complicados en la institución: soledad en las gradas, un ambiente de tensión, revés tras revés. Todos en el equipo nos sentíamos culpables cuenta Gabriel Gómez Morales, jugador de 1970 a 1980.

Escasos, los instantes de gozo, como los de Arlindo. Sí, el hombre del primer gol en el Azteca. Con los colores americanistas nunca pudo anotarle al rival odiado: Chivas, pero logró hacerlo con la camiseta pachuqueña.

Y no se imaginan como lo celebré. Un gol sobre Chivas es un regalo de Dios dice el brasileño.

En la historia del Pachuca se agolparían éxitos y fracasos. Un vaivén que parecía interminable.



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