Julio César Pinheiro: de hacendado a peón
A los 8 años de edad no había tiempo para el juego ni para el estudio. Julio César Pinheiro sólo conocía los quehaceres del campo pizca de maíz, arroz y frijol- en la hacienda de don Onofre, su padre, en Agua Amarilla, a unos 500 kilómetros de Río de Janeiro. ¿Cuánto medía aquel gran terreno? Imposible saberlo. Al recuerdo de Pinheiro sólo llegan estas imágenes: --Teníamos muchos caballos, ganado, gallinas, río y maquinaria para la siembra y la pizca de los granos. Dos camionetas y como seis automóviles. Era una hacienda muy grande... Pero tres años después don Onofre fue derrotado por sus dos grandes vicios: el alcohol y las mujeres. Con grave voz comunicó a su familia: --Nos hemos quedado sin nada... Sin hacienda... De patrones, los padres y sus diez hijos pasaron a ser peones. En otro pueblo, en otra hacienda... Julio César Pinheiro recuerda nostálgico los amaneceres en la hacienda de los Pinheiro García, en la comunidad de Agua Amarilla, Brasil: Nos despertábamos a las 5 de la mañana, con el trinar de los pájaros y el relincho de los caballos. Había mucha neblina y la mañana se hacía más linda aún... a pesar de que por miedo a la oscuridad dormíamos con un bote de petróleo y una mecha encendida a nuestro lado. Al día siguiente despertábamos con el rostro tiznado y los ojos pegados a consecuencia del humo. Pero todos felices... A los 8 años de edad y sin tiempo para el estudio, Julio César sólo conocía los quehaceres del campo la siembra del maíz, el arroz y el frijol en la hacienda propiedad de su padre Onofre. Agua amarilla: sitio formado por diversas filas montañosas como los Ranchitos, Miracuy y El Frío; el relieve es bastante escarpado con pronunciadas pendientes. De este parque salen numerosas quebradas y ríos que van a regar la zona agrícola de Portuguesa. Los más importantes son los ríos Acarigua y Guache. Pero poco de esto recuerda Pinheiro: duda de la dimensión exacta del territorio de sus padres; a su mente sólo llegan algunas imágenes: Teníamos muchos caballos, ganado, gallinas, río y maquinaria suficiente para la siembra y la pizca de los granos. Mi padre contaba con dos camionetas y como seis automóviles. Era una hacienda muy grande... La más importante de la región pertenecía al tío José; la de mi padre era la segunda mejor. Pero muy cerca de cumplir los 11 años, Julio César se encuentra de pronto con la noticia: su progenitor, vencido por el alcohol y por las mujeres, decide venderlo todo: terrenos, camiones de carga, automóviles, ganado... El siguiente texto habrá de leerse como lo pronuncia el jugador, todavía con acento etílico: "Lo siento mi familia. Nos hemos quedado sin nada. Lo lamento..." Y de patrones, los integrantes de la familia Pinheiro compuesta por 10 hijos pasan a ser peones en las mismas labores del campo. --¿Por qué a nosotros? --sollozaba el niño Julio César. Dice haber crecido demasiado de golpe: Era ya un pobre garoto (muchacho), y mi familia arruinada, a consecuencia del alcoholismo de mi padre. Fue un episodio que lo marcaría a fuego y que Julio César Pinheiro, del Cruz Azul, cuenta así: "Es mi mayor decepción, que mi padre haya hecho todas las cosas bajo el influjo del alcohol... Sufrimos muchas vejaciones. Siempre vimos las cosas feas que les hizo a nuestra madre: le pegaba por cualquier cosa. Es lo más triste que guardo en el alma". A punto de vivir perseguido por el trauma... Y cómo no... si estábamos muy chicos. Sólo deseo que esto no le suceda a ningún niño del mundo, porque es una cosa bastante fea, que se queda grabada en la mente de todos. De a poco aparecen los trabajadores unos nueve, todos ellos familiares de Julio César a la orden del padre Pinheiro, con sus machetes y los elementos de trabajo dispuestos a una labor que se extenderá hasta avanzada la noche. Nuestra rutina era trabajar al parejo todos los hermanos, a excepción de los dos menores y mi única hermana relata. (Los dos hermanos menores secundan en edad al joven Julio César). Teníamos que hacer algo por ayudar al padre. Todo lo que ganábamos se lo quedaba él, que únicamente nos daba para comprar dulces y refrescos cada domingo... La mía ha sido una vida muy sufrida, en parte porque después fuimos muy humildes. Cuando la noche cae, una nueva actividad comienza en la hacienda: juegan los niños a las escondidas durante el poco tiempo que les concede el enérgico progenitor. ---Fui un chico absolutamente normal, sanísimo y con una alta responsabilidad: trabajar en el campo a sol y a sombra cuenta. Trabajamos durante muchos años con mi padre y mis hermanos en la hacienda, hasta que se me presentó la oportunidad de convertirme en futbolista. ¿Cómo podría formarse el carácter un niño con todo lo sufrido, e hijo de un ex hacendado brasileño? Me fui criando con el resentimiento, llevando para siempre, para toda la vida, ese trauma. Una nueva experiencia aguardaba a la familia de los Pinheiro. Refiere Julio César: Seguimos trabajando en una hacienda, ahora en condición de peones. Y de ahí por primera vez al colegio, donde nacería su afición por el futbol, a los 12 años de edad. --Me empezó a gustar este deporte, hasta que alguien me propuso irme a probar a un equipo de la segunda división el Sao Caetano. Comenzaba una nueva aventura... Cinco años después, Julio César es ya jugador de la primera división brasileña, contratado por el Guaraní. Y muy pronto el debut...
Julio César Pinheiro: trabajar a sol y sombra
Tenía una hora para jugar; el resto del día lo dedicaba al trabajo en la pizca.
* * *
Son las 5 de la mañana, cuando los gallos apenas cantan y el ganado aún dormita. Hay penumbra en la todavía floreciente hacienda de los Pinheiro. Y ha llegado la hora para la numerosa familia, que ahí está, puntual a la cita con la jornada diaria del campo.
* * *
La situación se hizo insostenible para los Pinheiro García. Y tras el remate de sus propiedades, el padre de la familia, Onofre, decide mudarse al pueblo más cercano, Itapeba a 60 kilómetros de Agua Amarilla y a 500 de Río de Janeiro.





