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El taller de gráfica popular un proyecto congelado

Sonia Sierra| El Universal
Lunes 22 de octubre de 2012

El Taller Gráfico Popular nació hace 75 años, cuentan sus integrantes actuales. Yadín Xolalpa

Yadín Xolalpa

El grupo que encabeza el Taller tiene una gran preocupación por preservar los archivos, y cuentan que no se le da la importancia que debería por parte de funcionarios, pues carece de presupuesto para darle mantenimiento. Yadín Xolalpa

La producción de obra del Taller es ya muy limitada. Algunos de sus pendientes son el inventario y la investigación sobre otros artistas que integraron el Taller. Yadín Xolalpa

Los integrantes aseguran que no tiene problemas de humedad y que harán inventario para precisar cuántas piezas hay pues cuentan que unas dos mil obras se fueron a la Academia de San Carlos en 1971, en comodato, pero nunca regresaron. Yadín Xolalpa

El Taller de Gráfica Popular se ubica en la Colonia Doctores de la ciudad de México. El grupo que dirige la organización cuenta que el propio edificio es una conquista, aunque esto le genera un gasto anual de predial de alrededor de 55 mil pesos. Yadín Xolalpa

El taller de grfica popular un proyecto congelado

. (Foto: Yadin Xolalpa / El Universal )

En 75 años reunió a grandes artistas e impulsó el grabado; hoy carece de subsidios, así como de un proyecto de difusión, exhibición e investigación de sus archivos

ssierra@eluniversal.com.mx  

El movimiento cultural y el momento social y político de México a inicios del siglo XX dieron pie a la formación de espacios como la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) y al Taller de Gráfica Popular (TGP). Aunque el segundo sobrevive (la primera desapareció en 1938), el peso del pasado del Taller, el valor de su archivo, el rescate que en su momento significó para la tradición del arte gráfico y el alcance que sus mensajes sociales y políticos tuvieron en el país no han sido suficientes para contrarrestar la inmovilidad y el encierro que hoy le caracterizan.

Fue en 1937, hace 75 años cuando nació la que desde 1955, dicen sus integrantes actuales, es una Asociación Civil. Ahí estuvieron artistas como Alfredo Zalce, Pablo O´Higgins, Jesús Arteaga, Ángel Bracho, Alberto Beltrán, Arturo García Bustos, Raúl Anguiano, Jesús Álvarez Amaya, Mariana Yampolski, Luis Arenal entre otros.

La muerte el 21 de junio de 2010 de su entonces presidente vitalicio, Álvarez Amaya -un artista que durante 40 años tomó las riendas del Taller, consiguió recursos, lideró y encausó proyectos-, dejó a esta institución sin una viabilidad para el manejo de los recursos -por ejemplo, el retraso en la firma electrónica para conseguir la renovación del subsidio en el Instituto Nacional de Bellas Artes- pero además hubo divisiones, acusaciones y la formación del autonombrado “Taller de Gráfica Popular en el Exilio”.

La casa de Manuel Villada

En las memorias del IV Encuentro de Investigación y Documentación de Artes Visuales, del Cenidiap (Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas) la investigadora Jacqueline Romero Yescas se refiere al olvido de la memoria documental artística y cita el caso del TGP. Explica, entre otros hechos, que en la sede “la documentación se encuentra en siete espacios que por el momento están sellados”.

En entrevista, Romero asegura que el grupo que encabeza el Taller tiene una gran preocupación por preservar los archivos. “El Taller se está olvidando. No se le da la importancia que debería por parte de funcionarios. Necesita mucho presupuesto para darle mantenimiento, cajas, guardas...”.

Para hablar del tema, de sus 75 años y del futuro, en la sede del Taller, Manuel Villada 46, colonia Doctores, parte de los actuales integrantes del TGP -que en total no pasan de 20-, aceptó conservar: el secretario y apoderado legal Francisco Javier Calvo, los artistas Roberto Lazos, Héctor Vargas y Julián Castruita, los maestros Eleazar Hernández y Francisco Hernández, (el director, Alfredo Mereles está enfermo desde hace varios meses).

El propio edificio es una conquista del TGP. Después de haber estado por décadas en sedes temporales -en un taller del mismo Arteaga, en las colonias Centro, Roma, Doctores e Independencia, en casa del propio Álvarez Amaya- desde los 90 tienen una sede propia que les dio el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas. Sólo que el edificio, cuentan ellos, representa un gasto anual de predial de alrededor de 55 mil pesos, y además hay que hacer pagos de luz y agua (para bajar estos costos se mermó la producción de grabados). Hay que pagar además a dos empleados: una secretaria y un vigilante. Este es un primer problema porque hoy no hay subsidio alguno. El TGP sobrevive, dice Calvo, de “estirar” los recursos que recibieron del INBA en 2010.

De acuerdo con el Instituto, durante más de 10 años el INBA otorgó un “apoyo económico para la investigación, fomento creación y difusión de las artes plásticas”.

Calvo refiere que el subsidio “no pasaba de 200 mil pesos al año”.

En la segunda y tercera plantas de la casa, en cuartos cerrados con llaves, con hojas pegadas a la altura de las chapas y firmadas por varios integrantes del Taller, permanece guardado el Archivo. No se puede acceder a él.

Los integrantes aseguran que no tiene problemas de humedad y que hoy hacen el inventario para precisar cuántas piezas hay, toda vez que cuentan que, por ejemplo unas dos mil obras se fueron a la Academia de San Carlos en 1971, en comodato, pero nunca regresaron; que no es claro cuántos y dónde están materiales de José Sánchez y Álvarez Amaya (ambos fallecidos).

A la pregunta de cuándo y por qué se cerró el archivo, Castruita responde: “Se cierra a raíz de que se estaba haciendo un inventario para saber qué es lo que hay. Nosotros, a la muerte de Álvarez Amaya, nos hacemos responsables y queremos ver qué es lo que quedó del Taller”. Y ante otra pregunta sobre cuánto tiempo lleva cerrado, dice: “No le voy a decir exactamente; más de un año porque estamos haciendo inventario; tenemos que rendir cuentas”.

Calvo interviene: “Mucha gente piensa que, a pesar de que resguardamos el acervo, que no tenemos derecho siquiera a tocarlo. Es absurdo. Debe haber inventario, pero ¿a quién le vamos a rendir cuentas si somos una asociación civil?”.

Acciones y pendientes

Tras la muerte de Álvarez Amaya, dicen los entrevistados, estos dos años se han dedicado también a legalizar la situación ante Hacienda para poder volver a obtener recursos, han hecho algunas exposiciones y tienen un plan de muestras para 2013. La producción de obra ya es muy limitada -si va un artista tiene que llevar una carta institucional de respaldo-. Como pendientes tienen el inventario, la investigación sobre otros artistas que integraron el Taller pues de muchos no existen datos y no aparecen en el libro de 1977, de Helga Prignitz-Poda.

De lo que hay en el archivo, Calvo refiere que existen grabados de varios artistas; menciona a Arenal y Méndez, y que están gran parte de las placas para el libro 450 años de lucha. No da cifras aproximadas.

Calvo, quien es impresor, reconoce: “trabajamos de una manera marginal” y aunque considera que para salir de esto podría llegarse a “un gran consenso de cual yo no estoy excluyendo a nadie, porque yo no soy dueño de nada”, pide que sea “en orden, sin imposiciones, ni lineamientos verticales”.

Al pedirle definir “lineamientos verticales”, Calvo dice:

“Mucha gente piensa al momento de morir el maestro (Álvarez) Amaya, que esto es un botín político internacional. Aquí adentro hay muchos intereses. Puede hacerse un gran consenso pero no vamos a entregar un patrimonio que no nos pertenece, porque el Taller es patrimonio universal, mundial”.

Sentados en la planta baja del edificio, donde se exhiben obras de varios creadores y libros, donde se producen grabados en las noches porque los maestros trabajan a lo largo del día en otras actividades ya que aquí en el TGP no cobran dinero, y donde se encuentra la prensa que compró Leopoldo Méndez para el Taller, puntualizan:

“Queremos rescatar al Taller, pero en su integridad -dice Calvo-. No lo queremos en comodato en ningún lado. Nos han ofrecido hasta propuestas internacionales para entregar nuestro archivo, pero es parte de nuestra forma de trabajar, del Taller: obra nueva con obra antigua. Tenemos esas matrices, tenemos obras de archivo muy importantes y si la labor es con una visión social, debe mantenerse así, no se debe burocratizar, no se debe institucionalizar. Pido que nos permitan estabilizar el Taller. Quisiera que los que se dicen del Taller mostraran alguna nota donde digan ‘cooperé para el sueldo del velador’, ‘traje una despensa, una caja’... No se han parado aquí a ayudarme a defender la institución”.

Castruita afirma: “Para evitar decisiones unilaterales, de una persona, se formó una dirección colectiva; aquí una persona no puede decidir, decide un colectivo. No creemos en la democracia vertical: Javier Calvo nos consulta, si no estamos de acuerdo no se arregla”.

No hay respuestas a muchas preguntas: -“Usted puede preguntar y nos adjudicamos el derecho a contestar o no”, dice Castruita.

Tampoco hay proyectos nuevos. Imposible no pensar en una ballena varada en la playa.



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