El hijo de un sensei: Alonso Murayama

. (Foto: JORGE GONZÁLEZ/El Universal )
XALAPA. Había fallecido Ikuko y el sensei Kunio Murayama tomó una drástica decisión: -Alonso debe irse a Japón... Debían separarse. Había que preparar a su primogénito para que en un futuro él continuara su tarea de difundir el karate do estilo shito-ryu en nuestro país, como él que lo había hecho desde 1970 cuando arribó a Monterrey, Nuevo León. -¿Por qué no recibir aquí las enseñanzas del sensei Murayama? Kunio lo hizo cuando Alonso estaba pequeño. A los 6 años su vástago empezó a practicar sus primeras katas... mas, por qué no enviarlo a Japón para que aprendiera con su maestro, Manzo Iwata, aquel que lo adquiriera del propio Kenwa Mabuni, creador del estilo shito-ryu. Además de que Alonso debía aprender el idioma japonés. -Tenía 18 años cuando me fui a Japón cuatro años: a aprender el japonés y a perfeccionar mi karate ?dice Alonso, el mejor karateca-deportivo con el que cuenta nuestro país, digno heredero del sensei Murayama, hacedor de otros tantos alumnos como Rolando Sías, José Carlos Alanís y Luciano Valero, que representaron dignamente a México en varios cotejos internacionales. Ikuko, la madre de Alonso, había fallecido en Japón. Al sensei lo acompañarían en Monterrey Alejandro y Yuko. Y allá, en el dojo de Tokio ?gimnasio- de Manzo y Enzo Iwata, Alonso aprendió las más avanzadas técnicas de kumite y las más difíciles katas. Si había que perfeccionar su karate, debía hacerlo con los mejores... tradición casi familiar, muy del pueblo japonés. Cuatro años allá y de vuelta a Monterrey... al dojo Shito-Kai de la calle Hidalgo. Campeonato Nacional de karate do, en Guadalajara, Jalisco. La delegación de Nuevo León es dirigida por el sensei Kunio Murayama. Pero Alonso es quien llama poderosamente la atención del resto de competidores, entrenadores y maestros. Es el hijo de Murayama se oye decir, con cierta admiración. Y allá en el tatami, en la división de menos de 75 kilogramos, la delgada figura de Alonso Murayama Toyonaga, envuelto en su karategui blanco pero de desgastada cinta negra se aprecia tranquilo, sencillo, humilde... dispuesto al combate. Fue difícil hacer combate, no tanto por la calidad de los rivales sino porque era mucha la responsabilidad. Todos decían que yo no podía perder, no por ser el hijo del sensei Murayama. ¿Hubo acaso algún consejo de su padre? Sí, que lo importante no es ganar o perder sino dar el máximo esfurerzo. Si uno lo entiende así, que lo da, significa que hay que trabajar más, que hay que entrenar más, que me falta aún por aprender... Y así lo hizo Alonso aquella noche cuando salió del cine en Monterrey, a unos meses de haber llegado de Tokio, cuando enfrentó a dos pelafustanes camino a su casa. El narra lo sucedido, aflorando en su rostro una sonrisa: De pronto se me acercaron dos tipos. Uno traía una navaja muy rudimentaria, una hoja filosa encintada, y otro sacó un desarmador. Lo malo para ellos fue que se acercaron demasiado. Uno se paró frente a mi y otro al lado. Di mi primer mae-geri callejero (patada de frente) y luego, al otro, lo prendí con una mawashi (patada de lado) en plenas costillas. Todo fue muy rápido: "saca la lana" y saqué dos patadas y a correr... ¿Dos auténticos karatazos? Fueron ?se cierran aún más sus ojos con la sonrisa dos botazos, ya que traía botas vaqueras que me encantan. Botas que dejó, por supuesto, fuera del tatami en Tokio, en aquel su primer combate del campeonato mundial shito ryu, el año pasado. Lo explica: Estaba en la duela y de pronto le conecté una patada a un rival y, en el viaje, me subí a la tribuna. Parecía que estaba huyendo, que había hecho un punto y que me iba, que dejaba en el área a mi rival aún adolorido, pero no fue así. La gente se empezó a reír, causó mucha gracia ese momento... Y, horas después, el mejor aplauso, de reconocimiento a un karateca mexicano cuando el réferi le alzó la mano en el kumite final que le dio el título mundial de la división de menos de 75 kilogramos en el dojo japonés. ¿El siguiente objetivo? Ser campeón en el Campeonato Mundial Universitario que se efectuará el año próximo en Puebla y, sobre todo, no defraudar a mi padre, a mis profesores y a mi mismo.
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Es 1997.
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Alonso luce aquí, en tierras veracruzanas, el karategui blanco de la Universidad de Nuevo León, donde estudia Organización Deportiva. Tres medallas penden de su cuello: la de plata en formas y las de oro en su división y el de la categoría abierta. Ha sido el mejor karateca de esta Universiada Nacional. Tres medallas que se suman a su colección: plata en el mundial universitario celebrado en Francia, la de bronce de los Juegos Panamericanos en Winnipeg 99, la de oro del campeonato panamericano de Chile y la de primer lugar del campeonato mundial shito ryu en Tokio, apenas el año pasado.





