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La muerte se hizo costumbre

Daniel Blancas Madrigal/Enviado| El Universal
Lunes 23 de julio de 2001

PEREIRA. Carteles y promocionales de la ciudad lo presentan majestuoso, iluminado por lámparas incandescentes. Los habitantes se dicen orgullosos de su construcción: es el viaducto César Gaviria , que comunica a Pereira con el municipio de Dosquebradas, y que terminó con el problema de tráfico vehicular en la región. Cubrió una necesidad de muchos años, pero también ha coleccionado verdades de la capital risaraldense: pobreza, desesperación, suicidios... Tan sólo parte de la realidad. Un símbolo del Eje Cafetero que encierra pasajes contradictorios. Fue inaugurado el 17 de noviembre de 1998, casi tres años después de que se colocó la primera piedra (un año antes, por el temblor que sacudió a la ciudad, murieron 13 albañiles). Su inversión total alcanzó los 50 mil millones de pesos colombianos. Se erigió sobre el río Otún. Y su punto de altura máxima máxima el centro del puente alcanza alrededor de 200 metros sobre el nivel del suelo.

Cuando el pueblo se enteró del proyecto arquitectónico golpearon las dudas: inseguridad ante la promesa del gobierno y dificultad para imaginar que sobre una de las zonas más pobladas de la urbe se levantaría el tercer puente atirantado más largo de América Latina. Su extensión es de 611 metros.

Los colonos afectados fueron reinstalados en otros sitios, el gobierno les compró casas y les dio una prima extra por su colaboración a la modernidad.

El sueño se puso en marcha.

Es todo un universo dice Hernando Uribe, vocero de la alcaldía de Pereira. La edificación estuvo a cargo de un consorcio brasileño, pero se trajeron materiales de varios lugares del mundo: Uruguay, Venezuela, España, Bélgica.

La semana previa a su inauguración se organizaron tascas, bailes y carnavales en su honor. Brindis por el viaducto. Orquesta. Borracheras. Y tragos de aguardiente blanco. Un día antes de la anhelada jornada, la prueba final: 10 tráilers cargados avanzaron en fila sobre el nuevo asfalto elevado. Nada ocurrió. Todo estaba listo para la fiesta...

La mañana del citado 17 de noviembre volaron globos; la muchedumbre se atiborró de frituras típicas: el mandatario en turno, Ernesto Samper y el ex presidente César Gaviria cortaron el listón. Este último había sido el principal promotor de la idea al conjuntar el presupuesto gubernamental con el financiamiento de varias empresas privadas. Debía grabar su apellido. Para ese entonces una ley colombiana prohibía que las obras públicas recibieran el nombre de un personaje vivo. Se demolió el reglamento para que "César Gaviria" se llamara al novedoso lazo de comunicación. Meses después del estreno, la norma volvió a ser aplicada.

A varios de los habitantes del costó perder el miedo: Yo me tardé tres semanas en pasar. Pensaba que se iba a desplomar --dice Héctor Gómez, taxista.

Y tiembla aquí. Treinta y dos meses de vida. Treinta y ocho suicidios, el último hace un par de semanas.



* * *

Pereira sabe a altruismo; huele a café y a orquídea, la flor nacional. También a limitaciones económicas, a jóvenes y niños que deambulan por las calles pidiendo un peso para comer. A un costado del viaducto se encuentra el Barrio de San Judas, uno de los más pobres y peligrosos de la ciudad. En cada esquina se juntan grupos de adolescentes para fumar mariguana o planear atracos. A los pobladores de esta colonia donde nada es abundante se les achaca el robo de las placas de bronce que se había colocado en los muros de "la gran carretera"; y que contenían los detalles de su construcción.

Zona de escasez.

A veces no queda otro camino que atentar contra la propia existencia... A los tres meses del festín de globos multicolores, llegó el primer suicidio: un anciano de más 69 años se lanzó desde el puente y cayó sobre una buceta . Una a una se fueron contando las páginas, hasta llegar a 38.

Los primeros casos eran noticia de primer plano en los periódicos y medios audiovisuales. Después la muerte se hizo costumbre; la prensa comenzó a olvidarse del asunto. También los organismos de seguridad... Por el impacto inicial la alcaldía ordenó supervisión permanente de uniformados. Hoy nadie vigila el paso.

Hace varios meses un policía evitó que se arrojase una mujer: la tranquilizó y luego la llevó a casa. Una semana más tarde la dama volvió, pero ya no hubo alguien que impidiera consumar el plan. Tenía 5 meses de embarazo. En los días siguientes un hombre completó igualmente su destino: era el padre del bebé.

De todos los que han intentado matarse, sólo un joven de 27 años se ha salvado: se aventó desde uno de los lugares menos elevados del puente y fue a caer sobre un árbol. Se fracturó brazos y costillas, pero sobrevivió.

Tras aquel suceso, una chiste popular entró en circulación.

Ese muchacho debe demandar al gobierno, porque arrojándose de ahí debería tener la garantía de morirse.

En la Navidad pasada una vaca se unió a las estadísticas: comenzó a caminar por una de las orillas y luego de algunos metros de paseo, se derrumbó. Nota del día. Asombro entre la multitud. "Hasta a los animales les gustó este lugar para morir. Envenenados y ahorcados son cosas del pasado, lo más efectivo es tirarse del viaducto --opina Nidia Montero, comerciante.

Es fácil vencer la barra de contención que rodea el viaducto. Un brinco y a volar... Algo curioso: los suicidas prefieren aventarse desde el lado que da al Barrio Bavaria. No hacia el Barrio San Judas, el reino de la pobreza.

--La mayoría de quienes se suicidan no son pereiranas. Vienen de poblaciones aledañas --dice Hernando Uribe.

La gente pide mayor protección. Y además empleos, menor indiferencia. El viaducto se ha convertido, además, en el estandarte tecnológico de Pereira, con su sistema computarizado, su alarma que indica sobrepeso y sus cables de resistencia. Comenta Mauro García, transeúnte: Dicen que si desenrollan los cables que se utilizaron para realizar esta joya, pudiese irse a la luna y volver...



* * *

Desde lo alto se pueden observar los edificios más importantes de la Perla del Otún: el Banco Popular, la Torre de Bolívar, la oficina de Caldas y la gama de sitios residenciales.

Terminó el tráfico, la irritación.

A gran velocidad se puede viajar de Pereira a Dosquebradas. Ha mejorado el comercio, la industria y el transporte. Pereira luce sus cultivos de gusano de seda, sus viveros de orquídeas y la estatua del Bolívar Desnudo .

Dosquebradas su aire industrial y el apogeo de capitales extranjeros que se aventuran a invertir en la confección de ropa, productos metálicos, maquinaria y artículos de cuero. Es decir: la modernidad. Es decir, dos realidades, que chocan, que contrastan... ¿Como siempre?



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