"Finito" para tres, cuatro peleas, cuando mucho...

. (Foto: EDUARDO LOZA/El Universal )
Ricardo "Finito" López abandona el banquillo y se interna en el cuadrilátero, hace sombras, ríe, saluda a los pequeños que rondan el gimnasio... baila al son de un golpeteo imaginario. Ya está de regreso. ¿Por cuánto tiempo? --Ya estoy más para allá que para acá: habrá "Finito" para tres, cuatro peleas. Luego, el retiro. ¿China?, ¿Las Vegas?... Podría enfrentar por allá a Beibis Mendoza o Rosendo Álvarez... --¿Ha sido ingrato, el boxeo, con usted? --Jamás. El boxeo tendrá de todo, pero ingrato, no lo es... No lo desea, pero Ricardo López, el Finito, el pupilo que ha vuelto esta semana, podría enfrentar por allá a un rival hasta ahora desconocido --Beibis Mendoza, acaso el propio Rosendo Álvarez-- durante los próximos meses. Ha regresado, Finito, y parte de su equipo le prepara para la sesión de hoy. --¿Voy a golpear, verdad? Hoy me toca golpear, ¿0 no? --pregunta y la respuesta dependerá de detalles técnicos: las maletas han querido esconder uno de los protectores para los nudillos y sólo aparece el izquierdo. ¿Que afloje con la zurda, don Nacho? y don Nacho que acepta, que ya apresuro pues las declaraciones se han extendido por varios minutos y la hora de iniciar ha llegado. Finito López abandona el banquillo y se interna en el cuadrilátero, hace sombras, ríe, saluda a los pequeños, "¿qué pasó, mi chavo?" que rondan el gimnasio, abdómenes reveladores de una dieta rota. Melchor Cob les reprime, si no trabajan con denuedo; López baila al son de un golpeteo imaginario. Ya está de regreso. ¿Por cuánto tiempo? --Ya estoy más para allá que para acá: habrá Finito para tres, cuatro peleas. Luego, el retiro. --¿Ha sido ingrato, el boxeo, con usted? No gusta la palabra a Ricardo López. Exhala sonoro y responde. --Jamás. El boxeo tendrá de todo, pero ingrato, no lo es. --¡Por qué está de regreso, Finito? --Porque ya arreglamos algunas diferencias, y ya lo perdoné. No es cierto, no pongan eso porque se enoja, el señor. --Beristáin se quejó, alguna vez, de que ganas cada vez menos dinero. --Ah, qué don Nacho... Don Nacho: --Lo que yo no puedo tolerar es que siendo un campeón de la calidad de Ricardo cada día tenga más marcas, más éxitos, pero cada día le paguen menos. Se cambió de apoderado, hace poco, y al hacerlo se suponían mejores salarios y no, cada vez le quieren dar menos dinero. Por respeto, Don King debería programarlo en buenas funciones, como pelea estelar, o semifinal, pero no para abrir funciones cuando no ha llegado ni el, público a la arena. --¿Qué ha sucedido?, ¿por qué combatir tan poco, ahora, si antes...? --No lo sé. Las cosas se me han ido dando poco a poco. Estoy en esta era en la que he peleado poco pero tuve mi mejor momento. Y si lo piensas bien todavía lo tengo: todos quieren pelear conmigo. Todos. De verdad: he oído que hasta de peso mosca e inclusive gallo desearían un enfrentamiento con el Finito. Por algo será, ¿no crees? Hablamos del boxeo. Escuchan atentos varios personajes, en este gimnasio de claros domos y elevado calor. Dice Ricardo, convencido: --En lo absoluto, a mí me ha tratado excelente, gracias a Dios. Este es un deporte tan apasionante, tan duro, tan noble que no, nunca puede llegar a ser ingrato. Es fuerte, celoso, agresivo, destructivo, pero nunca ingrato. En el boxeo las cosas no son malas. Son malos, muchas veces, los que en él intervienen: representantes, dirigentes, managers no capacitados; rateros, únicamente... Campeón CMB, AMB, FIB y OMB. --¿Cuándo iba a imaginarme tener más de diez años como campeón del mundo, 16 de invicto, más de 25 peleas titulares, 22 defensas, 50 combates con 36 nocauts; un empate... ¿a ver, cuándo? ¿Qué más pedirle al boxeo? --¿Qué me falta? -repite la pregunta, eleva el tono de voz, declara vertiginoso--: ¡nada!... Yo diría, más bien: qué me sobra. Tengo todo lo que quiero. Estoy en mi mejor momento, pero sí, para tres, cuatro combates. Pero estoy tan bien de salud que viajé a Estados Unidos, me aseguré por un millón de dólares contra riesgos de trabajo. Y a ver, ¿cuándo han escuchado que se asegure a un boxeador?, ¿o a un piloto de carreras de automóviles?... Son deportes con mucho riesgo y las compañías te realizan una cantidad enorme de exámenes médicos antes de extenderte la póliza. Y a mí me lo dieron, porque mi salud está espléndida: no fumo, no tomo, no me desvelo. Asiente Nacho Beristáin. --Con él --dice el manager-- por lo que se sufre no es por la desobediencia, por la irresponsabilidad: este cabrón es de los que si ya corrió quiere correr más. A veces llega y te cuenta: "hoy reté a un maratonista y ahí nos fuimos, dale y dale"... Y uno como manager, carajo, se va a lastimar las piernas; se va a sobreentrenar... Ricardo López tuvo su último combate el 2 de diciembre. Su segunda defensa del cetro minimosca FIB sería el 4 de agosto. China o Las Vegas. Por el momento trabaja, y mucho, con su propio organismo: eminencias médicas y científicas, los doctores Alberto Cuevas y Salvador Díaz de la Serna rediseñan su cuerpo. Finito hace equipo, "buen equipo", con ellos, hace tiempo. --¿Por qué, la ausencia? La explica Ricardo López: --Tuvimos algunas diferencias pero se han arreglado. Lo explica Ignacio Beristáin: --Se volvió demasiado soberbio. Hasta que lo tuve que mandar muy lejos. Aquí todos los peleadores son iguales: los aprendices y los campeones. Y él no lo entendía. ¿Cuál, la relación entre estas dos personalidades? Responde, para finalizar con la charla, e iniciar el entrenamiento, Ricardo López: --No te voy a decir que somos los grandes amigos y que saliendo del gimnasio nos la pasamos todo el día juntos; no. tenemos una buena relación de trabajo: nos coordinamos bien. El cumple, yo cumplo, y véanlo, en los números: ahí están los resultados. Hacen el recuento de sus gestos, de sus palabras, de cada puñetazo tirado al aire esos chiquillos, los pequeños púgiles del Romanza. Y abren desmesurados ojos cuando Finito comienza a golpear, por cuestiones técnicas, hoy con la pura zurda...
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--¿China?... Ojalá no --reverbera la voz de Ignacio Beristáin en éste, si gimnasio, el Romanza, en el corazón de Iztacalco--. Los chinos son muy cochinos... Si vieras qué restaurantes hay por allá...
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Lo ocurre alrededor de Rosendo Álvarez desde que perdió con Finito López en Las Vegas, es increíble... En más de 14 meses no pudo conseguir una pelea de importancia, que le signifique notoriedad y dinero. Billete verde. Don King, el hombre de más grande influencia en el boxeo, podrá ser el promotor más hábil, pero ¿tiene la misma valía como manejador de peleadores poco trascendentes en lo económico? Siendo Finito el mejor peso pequeño del planeta y uno de los mejores del mundo, libra por libra , King le utilizó como relleno : peleas de 60 mil dólares, cifra que no alcanza para los viáticos de Felix Trinidad o un peso pesado constantemente en cartelera. ¿Hay algo más, para el mexicano, en los proyectos de King?... ¿Pretenderá utilizarlo para iniciar programaciones a las cuatro de la tarde cuando todavía no terminan de acomodar las ventas de hot dogs?... En aquel primer combate Holyfield-Tyson, Ricardo López ya había dado una exhibición de pugilismo y no se había vendido un sólo refresco. --¡Tieeeeempooo! --es el grito de Cob, que llama a la batalla. Retumba en las paredes del gimnasio. Los pequeños boxeadores suspenden su actividad, dejan de soltar golpes y se dirigen a las cuerdas. Embelesados siguen los movimientos de quien ha sido catalogado como uno de los mejores púgiles del orbe: 25 defensas exitosas, seis años como campeón. "Cada día que pasa", se ufana, "impongo una nueva marca".
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-¿Ingrato, Ricardo?
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Satisfecho lo está.
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Siete años lleva ya en el gimnasio Romanza. Siete. Regresó, apenas.





