El cine ópera busca una segunda oportunidad

GRANDEZA. El inmueble, que abrió sus puertas en 1949, ha perdido el esplendor que lo caracterizó por mucho tiempo: una enorme pantalla, su candilería en bronce y cristal y sus muros y acabados de refinado estilo . (Foto: YADÍN XOLALPA EL UNIVERSAL )
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El primer contacto de Michael Nyman con el Cine Ópera fue a través de las fotografías que un amigo le mostró. La majestuosidad y la belleza de este edificio de estilo art decó, ahora en ruinas, captaron la atención del músico y cineasta inglés, que en seguida decidió realizar un proyecto visual para retratar ese espacio desértico, “a la vez muerto y a la vez vivo”.
“Los rayos de luz que brillan a través de los orificio del tejado son una irónica pero preciosa parodia de aquel haz de luz que no volverá a proyectar en ninguna película jamás”.
Lo anterior se lee en el catálogo del proyecto visual con el que el cineasta busca llamar la atención de las autoridades capitalinas para que el emblemático edificio ubicado en Serapio Rendón, en la colonia San Rafael, sea recuperado como un espacio que dé cabida a las artes escénicas, como el teatro, la danza o el séptimo arte.
El proyecto visual de Nyman, que se presenta en el Museo del Chopo a partir del próximo 25 de agosto, pone los reflectores sobre este emblemático edificio que desde de finales de los años 90 ha permanecido en el abandono.
Pero el destino próximo de este edificio, que floreció durante la época de oro del cine mexicano, ha quedado en manos del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL). La dependencia encargada de la preservación y conservación del patrimonio mueble e inmueble de los siglos XX y XXI adquirió el pasado 3 de junio los derechos sobre el cine Teatro Ópera, mediante un acta administrativa suscrita por el Instituto de Administración y Avaluos de Bienes Nacionales (INDAABIN).
Según un documento proporcionado por la Secretaría de la Función Pública, el gobierno federal adquirió el inmueble, que era propiedad de la Compañía Operadora de Teatros, S.A de C.V, en septiembre de 1993.
El documento señala que en noviembre de 2010 se dio a conocer a todas las instituciones públicas que el inmueble se encontraba disponible para ser utilizado en la prestación de servicios públicos, siendo el INBA la institución receptora del edificio.
Aunque en el documento no se indica el destino que se le dará al edificio, el INBA asegura que ya se trabaja en un proyecto de recuperación y limpieza del edificio. “Por su estado físico de conservación, el Instituto consideró dentro del programa de obra pública 2011 la instalación de una techumbre provisional para evitar que la lluvia pueda causar más estragos a las instalaciones”, informó personal de la Subdirección de Medios del INBA a EL UNIVERSAL.
Además, se tiene contemplado la limpieza general, el retiro de escombros, la elaboración de una memoria fotográfica y descriptiva para la elaboración de un dictamen estructural.
Sin precisar el destino que se le dará al inmueble, el INBA asegura que una vez que se cuente con el dictamen se elaborará un proyecto de rescate.
Así, el edificio que, se dice, fue cerrado debido a los destrozos ocurridos durante un concierto que la banda de rock británica Bauhaus y su vocalista Peter Murphy ofrecieron en ese edificio en 1998, podría en los próximos años renacer de sus escombros.
Palacio del cine
Diseñado por el arquitecto Félix T. Nuncio y construido por el ingeniero Manuel Moreno Torres, el cine Ópera abrió sus puertas en 1949 con el estreno de la película Una familia de tantas, de Alejandro Galindo.
El edificio que destaca por su estilo art decó y las dos figuras talladas en piedra que recuerdan a las artes escénicas, tenía 3 mil 600 butacas, una gigantesca pantalla, además de su candilería de bronce y cristal, muros de espejo y muebles de refinado estilo.
Esas características dan cuenta de la grandeza de los cines con los que contaba la ciudad de México durante la segunda mitad del siglo XX.
Sin embargo, ahora muchos de ellos se han convertido en centros comerciales o en edificios abandonados.
El cine Ópera y el Cosmos, ubicados en la periferia del centro de la ciudad de México, antes eran considerados como de segunda corrida, pues es ahí donde se pasaban los reestrenos, recuerda en entrevista el crítico de cine Gustavo García: “La experiencia de ver una película en una pantalla gigantesca como la del cine Ópera era única. Ver Los pájaros, de Alfred Hitchcock en ese cine fue maravilloso”.
Al igual que Michael Nyman, García propone el rescate de este emblemático edificio, ya sea como un museo del cine o como un escenario para las artes escénicas. Un proyecto que lo aleje de la misma suerte que corrieron los cines Teresa y Olimpia, ahora convertidos en centros comerciales.
“Yo insisto en que hay que rescatarlo y darle una jerarquía, es uno de los últimos que nos quedan”, dice.
“Hay que rescatarlo, darle un uso comunitario. Un proyecto que incluya no sólo la proyección de películas, sino también salas de conferencias o que se convierta en un centro cultural, que tanto le hace falta a esa zona”, propone el también investigador de cine, quien considera que es urgente detener la ola de destrucción de lo que fueron los grandes palacios cinematográficos de la capital mexicana, como el cine Teresa y el Olimpia.
Una nueva etapa se delinea para esta joya art decó, un estilo arquitectónico característico del siglo XX y presente en diversos edificios de la ciudad de México. Muchos de ellos considerados por el INBA como inmuebles artísticos, título que no los deja exentos de la destrucción inmobiliaria de la ciudad.





