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El oficio de relatar la ciudad

Abida Ventura| El Universal
Martes 20 de marzo de 2012
El oficio de relatar la ciudad

ÁNGELES GONZÁLEZ GAMIO . (Foto: AMARANTA MARENTES EL UNIVERSAL )

Desde el siglo XVI han existido los cronistas que, por vocación y sin pago alguno, se dedican a construir la historia de una urbe en cambio permanente

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Con su incalculable riqueza patrimonial tangible e intangible, con su carácter de impredecible y vertiginosa, la capital mexicana resulta ser una ciudad difícil de comprender.

Conocer lo que acontece en cada rincón de esta gran capital sólo es posible gracias a la tarea de los cronistas, quienes operan como los ojos y los oídos de cada barrio, colonia o delegación y cuyos relatos serán el testimonio de esta época para las futuras generaciones.

Desde el siglo XVI, con Francisco de Cervantes Salazar, la responsabilidad de hacer la crónica de la ciudad de México había recaído en una sola persona. Salvador Novo, Miguel León Portilla y José Luis Martínez ocuparon este cargo.

En 1985, cuando el presidente de la República, Miguel de la Madrid Hurtado, nombró a Guillermo Tovar de Teresa cronista de la ciudad de México, desde su designación el historiador sostuvo que el modelo de tener un solo cronista para tenía sus limitaciones, y solicitó la creación de un Consejo que reuniera a intelectuales para hacer la crónica colectiva del Distrito Federal.

Así, por decreto presidencial, el 18 de febrero de 1987 se creó el Consejo de la Crónica de la Ciudad de México. Pero en 2007, dicho Consejo tomaría otro rumbo: se separó del Gobierno del DF y se constituyó en Asociación Civil ante notario, bajo la presidencia del propio Guillermo Tovar de Teresa. Al grupo de intelectuales que lo conformaban se integraron otros, con el fin de formar un grupo de cronistas de diferentes campos de la cultura y las artes.

“Dejé de ser cronista de la ciudad de México hace 25 años para convertir la designación honorífica en un Consejo, para afirmar el carácter colectivo de la Crónica de la Ciudad. A la crónica se contribuye pero es imposible realizarla por una sola persona. Por eso, transformé un nombramiento honorífico en algo colectivo y ciudadano donde puedan participar diversos actores de nuestra realidad capitalina”, comenta el autor de La Ciudad de los Palacios. Crónica de un patrimonio perdido (1990), quien considera que ser cronista de la Ciudad de México no es una chamba, sino una vocación.

“Lo que sucede con el Consejo que fundé en 1987 y refundé en 2007, es que los miembros y colaboradores que pertenecemos a este grupo, lo estamos por vocación y por gusto”, afirma el historiador, quien fue director del Consejo de la Crónica hasta el año de 2010.

Memoria histórica

Entre los integrantes del Consejo de la Crónica, que hoy en día preside el cronista Román Sánchez Fernández, se encuentran escritores, intelectuales, académicos, periodistas, críticos y artistas como Jacobo Zabludovsky, José Luis Cuevas, Alfredo López Austin, Eduardo Matos Moctezuma, Miguel León Portilla, Vicente Leñero, Raquel Tibol, Francisco Toledo y Enrique Florescano.

Junto a este grupo de intelectuales, se encuentran los cronistas locales de cada barrio y colonia, que integran la Asociación de cronistas del Distrito Federal y Zonas Conurbadas A.C, creada hace 22 años y que ahora tiene a más de 40 miembros, de las distintas delegaciones y que son especializados en diversos temas.

“Nuestra asociación cumple ya 22 años. Son los cronistas de a pie, no son las luminarias, pero es gente que en toda su vida se ha dedicado a documentar una colonia o un barrio, y que lo hace sin ningún salario, por el mero gusto de estar documentando la ciudad de México, por vocación, por satisfacción”, asegura Jaime Valverde Arciniega, actual presidente de esta Asociación de Cronistas.

“La cuestión es que los de la talacha, los que somos oriundos de los barrios y pueblos que hacemos crónica, somos los de la Asociación de Cronistas. En el Consejo de la Crónica hay gente que ha hecho estudios sobre Coyoacán, sobre Xochimilco, pero no son nativos del lugar. Son académicos, pero no tienen el arraigo, ni el compromiso de estar junto con su propia gente defendiendo lo que esta pasando en la ciudad con tanto urbanismo depredador”, asegura Alfonso Hernández Hernández, quien se autodenomina cronista y “hojalatero social” de Tepito.

Tener un cronista en cada rincón de la ciudad es necesario porque sólo así podemos conocer a esta ciudad de ciudades, considera la cronista del Centro Histórico, Ángeles González Gamio:

“Cada delegación tiene sus fiestas, sus mayordomías, sus tradiciones que se siguen conservando. Los cronistas de cada barrio o colonia recogen todo eso. Son custodios de la memoria histórica en la ciudad de México, que, como siempre lo digo, es una ciudad de ciudades”.

Otra de las labores loables de estos cronistas, comenta González Gamio, es que son defensores del patrimonio porque saben el valor que tiene.

Así lo afirma Jaime Orozco Barboza, quien se ha dedicado a la defensa del patrimonio construido en la delegación Tlalpan. “Mi tarea es la conservación del patrimonio construido. El centro de Tlalpan tiene un decreto de conservación de la zona histórica, y la gente ha sido celosa con esto y nosotros tenemos que estar ahí al pie del cañón”.

Describe que ser cronista es una actividad que además de ejercerse voluntariamente, se hace de manera honorífica. “No tenemos ingresos de recursos para llevar a cabo nuestros trabajo, el interés que tenemos es transmitir las historias, las tradiciones, las costumbres de nuestros lugares donde hemos nacido o crecido”.

“No hay espacio para cronistas”

Pese a que su trabajo es importante, estos cronistas de colonias y barrios de toda la ciudad no cuentan con ningún apoyo para sus publicaciones o para tener una sede donde reunirse.

“La labor de estos cronistas es de amor, porque no les pagan un quinto, la mayoría de ellos pagan sus propias publicaciones, y los venden ellos mismos, porque no hay un apoyo del gobierno ni de los delegados, una cosa que me parece increíble porque es una labor importantísima”, comenta González Gamio.

“Generalmente tocamos puertas que están cerradas, no tenemos sede donde puedas ir a consultar libros o donde podamos reunirnos.

Cada año mandamos un oficio al GDF para solicitar en comodato un espacio y hasta el año pasado nos contestaron diciendo que no hay espacios para los cronistas. Queremos donar nuestras bibliotecas y que la gente vaya a consultarlas, pero literalmente nos han dicho que no hay espacio”, lamenta Valverde.

El cronista especializado en sitios turísticos, Edgar Anaya, autor del libro México. Ciudad desconocida, donde reúne cerca de 100 lugares relevantes poco conocidos de la capital, que edita y vende por su propia cuenta en comercios, cantinas y hasta pulquerías, comenta:

“El cronista tiene que trabajar por su cuenta, con sus propios recursos. Muchas veces hay cronistas en provincia que tienen más apoyo que los de la ciudad de México, aquí por increíble que parezca no hay ningún apoyo, uno va abriéndose paso. La pasión es tan grande que hace que uno invierta, que dedique tiempo y esfuerzo sin mas retribución que saber de su utilidad”.

En esto coincide la cronista en Azcapotzalco, María Elena Solórzano, de 70 años, autora del libro Clavería Centenaria: “Nuestras publicaciones las distribuimos mano a mano en las delegaciones que vivimos. Somos todólogos, entrevistamos, lo revisamos y hasta imprimimos. Vamos a las delegaciones, a los barrios, a las escuelas a dar pláticas, estamos en contacto con la gente siempre”, dice.

El amor a sus raíces es lo que llevó a Manuel Garcés a ser cronista en su natal Milpa Alta, al sur del Distrito Federal:

“Es un trabajo que nos dignifica y se trata de proyectar la historia de nuestro pueblo para que los niños y jóvenes tengan identidad, reflexionen, analicen que todo lo que tenemos como patrimonio tangible e intangible es de un proceso de muchas generaciones y que lo tenemos que cuidar. En Milpa Alta hay sitios en donde se habla el náhuatl, sus tradiciones son muy bonitas. El amor a nuestra tierra nos impulsa a seguir escribiendo”, dice.

Frente al urbanismo depredador y los constantes cambios sociales, culturales, arquitectónicos y económicos, comenta Alfonso Hernández Hernández, al cronista sólo le queda dar a conocer las tradiciones, los espacios vitales y oportunos de referencia cultural e histórica de esta ciudad.



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