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El defensor de la educación que impulsó la Universidad Nacional

Patricia García| El Universal
Miércoles 22 de septiembre de 2010
El defensor de la educacin que impuls la Universidad Nacional

. (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL )

Justo Sierra luchó para que el sistema educativo se basara en el uso del raciocinio y no de la memorización; y en 1905 puso en práctica su proyecto para que la educación primaria se convirtiera en prioridad nacional de y carácter laica y gratuita

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Justo Sierra Méndez, promotor para la creación de la Universidad Nacional, nació el 26 de enero de 1848 en el actual Campeche (en esa época formaba parte de Yucatán). Sus padres fueron doña Concepción Méndez Echazarreta y Justo Sierra O´Reilly.

Después de la muerte de su padre en 1861, Sierra se mudó a la ciudad de México, donde, tras años de estudio, se relacionó con importantes literatos y poetas, como Manuel Acuña y Guillermo Prieto.

En 1871, obtuvo su título como abogado; sin embargo sus brillantes estudios y la influencia de su padre, llevaron a Sierra a convertirse en historiador, escritor, poeta, periodista y político. En diversas ocasiones fue diputado en el Congreso de la Unión, donde lanzó una propuesta en la que establecía la educación primaria como obligatoria en 1881, y en ese mismo año se aprobó su proyecto para formar la Universidad Nacional de México, pero sin resultados inmediatos.

Publicó algunos poemas en el diario El Globo, y más tarde algunos ensayos literarios en el Monitor Republicano; además, escribió varios libros de historia para educación primaria, dirigió la Antología del Centenario en 1910 y más tarde creo la Revista Nacional de Letras y Ciencias, con la colaboración de Gutiérrez Nájera, Francisco Sosa y Jesús E. Valenzuela. Una de sus obras más importantes fue Juárez, su obra y su tiempo.

Sierra destacó por sus aportaciones a las cuestiones educativas como el defender la autonomía de la educación preescolar y reorganizar las carreras de medicina, jurisprudencia, ingeniería, bellas artes y música. Promovió, entre otras cosas, el otorgamiento de desayunos escolares, becas para alumnos de alto rendimiento, un sistema de universidades en provincia y una universidad para profesores. Luchó para que el sistema educativo se basara en el uso del raciocinio y no de la memorización; y en 1905 puso en práctica su proyecto para que la educación primaria se convirtiera en prioridad nacional de y carácter laica y gratuita.

En 1894 Justo Sierra fue ministro de la Suprema Corte de Justicia y posteriormente llegó a ser presidente de la misma. Formó parte del gabinete de Porfirio Díaz, con el cargo de subsecretario de Justicia de Instrucción Pública y Bellas Artes.

Aunque la propuesta de Justo Sierra para la creación de la Universidad Nacional surgió en 1881, no fue sino hasta el 22 de diciembre de 1910 que se llevó a cabo el proyecto, para festejar los cien años de la independencia de México. El discurso para la inauguración de la Universidad se realizó en el anfiteatro de la Escuela Nacional Preparatoria; en él afirmó que estaban ante el nacimiento de una Universidad “sin árbol genealógico”; aseguró que el gremio y claustro de la Real y Pontifica Universidad de México únicamente formaba parte del pasado de la Universidad Nacional, enfatizándolo al decir que “Los fundadores de la Universidad de antaño decían: la verdad está definida, enseñadla; nosotros decimos a los universitarios de hoy: la verdad se va definiendo, buscadla”.

Durante su discurso imaginó a la Universidad como “... un grupo de estudiantes de todas las edades sumadas en una sola, la edad de la plena aptitud intelectual, formando una personalidad real a fuerza de solidaridad y de conciencia de su misión y que, recurriendo a toda fuente de cultura, brote de donde brotare, con tal que la linfa sea pura y diáfana, se propusiera adquirir los medios de nacionalizar la ciencia, de mexicanizar el saber”.

Justo Sierra murió en Madrid el 13 de septiembre de 1912, poco después de ser nombrado ministro plenipotenciario de México en España. Su cuerpo se trasladó a México, donde fue recibido y sepultado con honores en el Panteón Francés. A cien años de su nacimiento fue nombrado Maestro de las Américas a iniciativa de varias universidades del continente; sus restos se trasladaron a la Rotonda de las Personas Ilustres, la cual fue creada en 1880, por iniciativa de Sierra, bajo el nombre de la Rotonda de los Hombres Ilustres.

 



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