Nadal logra un triunfo épico en el Abierto de Australia

Abierto de Australia Rafael Nadal celebra el triunfo de este miércoles ante Tim Smyczek . (Foto: Xinhua )
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Rafael Nadal sacó
adelante un partido agónico, a la desesperada y casi sin fuerzas después de
cuatro horas y 12 minutos de angustia, con mareos, deshidratación y calambres
incluidos, y venció con un esfuerzo sobrehumano al estadounidense Tim Smyczek
por 6-2, 3-6, 6-7 (2), 6-3 y 7-5, para ganar la tercera ronda del Abierto de
Australia.
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"Una noche muy dura", dijo Nadal sobre la pista, quien aprovechó la
oportunidad para calificar a su rival de "caballero por lo que ha hecho al
final, algo que no todo el mundo hace con 6-5 en el quinto set", al
referirse a la repetición de primer saque que Smyczek le concedió tras el
murmullo del público que había desconcertado a Rafa.
"Hoy había mucha humedad, intenté lo mejor, pero no sé lo que me ha
pasado. Ha sido un problema gástrico, creo, he tenido malas sensaciones y
deshidratación al finalizar el primer set, y algunos calambres por alguna
parte", explicó.
"Esta humedad me ha pasado factura. Estaba muy cansado, he tratado de
mantener la mejor actitud, pero es algo lógico, porque no estoy perfecto
después de estar tanto tiempo fuera del circuito", añadió para resumir todo
lo que había pasado en ese dramático encuentro.
Smyczek parecía el rival perfecto para que Nadal se rodase más. Situado en el
puesto 112 del mundo, procedente de la fase previa, sin título alguno, pero si
más acostumbrado a la lucha en estas pistas durante este año, con tres victorias en la
fase de clasificación y la primera en el cuadro principal, y que había
asegurado que si no tuviera la más mínima oportunidad de ganar, no saltaría a
la pista.
Y su predicción estuvo a punto de cumplirse, porque aunque nunca en su vida
había ganado a un rival entre los diez primeros y el hecho de jugar contra
Rafa, independientemente del resultado, era ya un gran regalo para él, el de Milwaukee
estuvo muy cerca de eliminar al español.
Después de su triunfo ante el ruso Mijail Youzny, Nadal andaba algo cansado, y al saber que tenía delante otro jugador de la fase previa,
porque dos de sus cuatro últimos partidos los había perdido contra rivales de
estas características (el eslovaco Martin Klizan en Pekín el año pasado, y el
alemán Michael Berrer en Doha en este).
Nadal empezó a afilar sus colmillos en el primer set que ganó con autoridad,
con la misma con la que se hizo con el primer parcial contra el alemán Michael
Berrer en Doha, pero los problemas y las dudas comenzaron a surgir en el juego
del español, que notaba además la tremenda resaca que se hacía sentir en la
cancha después la primera jornada de calor, con 32 grados.
Su camiseta rosa fucsia estaba empapada y su cara reflejaba desesperación,
porque en el segundo parcial cedió dos veces su saque, con doble falta en
ambos, y su bola se quedaba pegada en la cinta cuando en el cruzado intentaba
dejar fuera de sitio a Smyczek.
El estadounidense, de golpes amartillados y piernas de acero, aprovechó la
primera de sus tres oportunidades para cerrar ese parcial a su favor en 40
minutos con una certera derecha en paralelo,
El 0-2 del tercer set inquietó más aún banquillo de Nadal, especialmente a su
tío y entrenador Toni, y a su preparador Rafa Maymo, porque habían detectado
que al zurdo le pasaba algo.
Rafa sentía mareos y deshidratación y los consiguientes calambres, y el doctor
le dio una pastilla. Luego le hicieron llegar un suplemento rico en glucosa y
Rafa mordisqueó un plátano y tomó zumo. Y se fue al baño.
Sin fuerzas era difícil controlar a un inspirado rival que además lograba
golpes no soñados y sumaba saques directos. Por contra el servicio de Nadal
fallaba, cometía dobles faltas (siete en total) y dejaba que su rival le
comiera el terreno. Y aunque sacó para ganar ese parcial dejó que Smyczek
forzara el desempate, un juego en el que el americano dominó y cerró con el
séptimo saque directo de su cuenta.
Con dos sets a uno para Smyczek, la cara de uno y otro jugador reflejaban lo
que sucedía en la pista. El estadounidense sin sudar una gota, tranquilo.
Nadal, empapado. Ambos se cambiaron de camiseta y la usada por Nadal pesaba el
doble.
Todo parecía perdido para el campeón de 2009, que no obstante se mantuvo en la
lucha, agarrándose a lo que podía, a sus piernas, a su coraje. Y llegó por fin
la rotura en el sexto juego (4-2) que le dio moral para hacerse con ese parcial
y nivelar el duelo.
Nadal estaba al límite y su rival parecía fresco, sin signos de nerviosismo y
concentrado al máximo. Así salvaba puntos de rotura, mientras que a Nadal le
costaba ganar su servicio. Hasta que finalmente Rafa logró robarle el saque en
undécimo juego.
Smyczek tuvo entonces un detalle que le honra. Sacaba el español para ganar el
partido, y el murmullo del público le hizo fallar el primer intento, y el
americano concedió que lo repitiera. Luego, el dramatismo siguió hasta el final
porque Nadal necesitó cuatro oportunidades para sellar una de las victorias más
duras de su carrera y confirmar que ningún jugador procedente de la previa ha
podido con él, jamás, en un Grand Slam.
Nadal se enfrentará en tercera ronda con el israelí Dudi Sela que derrotó al
checo Lukas Rosol, pesadilla y verdugo del español en Wimbledon 2012, por 7-6
(2), 5-7, 7-5 y 6-3.





