Blatter prometió limpia en FIFA

EN "JUEGO SUCIO" Se explican las mil fechorías de los hombres de "pantalón largo". (Foto: AP )
jose.parra@eluniversal.com.mx
El escándalo de corrupción protagonizado
por la FIFA no es un caso aislado en el organismo. El libro titulado Juego
Sucio, escrito por el periodista canadiense Declan Hill, es un robusto
reportaje acerca de las mil y un fechorías que involucran a los hombres de
pantalón largo desde los más altos niveles del deporte más visto en el mundo.
La primera edición de este libro explica
Declan, así como la polémica a la que dio lugar, ha motivado en parte una gran
investigación policial en Europa, promovida por la unidad anticorrupción de la
Policía Federal de Bochum (Alemania), descubre en el prólogo del texto.
A lo largo de 12 meses, los
investigadores escucharon miles de horas de conversaciones telefónicas,
pusieron bajo vigilancia a docenas de personas y trabajaron las 24 horas del
día para conocer el verdadero alcance de la trama de corrupción, precisa. A
las 6:24 de una fría madrugada de noviembre de 2009, centenares de policías
entraron en acción y detuvieron a docenas de sospechosos en toda Europa: 200
coincidencias sospechosas en nueve países y cien presuntos implicados, entre
jugadores, árbitros, entrenadores, directivos de ligas y gángsters.
El trabajo de Hill presenta a algunos de
los más importantes profesionales del amaño y explica los métodos que emplean,
lo que deriva en un sinnúmero de menciones que involucran directamente a la
FIFA. Pero el capítulo 21, titulado ¿Quién vigila a los vigilantes?,
prácticamente está dedicado al máximo organismo rector del balompié en el orbe.
La FIFA ha salido a relucir
constantemente en este libro, acusa el canadiense. Es la organización que
dirige los partidos de futbol en todas partes. En todos los países del mundo
hay una federación nacional. A menudo se comenta que en la FIFA hay más países
representados que en la ONU, describe.
Y enseguida incursiona en el vasto reinado
del antecesor de Joseph Blatter: el brasileño Joao Havelange y el gigante de
la empresa deportiva alemana Adidas, Horst Dassler, revolucionaron el futbol.
El primero venció en las elecciones a sir Stanley Rous en las elecciones
presidenciales de la FIFA. Acto seguido llegó la mercadotecnia internacional.
Se firmaron contratos multimillonarios de
patrocinio con Adidas y otras muchas empresas multinacionales, se hicieron
tratos por cesión de los derechos internacionales de televisión y la FIFA, que
vivía al día en la década de 1970, se convirtió en una de las organizaciones
deportivas más poderosas del mundo, actualiza Hill.
Pero a Havelange se le relacionó, en 1994,
con Castor Andrade, jefe de un grupo multimillonario de apuestas ilegales.
Aquello ya era demasiado y en la Copa del Mundo de 1998, Joao, alegando
motivos de edad tenía 82 años, dimitió. Ganó las elecciones y tomó las
riendas de la FIFA un grupo de directivos suizos con Sepp Blatter, su
secretario general, a la cabeza.
La idea era que Blatter iba a hacer una
gran operación de limpieza. La FIFA, asegura Declan, sería una organización
dirigida por suizos y eficientemente gestionada por profesionales con sentido
de la ética y la moral y un código de conducta.
Desafortunadamente, dice el autor, han
pasado 10 años desde las elecciones y todavía no está claro que sea así. Por
el contrario, se han oído gran cantidad de acusaciones de fraude en las
elecciones, de soborno en la delegación de votos y de escándalos de reventa en
la última Copa del Mundo.
En el otoño de 2007 la policía suiza
declaró que había empezado a denunciar a varios ejecutivos de la agencia que
gestionaba los derechos de mercadotecnia y televisión de la FIFA desde hacía
más de 20 años. Las denuncias eran por malversación, fraude, falsa
bancarrota, perjuicios a los acreedores y falsificación de documentos en un
caso de 100 millones de dólares.
Por si fuera poco, el año anterior la
juez de un pleito multimillonario entre MasterCard y Visa por competencia en
contratos de patrocinio citó a cuatro ejecutivos de FIFA, entre ellos el
director de mercadotecnia y derechos de televisión, Jerome Valcke, por mentir
deliberadamente y por falsificación de documentos.
Basta recordar que este libro publicó su
primera edición en mayo de 2010. Tendría Declan Hill la ardua tarea de agregar
los casos recientes y los correspondientes a los últimos cinco años. Y el
modus operandi es el mismo. El Juego Sucio podría empantanar a cualqu iera
en un lodazal, mas este modo de ensuciarse es único y no requiere de canchas de
barro para que resalte la mugre...





