El Mundial en la pantalla grande
Video. Capitalinos arriban al Ángel a la Independencia para festejar el triunfo de la Selección Mexicana, luego de su primer encuentro en el Mundial de Brasil 2014. Elementos del cuerpo de granaderos resguardan el monumento

LLENO. En las salas de cine también se vivió el ambiente de Brasil 2014. (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL )
juan.arvizu@eluniversal.com.mx
Oribe Peralta mueve el marcador y eleva el ánimo de los aficionados que ocupan una grada formada por butacas, en una sala en cuya puerta se encuentra un refrigerador con cervezas “bien muertas”.
Corre el minuto 29 del segundo tiempo. Se levantan de sus asientos, impulsados por el entusiasmo, ahora sí en firme, no como las dos ocasiones anteriores del primer tiempo, en el que el árbitro anuló el par de goles de Giovani dos Santos.
Quieren sentir que han ido al estadio, que los envuelve la atmósfera de la porra de México. Están en un cine de Paseo de la Reforma, a unos 100 metros del Ángel, frente a una gran pantalla que reproduce la transmisión del juego.
Son decenas de aficionados que han llegado con su adrenalina en las venas, lista para activarla a favor de su Selección de futbol, con la que se identifican vestidos de rojo o verde, y hasta con las playeras oficiales del grupo que lidera Miguel 'El Piojo' Herrera. Algunos han llegado con banderas nacionales.
Varias salas del cine están reservadas por empresas, que regalan la media mañana a sus empleados.
Otros han llegado por su lado, con sus hijos, amigos, compañeros de estudios, con las ganas de corear jugadas, mentar la madre de los contrarios, aplaudir, gritar hasta el cansancio. Pero la magia del estadio no aparece en la oscuridad del cine.
La Selección Nacional le echa ganas, y sus seguidores hacen lo propio: gritan y se desesperan en el arranque del segundo tiempo.
En la pantalla, la imagen de tormenta deja ver empapados a los aficionados que han ido al estadio de la ciudad de Natal, cansados allá, a la espera de la magia del gol que se presenta y los fascina y los hace saltar, bailar y cantar.
Los coros que recorren el estadio de “Olé, Olé, Olé, Olé”, se combinan con esa identidad sonora de los mexicanos en todas las latitudes, el "Cielito Lindo". Pero en las butacas del cine, la luz del triunfo sólo se presenta unos segundos. Y exclaman una porra: “México, México; ra, ra, rá”.
Han intentado formar una ola, y seguir el coro del estadio de “¡ole!”, pero se animan poco. Intentan ejercitar la rudeza de la porra en el estadio, la que agrede e insulta al adversario y al mismo árbitro, si es que se equivoca. Se les va vivo el silbante colombiano, Wilmar Roldán.
Pero también se les va el tiempo, y muchos salen a toda prisa, al terminar el partido, de regreso al trabajo en los edificios de oficinas de los rumbos de las colonias Cuauhtémoc y Juárez. Empieza a reaparecer la gente en Paseo de la Reforma y hay quienes tienen tiempo de irse al Ángel de la Independencia.
“¡Qué emoción! ¡Vamos! ¡Nunca he ido!”.





