Torres Servín, otro error de García Aspe

PROBLEMAS. Antonio Torres Servín no logra hacer que su equipo camine. (Foto: FRANCISCO ESTRADAJAM MEDIA )
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La oportunidad de ser el director técnico de los Pumas le llegó a Antonio Torres Servín de sorpresa. Las apuestas fallidas en que se convirtieron Joaquín del Olmo y Mario Carrillo, ambos llevados al banquillo felino por Alberto García Aspe, Vicepresidente Deportivo del club, le abrieron la puerta al cargo.
“Si no asumo esto ahorita, ¿para qué estaría yo hecho?”, aseguró en su momento Toño en entrevista con EL UNIVERSAL, al ser ratificado como entrenador del primer equipo auriazul, luego de dos interinatos en el Apertura 2012.
Hoy, Torres Servín es víctima de los insultos de la afición puma, que pide su cese. Los números parece que no avalan su continuidad, tras un inicio de torneo sin triunfos (dos igualadas y dos caídas). Y él lo sabe.
“Me siento con pena hacia la afición y nada más. Estoy pensando ahorita en ver hacia adelante”, admitió el estratega auriazul, después de la derrota 2-0 ante Tigres en Ciudad Universitaria. Ahora, Pumas es penúltimo lugar del Apertura 2013 con dos puntos de 12 disputados.
No estaba en el presupuesto de Toño ocupar el cargo de timonel auriazul. Había sido invitado por García Aspe a formar parte del cuerpo técnico de Del Olmo. Fue “rescatado” por la dirigencia felina al considerarlo un elemento de “casa”.
Sin embargo, las circunstancias se dieron y finalmente se convirtió en el timonel de los Pumas. Antes, su trayectoria había sido como auxiliar de Enrique Meza con el Pachuca.
Asumió la responsabilidad para apagar la hoguera en que se había convertido el conjunto auriazul luego del paso de Del Olmo y de la turbulenta era del Capello.
En su “bomberazo”, logró dos triunfos, un descalabro y la directiva universitaria lo ratificó.
Cumplió en el Clausura 2013 con llevar a la Liguilla a Pumas, que tenía tres torneos sin acceder a esa fase.
La falta de gol fue el achaque de su equipo en el certamen anterior y, para éste, El Beto buscó apuntalar a su equipo con un volante por izquierda (Cándido Ramírez) y un centro delantero en la figura de Ariel Nahuelpán (inicialmente sería Emmanuel Gigliotti, pero la transacción se le cayó a la dirigencia auriazul).
Ambos refuerzos no han pesado como se esperaba. Tampoco Toño ha tenido el éxito presupuestado.
La afición universitaria le ha dejado sentir su desprecio con gritos por un estilo de juego que no le convence. En total, Torres Servín ha dirigido 26 partidos, tiene 10 triunfos, siete empates y nueve derrotas en liga. Insuficiente para una tribuna que pide a gritos que caiga su “cabeza” de inmediato y la del personaje que lo colocó en el banquillo de los felinos: Alberto García Aspe.





