Los genios detrás del Tláloc II-TC

LOGRO. El aparato detectó la existencia de tres cámaras que podrían contener los restos de los gobernantes teotihuacanos. (Foto: ARIEL OJEDA EL UNIVERSAL )
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Sobre una mesa blanca del patio que a veces ocupan como taller, está Tlaloc II-TC. Sus orugas todavía conservan el lodo de la última vez que recorrió el tramo final del túnel que se ubica debajo del Templo de la Serpiente Emplumada, en Teotihuacan, donde hace tres semanas logró detectar la existencia de tres cámaras que podrían contener los restos de los gobernantes teotihuacanos.
Sentados a la mesa están Hugo Armando Guerra Calva (28 años), Alberto Álvarez (24 años) y Francisco Castañón (30 años). Ellos son los tres jóvenes ingenieros egresados del Instituto Politécnico Nacional (IPN) que diseñaron y dotaron con lo último en tecnología a este pequeño robot que fue creado especialmente para explorar los últimos metros de ese túnel clausurado por los teotihuacanos hace más de mil 800 años.
Entre las sonrisas y bromas que lanzan antes de comenzar la entrevista se nota su nerviosismo. Dicen no estar muy acostumbrados a eso.
Lo suyo, cuentan Hugo Armando y Francisco, ha sido desarmar cualquier objeto electrónico desde que eran unos niños.
“Mis papás me decían destructor porque todo desarmaba. Mi primer experimento electrónico fue cuando tenía como 7 u 8 años: tenía una pila recargable y como veía que mi papá la conectaba a la luz, en una ocasión que estaba solo agarré una extensión, le puse dos cables a la pila y la conecté a la luz. Sólo vi cómo explotó”, recuerda Hugo Armando, entre risas.
“A mí me interesó más la programación desde que iba en la vocacional”, añade Alberto.
Fue durante la carrera profesional, en la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME) Azcapotzalco, cuando estos tres jóvenes realizaron sus primeros prototipos como pruebas escolares o para participar en concursos nacionales, hasta que, casi como un golpe de suerte, su primer proyecto profesional los colocó en el centro de atención por ser los segundos en el mundo en emplear un robot como herramienta de exploración arqueológica.
La primera vez que esta tecnología se usó en un proyecto arqueológico fue en Egipto, cuando el pequeño robot Djedi, creado por el investigador Ng Tze Chuen, de Hong Kong, exploró las entrañas de la Gran Pirámide de Keops, aunque el equipo únicamente pudo corroborar la presencia de una pared al final de un túnel estrecho y empinado.
Pero la propuesta de estos tres jóvenes ha sido distinta
El proyecto de colaboración con el INAH, cuenta Hugo Armando Guerra Calva, comenzó originalmente como un proyecto de tesis que inmediatamente llamó la atención de los arqueólogos Salvador Guilliem, entonces Coordinador Nacional de Arqueología, y Sergio Gómez Chávez, director del “Proyecto Tlalocan, Camino bajo la tierra”.
“Estaba planeando mi proyecto de tesis relacionado con los robots en exploración arqueológica. Yo sólo buscaba información para documentar la tesis, pero por casualidad conocí a Salvador Guilliem y él me planteó la idea de usarlo en proyectos concretos. Por él conocí a Sergio y le interesó mi propuesta, porque era una idea nueva, que nadie había hecho en México”, cuenta el artífice del Tlaloque I, el primer robot que en 2010 mostró las primeras imágenes de ese pasaje subterráneo descubierto en 2003.
Recorriendo el inframundo
El éxito y la experiencia de ese primer equipo robótico fue importante para mejorar el diseño de Tláloc II-TC, proyecto al que Francisco Castañón y Alberto Álvarez se integraron hace un año.
El robot, equipado con un vehículo transportador que lleva un escáner y un robot insecto con una cámara infrarroja, además de un pequeño helicóptero que permite tomar imágenes con cámaras de video, cobró protagonismo el pasado 22 de abril, cuando diversos medios de comunicación esperaban a la entrada del túnel las primeras imágenes que el equipo transmitiría durante su recorrido en los últimos 30 metros del túnel.
Aunque hubo complicaciones, el robot reveló información inédita: la existencia de tres cámaras y no una, como originalmente lo habían previsto los arqueólogos.
Después de ese día los ingenieros han realizado más pruebas con la intención de realizar un mapeo completo del espacio, pero las condiciones del terreno han dificultado la exploración. “En la primera parte hay arena, es como una tierra muy finita, después pasa una zona de piedras, luego es puro lodo. En las imágenes se ve un terreno plano, pero el robot tiene dificultad para moverse”, detalla Guerra Calva.
A estas complicaciones del terreno se suma la humedad y la presencia de gas radón, que además de que puede llegar a ser tóxico, impide el funcionamiento de los equipos electrónicos. “Al fondo se siente la condensación de la humedad y ese es uno de los principales problemas para los equipos electrónicos, pero también se habla de la presencia de un gas que dicen que puede llegar a deteriorar la vida útil de la baterías”, comenta Francisco Castañón.
“La idea es escanear el túnel para hacer el dibujo tridimensional del conjunto, no por segmentos como ahora”, señala Guerra Calva, quien asegura que en los próximos días volverán a hacer una prueba, una vez que el robot sea revisado para detectar posibles fallas en la batería o en alguna otra pieza.
Su aportación a la historia
Para estos jóvenes, colaborar en este proyecto que se ha caracterizado por utilizar tecnologías innovadoras en arqueología, como equipos de robótica, escáner láser o el georradar, es un privilegio, pues además de que han sido los primeros en ver las condiciones del final del inframundo, les ha dado la oportunidad de difundir su trabajo y de contribuir en uno de los proyectos de mayor importancia en la arqueología mexicana.
“Para nosotros lo importante es dar a conocer nuestra experiencia con la creación de un prototipo que puede aportar información a la historia, al conocimiento humano”, destaca Francisco Castañón.
“Rompimos muchos paradigmas: el que en México no se podía hacer algo así o que saliendo de la carrera eres recién egresado y sin experiencia, pero aquí nos dieron la confianza de hacerlo. Pero lo que más nos da orgullo es decir que no sólo en Alemania o Japón se puede hacer este tipo de cosas, también en México se puede”, destaca Alberto Álvarez.
Como resultado de este éxito, los tres jóvenes acaban de fundar HA Robotics, una empresa dedicada al diseño y programación de equipos robóticos, así como a la exportación de piezas electrónicas.
Aunque aseguran tener otros proyectos ajenos a la exploración arqueológica, por ahora están enfocados en afinar los detalles del próximo recorrido de Tláloc II-TC, pues mantienen la esperanza de que el equipo aún pueda revelar nuevas luces hacia el final del túnel.





