El futbol que aman en Estados Unidos

NFL Los aficionados de Seattle reciben a su equipo después de ganar el Super Bowl XLVIII. (Foto: Archivo El Universal )
eduardo.mora@eluniversal.com.mx
El Super
Bowl, el partido final del Campeonato de la National Football League (NFL), se
ha convertido en una fiesta nacional no oficial de Estados Unidos, una especie
de 4 de julio en pleno invierno. Es hoy, uno de los mayores espectáculos
deportivos, en términos de audiencias televisivas y de ganancias económicas, a
nivel mundial.
El futbol
americano el deporte más popular en EU es un juego donde la violencia es
inherente, pero también en el que sobresalen las medidas de seguridad para
proteger la integridad física de los jugadores. Es el coliseo en que la
moderna Roma imperial exhibe a sus mejores atletas, sin los riesgos de los
gladiadores.
Como otros
deportes en EU, desde que comenzó a jugarse profesionalmente, en 1869, el
futbol americano ha evolucionado en términos de reglas, participación social
(profesional y amateur) y difusión como espectáculo de masas. Aunque su origen
se encuentra en el rugby inglés, es un producto genuinamente estadounidense,
que define a EU con esa singularidad:
para ellos, el americano es el futbol; lo que juega el resto del mundo es el soccer,
una palabra acuñada en Inglaterra no en EU, que sintetiza los vocablos
Association football, según el investigador de la Universidad de Michigan,
Stefan Szymanski, en su ensayo Its Football Not Soccer.
El futbol
americano sólo podía nacer en EU, una sociedad libre y democrática, pero
reglamentada, que controla rigurosamente el tiempo y el espacio. El cronómetro
permite controlar el tiempo y ubicar la sucesión de avances estratégicos, en un
campo de juego donde la medición es
absolutamente importante. Es un deporte de reglas en el que los tiempos fuera
no sólo lo son para detener el partido, sino para revisar jugadas, ir al baño,
prepararse un hot dog o para que la televisión venda publicidad. En el futbol,
que los estadounidenses llaman soccer, el tiempo de compensación es a
criterio del árbitro. En el americano, el árbitro usa estrictamente su
cronómetro. La alta tecnología del tiempo es acompañada por una alta tecnología
en las comunicaciones entre los siete árbitros que siguen las acciones de los
jugadores; entre el quarterback (mariscal) y el coach (entrenador); en las
pantallas digitales y panorámicas, en las transmisiones televisivas que
utilizan el instant replay de las jugadas en cámara lenta o hacia atrás
(reverse video); en las infografías animadas y explicaciones de los cronistas e
incluso en el uso intensivo de las estadísticas (por jugador, equipo,
temporada, posición, etc.) y los pronósticos de los partidos.
La alta
tecnología también está presente en los equipos de los jugadores. Por ejemplo,
la evolución de los cascos (de cuero a plástico y polímeros que absorben
golpes) y de todo tipo de protecciones para el cuerpo es significativa. Los
cascos fueron obligatorios en la NFL a mediados de los años 40. Es un deporte rudo, de choque, en el que la
violencia no es sólo casual sino inherente, como dice Franklin Foer en su
libro How Soccer explains the World, al comparar los dos tipos de futbol. Las
protecciones son obligatorias, porque nadie quiere ver daños cerebrales en la
cancha. En la sociedad que reglamentó los cinturones de seguridad y las bolsas
de aire, salir a una cancha sin seguridad para el cuerpo es suicida. El rugby, también un deporte de contacto, se
practica hasta la fecha sin la clase de protecciones que inventaron los
estadounidenses, si acaso espinilleras, vendajes y protector bucal. En EU sólo
se puede jugar bruscamente con la seguridad debida.
Se dice que
el presidente Theodore Roosevelt salvó al football en 1905, cuando muchos
querían prohibirlo por las muertes y lesiones que ocasionaba: hubo 45 jugadores
muertos entre 1900 y ese año, según reportó en ese entonces el diario The
Washington Post. Roosevelt convocó a
una conferencia en la Casa Blanca con funcionarios de las universidades de
Harvard, Yale y Princeton para mejorar el football y volverlo más seguro,
sobre todo reduciendo la brutalidad en el juego.
En una
sociedad donde lo políticamente correcto es esencial, evitar accidentes es la
norma. Seguridad ante todo, incluso en la diversión, porque lo importante es
que el espectáculo sea sano y limpio. Lo indebido siempre será sancionado y
reprobado públicamente. Cuando se presentan ocasionalmente espectáculos de
otras culturas se hacen los ajustes adecuados para cumplir con la ley. Por
ejemplo, en las corridas de toros en Las Vegas, toreros españoles o mexicanos
usan banderillas sin arpones para no causar daños a los toros: los palitroques
llevan una pieza de velcro para adherirse a otra pieza de velcro mayor que ha
sido colocada sobre el morrillo del animal. Por supuesto, no pican a los toros
ni los matan en público. Son corridas bloodless. Eso será tras bambalinas.
Uno puede comer hamburguesas y ver la carne envuelta en celofán en los
supermercados, pero nunca ver al animal sacrificado. Eso es desagradable.
Parecido en
algunas cosas al futbol (más o menos el tamaño de la cancha y 11 jugadores por
equipo en el partido), el americano marcó de inmediato sus diferencias con el
soccer. Frente a la menor reglamentación, la creatividad e improvisación del
futbol el jogo bonito de los brasileños, los estadounidenses establecieron un
deporte regulado y controlado (el reglamento es un libro de 120 páginas).
Además, los estadounidenses ven con cierta desconfianza al soccer, un
deporte practicado y visto inicialmente por inmigrantes europeos y luego
practicado y visto por inmigrantes latinos, sobre todo mexicanos. En este
sentido, para los estadounidenses, el soccer es alien.
Integración
racial. Como en el beisbol de las Grandes Ligas o el basquetbol en EU, el
americano ha visto el ascenso social y la integración racial, es decir, la
superación de las barreras discriminatorias, de acuerdo con el libro de Charles
Kenyatta Ross Outside the Lines: African Americans and the Integration of the
National Football League. De ser un deporte en que sólo jugaban
profesionalmente blancos hasta 1962, los Redskins (Pieles Rojas) de Washington
sólo tenían jugadores blancos como parte de su política de segregación racial,
el futbol americano se transformó en una competencia en la que la mayor parte
de los jugadores (70%) son negros. Siete de cada 10 jugadores son negros en la
NFL.
Pero el
americano es al mismo tiempo un gran negocio, el deporte-espectáculo que más
dinero deja en el mundo. La revista Forbes reportó en 2014, que los 32 equipos
de la NFL valían, en promedio, 1.43 mil millones de dólares, frente a los 1.05
mil millones de dólares que valían los 20 mejores equipos de futbol del mundo.
El valor promedio de los 30 equipos de beisbol de las Grandes Ligas es de 811
millones de dólares. Y los de la NBA (30 equipos), 634 millones de dólares. La
NFL espera alcanzar ganancias por 25 mil millones anuales de dólares para 2027,
desde los 10 mil millones de la actualidad, reportó el diario USA Today el año pasado.
En el Super
Bowl XLIX, que se jugará hoy en el estadio de la Universidad de Phoenix,
Arizona, un comercial de 30 segundos costará 4.5 millones de dólares, según un
reporte de Variety.com. En el pasado Super Bowl, que fue el evento con mayor
audiencia en la historia de EU (115
millones de personas), el comercial costó 4 millones de dólares. Desde que la
televisión incursionó en 1952 en los juegos, creando una simbiosis con el
football, y dada la naturaleza violenta de éste que excluye la participación
masiva, EU se convirtió en una nación de espectadores, dice Richard G. Powers
en el libro Making America. The Society and Culture of the United States. El Super Bowl es un pasatiempo nacional
multimillonario en el que hasta los comerciales son una atracción visual como
el de los ángeles en lencería de Victoria Secret. Además, en el medio tiempo,
se ofrece un espectáculo musical con algún grupo o artista consagrado. Esta
noche estará la cantante de pop Katy Perry, una verdadera Girl Next Door, sexy,
pero familiar.
Nadie quiere volver a ver un escándalo como
el protagonizado en el Super Bowl XXXVIII (2004) por Janet Jackson, quien
mostró por descuido un seno, lo cual, por supuesto, fue políticamente
incorrecto. Otros asuntos condenables y
antideportivos, como los casos de violencia doméstica o acoso sexual en que se
ven involucrados jugadores, son fuera de la cancha. Pero eso ya es otra
historia.





