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"Siempre me consideré un árbitro diferente"

Édgar Luna Cruz| El Universal
Jueves 17 de julio de 2014

CONFIANZA. El polémico "Chiquimarco" está convencido de que mientras haya buen futbol en México, habrá buen arbitraje; defiende a su gremio, dice que no son robots. (Foto: ETZEL ESPINOSA / IMAGO7 )

Asegura que se entregó se manera íntegra al futbol; dice que nadie es indispensable y le llegó su momento final

edgar.luna@eluniversal.com.mx

Ve para ambos lados, sus asistentes están listos, los equipos también y la hora es la indicada. Él manda, silbato suena y el partido inicia.

El 16 de febrero de 1997, en el estadio Sergio León Chávez de Irapuato, Marco Antonio Rodríguez pita su primer partido en la Primera División. Fue un Atlante-Pumas. Ahí inicia la carrera del 'Chiqui'.

“Aprendí a vivir en la alta competencia. La Liga mexicana es muy competitiva y ayuda a formar buenos árbitros”, recuerda el ahora exsilbante.

El juego avanza. Los jugadores hacen todo lo posible por ganar, lo intentan todo, hasta lo no permitido, pero ahí está él, el dueño de la justicia, el que tiene como arma las tarjetas: la amarilla y su favorita, la roja.

Rodríguez expulsó en su carrera a más de 300 futbolistas y en muchos encuentros salió con reclamos más allá de los normales.

“Agradezco mucho a los jugadores. Todo lo que se vivió en la cancha fue parte del proceso. Siempre me consideré un árbitro diferente, y ahora que me he titulado como técnico, los comprendo mucho más”.

El juego se hace adulto, las amonestaciones son el aviso previo a la expulsión y los futbolistas saben hasta dónde reclamar. Marco llevó sus juegos con calma. Aprendió de sus errores, maduró. “Soñé siempre con tres Copas del Mundo, y lo logré, nunca soñé con una cuarta. Soñé con tres y en una de ellas hacer un trabajo brillante y así considero que fue la Copa del Mundo de Brasil para mí. Siempre hay puntos de mejora, pero me siento satisfecho”.

—¿Y que pasó con la mordida de Luis Suárez? Ocurrida en el partido entre Uruguay e Italia.

—Eso ya pasó. Ya sólo veo hacia adelante, responde.

El juego se acerca al final. Voltea al centro del campo, y le hace a su asistente la señal del tiempo que va a agregar.

“Me voy fuerte, me voy sano y me voy muy contento”.

Mas ¿te vas va dejando escuela?

“Eso no lo sé. Traté de ser y siempre fui Marco Rodríguez. Lo que puedo decir es que los árbitros no son robots, todos son diferentes. Traté de ayudar tanto en la cancha como fuera de ella. Lo que veo es que hay un gran semillero, vienen buenas camadas. Mientras haya buen futbol en México, habrá buen arbitraje”.

Se pone en el centro del campo, levanta la mano en señal de que terminará el juego.

La nostalgia lo invade.

“Nadie es indispensable. Las instituciones permanecen, son más importantes que los hombres. En su momento, sudé, me entregué de manera convencida, íntegra. Pero ya llegó el final. Me voy satisfecho de lo que le entregué a la Federación, y la Federación confió en mí para poder arbitrar sus partidos importantes y creo que estamos satisfechos mutuamente”.

—¿Te molestó que te dijeran 'Chiquidrácula'?

—Uno se acostumbra a todo. Hace poco vi a Carlos Espejel y me dijo, ‘somos de la misma especie’.

Marco pita el final de su carrera. 24 años después todo inicia donde comenzó, con el silbato en la boca.



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