Sulaimán pensaba en el retiro hace dos años

SATISFECHO. José Sulaimán deseaba irse con la cara en alto y que los demás juzgaran su labor al frente del organismo que lideró durante más de 30 años. (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL )
alejandro.rodriguezd@eluniversal.com.mx
La figura de José Sulaimán se hace presente con una sonrisa. Se alista al encuentro de la enésima entrevista de su vida. Una charla para hablar de su vida, su legado, su mundo en el boxeo.
Tras saludar, acaricia a su pequeño Alí. Su perrito nombrado así en honor a su ídolo y amigo Muhammad Ali. Esa tarde de enero en su casa de Lindavista, hace dos años, daba su última entrevista a EL UNIVERSAL.
Don José sentía cerca su final al frente del Consejo Mundial de Boxeo (CMB). Después de casi cuatro décadas como su presidente, creía que era tiempo de entregar la estafeta. Su misión en el boxeo mundial estaba completa.
¿Ya piensa en el retiro?
Lo he meditado muchísimo por una razón. Toda mi vida he sido industrial, hombre de negocios. Y los últimos 20 años, casi los he dedicado al Consejo Mundial. Quiero advertir que como presidente no percibo ningún ingreso. A mí me cuesta estar en este lugar.
Al CMB le he entregado mi juventud y vida. Mis mejores sueños. Mis ambiciones. Llegué a una edad en la que aún que me sigo sintiendo muy joven, pero me pregunto si es conveniente seguir como presidente. Otra cuestión es que soy una persona que cree en los ciclos. Toda en la vida principia al nacer y termina al morir. Por eso, yo no quiero terminar como presidente del CMB siendo criticado y atacado por los medios y por la gente del boxeo; quisiera irme cuando todo mundo crea que hice lo mejor, que pude hacer las cosas de la mejor forma.
No quiero irme cuando ya me sienta acabado. Quiero irme con la frente en alto. Y no sé si mi círculo ya se cerró. Eso más bien es la opinión que deben emitir mis compañeros del Consejo Mundial.
¿Qué tanto ha impulsado el CMB al boxeo mexicano?
El boxeo mexicano ha estado ligado al Consejo Mundial. Todos los acuerdo del Consejo se han implementado de inmediato en México. Yo no tengo ninguna autoridad legal aquí, pero tengo autoridad moral, según me dicen mis amigos [risas].
Para México, lo más importante fue abrirle las puertas a los boxeadores. En aquellos tiempos, cuando para la televisión sólo existían los pesos completos, nosotros la abrimos para el boxeo mexicano, para que fueran respetados y contratados. ¿Cómo lo hicimos? Con nuestras clasificaciones y no permitiendo los monopolios de los managers y promotores.
Otro aporte fue no permitir los abusos. El negocio del boxeo decía y el boxeador hacía. Observen los años de antes, el boxeador era una pieza de ajedrez, lo movían al antojo de ciertas personas. Eso se acabó. El Consejo le trajo respeto al boxeador. El que ya no les pagaran cacahuates. El que hubiera un organismo que los empujara, proyectara y los defendiera.
Antes, sólo teníamos a Raúl Ratón Macías, Joe Becerra, José Pérez Flores Battling Shaw, Ultiminio Ramos, Lauro Salas y Juan Zurita. Esos eran todos nuestro campeones. Ahora son más de 100.
¿Se siente usted criticado?
Las críticas buenas las tomo para analizar mis decisiones. Las críticas que veo que son negativas, las tiro a la basura. Nunca espero que las cosas vengan a mí. Para triunfar voy por lo que quiero, siempre. Voy a la montaña.
A mí me gusta mi presidencia con la mano izquierda, con una política de entendimiento mutuo. Me gusta prevenir y no lamentar. Cuando veo que viene un problema, voy a él no lo dejo llegar. Son cosas que he aprendido a lo largo de la vida y de muchas lecturas de grandes héroes que he tenido.
Así como es crítico con el boxeo, ¿también lo es con el deporte mexicano en general?
La satisfacción del pueblo es lo único que puede dar dinero y seguridad. Si se mete a los niños a hacer una cultura deportiva desde que están en la primaria, su mente se vuelve patriótica, de lucha y honestidad. De encontrar la humildad para ganar y la dignidad para perder. Solamente el deporte.
El gobierno mexicano no tiene deporte masivo, deporte federativo. El deporte federativo sólo escoge a los que son los mejores para competir a nivel internacional. No van a la base, no crean cultura. En todos los colegios de México pasa que cuando hay recreo, les avientan la pelota de futbol. Eso me da coraje que suceda en mi país.
Yo quisiera, antes de morir, dejar un México diferente. Un México con una gran actitud mental desde la niñez hasta la vejez. Que se le den las oportunidades a todos.
Perdone la pregunta, ¿usted siempre porta ese crucifijo?
El papa Juan Pablo II me bendijo este crucifijo que me regaló mi padre hace 50 años. Me lo robaron en un hotel de Cancún. Le oré al Papa para que me lo regresaran y una persona de Chicago me habló para decirme que me lo devolvería. Y esta medalla de plata de la virgen de Guadalupe me la dio mi madre antes de morir. Ella murió en 1951. Imagina lo que significó que regresara a mis manos. La familia es lo más grande que tenemos.





