Disfuncional, pero sexy

. (Foto: Especial )
Faltan 48 horas para que inicie la edición Otoño/Invierno 2014-15 de Mercedes-Benz Fashion Week México y, como cada temporada, lo que más me entusiasma de este suceso no es necesariamente conocer las propuestas de los diseñadores que participan en esta plataforma, sino el reencuentro con la exótica estirpe del fashion system azteca.
Durante cuatro días podré charlar e intercambiar puntos de vista con amigos que conozco desde hace años; también destilaré los más ponzoñosos comentarios en compañía de colegas a quienes, rigurosamente, veo cada seis meses; de igual forma, tendré que sortear los desagradables encontronazos con aquellas personas que consideran mi presencia tan grata como una patada de mula justo ahí, donde más duele, ¡en el orgullo!
La semana oficial de la moda en México es muy parecida a la típica reunión familiar a la que forzosamente debemos ir, y que sólo de imaginarla nos produce jaqueca, pero a la cual por ningún motivo faltaríamos (¿ya había dicho que somos contradictorios?). En su artículo Con otras familias, publicado en la gaceta Leer+ de las librerías Gandhi, Lobsang Castañeda apunta lo siguiente: "Nadie escoge a sus padres, hermanos, tíos o abuelos. Si de familia se trata, el azar juega un papel definitivo. Hay a quien le va bien y a quien le va mal, quien tiene la mejor de las parentelas y quien ve incendiados sus sueños entre seres tardos o brutales. Lo único cierto es que, hagamos lo que hagamos, jamás podremos modificar nuestro origen, el lugar en el que respiramos por primera vez, la lengua que nos tocó hablar y las costumbres que forjaron buena parte de nuestra personalidad. Somos, en esencia, hijos de una serie de circunstancias que perduran en nuestra memoria". Más claro, ni el Absolut Vodka.
Pero Castañeda no encamina su texto hacia la resignación, sino que ofrece una alternativa para no permanecer cautivo en el entorno familiar: "El poder de la imaginación no tiene límites. Con el estímulo adecuado (los libros, por ejemplo) uno puede concebirse dentro de otra familia, en otro país o hablando otro idioma [...]En la famosa ‘edad de la punzada' la mayoría de los que nos rodean nos aburren y, quizá por eso, nos preguntamos qué hubiera sido de nosotros de no haber nacido donde nacimos o de no tener la familia que tenemos".
Yo, como todos, me he entregado a este ejercicio en numerosas ocasiones. Vestido completamente de negro y con todos los accesorios dorados que pueden caber en mi cuerpo, imagino cómo sería mi vida si, por ejemplo, hubiera sido hijo de Donatella Versace (las teorías que mi cabeza formula son material para otra columna).
Y son precisamente los italianos los responsables de imprimir en el imaginario colectivo la idea de la familia como un núcleo tan inquebrantable como truculento, capaz de cometer los más escandalosos crímenes o realizar nobles sacrificios en nombre del amor y el apellido (también del dinero, obviamente).
Para muestra, la ya mencionada Donatella, quien junto con su hermano Santos y el resto de sus no muy visibles parientes constituyen uno de los clanes más siniestros del glam europeo. En el otro extremo se encuentran los aristocráticos Ferragamo, los elegantes Missoni y los ultra chic Etro. En Estados Unidos, por ejemplo, durante varios lustros los Gray tuvieron un envidiable lustre al frente de la marca St. John, mientras que los Hilton, con la siempre polémica Paris al frente de la ola mediática, no ceden su lugar en el candelero de la fama y el glamour.
La genealogía de la moda mexicana es retorcidamente ecléctica, pero a la vez afortunada, por lo que se convierte en receptora idónea del refrán popular: "A quien Dios no le dio hijos, el diablo le dio sobrinos". Y en la gran familia de la moda mexicana todos, a querer o no, somos tíos de alguien más...





