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Las mujeres quieren ser hechiceras y no vírgenes

Yanet Aguilar Sosa| El Universal
Sábado 11 de julio de 2009
La aparición de nuevos libros sobre el tema exhorta a repensar el papel de la mujer en la ficción literaria

yanet.aguilar@eluniversal.com.mx

Aunque algunas han protagonizado relatos de la literatura universal y otras han marcado la historia de la humanidad, todas son mujeres que se caracterizan por tener una conducta irregular que no está sujeta a los cánones. Sean personajes de ficción o seres de carne y hueso que tuvieron poder, las mujeres en la literatura o en la historia son vistas como infractoras de las reglas, catalogadas como perversas, malas y asesinas pasionales.

Hay un interés creciente por revisar cuál ha sido el papel de la mujeres en la literatura y en la historia. Sea desde el cuento, como en Malas. Relatos de mujeres diabólicas (Lengua de Trapo, 2009), de Marta González Mejía, o la revisión histórica como en Mujeres perversas de la historia (Editorial Norma), de Susana Castellanos de Zubiría, la mujer es objeto de estudio por académicos y literatos.

Pero no se trata sólo de una convicción de investigadoras por saber cómo ha sido vista la mujer en el tiempo —casi siempre desde la mirada masculina—, sino que responde a un interés editorial y de los lectores por conocer las historias de mujeres que ya no se apegan a la visión de la Virgen María, sino a la personificación de la vampiresa o la hechicera.

Aunque en los últimos tiempos se han editado títulos como Asesinas. Cuatro siglos de crímenes con nombre de mujer, de Cinzia Tani; No hagas preguntas. La vida secreta de las mujeres de la mafia, de Clare Longrigg y Las diabólicas, de Barbey d´Aurevilly, sin olvidar ediciones recientes como Historias mexicanas de mujeres asesinas, de Humberto Padgett y Mujeres asesinas, de Marissa Gristein, en el primer trimestre de 2009 aparecieron nuevos títulos de mujeres malvadas.

 

 

Las nuevas visiones

La académica colombiana Susana Castellanos asegura que los libros se han convertido en espacios que ahora interesan porque es una mirada nueva sobre las mujeres, pero también porque representa generar a la mujer la inquietud de que la forma en que se ha visto ella misma hasta ahora, con ese ideal de princesa o de Virgen no es el real. “Si nos parecemos a alguien es a las hechiceras y eso es lo que tiene pulsiones más fuertes”.

La investigadora asegura que siempre se ve con malos ojos a la mujer que ha ejercido el poder público, se le ve como la usurpadora de un poder que tradicionalmente es masculino, “se la critica además cuando tiene el poder por creer que hace de lo personal un problema público, que actúa más por capricho que por seguir algo determinado. Hay un gran contraste entre lo que las mujeres son y la idealización que la sociedad —machista— tiene de ella”.

 

No le cabe duda de que cuando un hombre piensa en un ideal es un héroe, mientras que para la mujer el ideal es la Virgen María y eso ha sido profundamente nocivo para el género femenino.

“Eso hace ver a las mujeres malas como más malas de lo que son, no solamente tienen actos perversos, sino que están rompiendo con un ideal de maternidad y virtud”, dice Castellanos.

La historia ha visto con un ojo muy crítico a las mujeres que han detentado el poder. Para Castellanos son temas que deberían interesar a mujeres de hoy. “Debemos reflexionar sobre lo qué somos y nuestros ideales; de eso se tratan estos libros, porque no tenemos muy claros los parámetros, vivimos bajo un ideal de telenovelas y cuentos que no es real”.

 

Las malas por placer

Marta González, compiladora, autora del prólogo de Malas. Relatos de mujeres diabólicas y traductora junto con su hija Marta Vela, de los 18 cuentos que reúne, dice que las protagonistas son malvadas “bien de motu propio o por inducción”.

Los autores no prodigan el tipo de mujer malvada para no comprometerse en una solución “políticamente correcta”, concepto inexistente entonces pero válido ahora y no malograr el texto por contentar a la Iglesia y a la sociedad de entonces.

Su revisión literaria confirma que la literatura fantástica tiene más permisividad —ideológicamente hablando— porque no pretendía reflejar la realidad, sino que es pura ficción, género donde las mujeres pueden ser “más malas” porque encarnan seres inexistentes (vampiras y otras) y eso permitía a los autores no dar explicaciones ni aparentar una solución conciliadora, que echaba a perder la obra, al estar sujeta a una ideología.

 

González Mejía asegura que todas las mujeres de la antología son perversas y causan la muerte o la locura de los hombres. “Unas veces se lo buscan ellos; otras, son los personajes femeninos quienes procuran la perdición de los hombres y ya era hora de que se tomaran la revancha; toda la literatura romántica europea está impregnada de ese ‘destino aciago’ (al cual ayudan los hombres), que condena a las mujeres a la destrucción... todas son víctimas del hombre o de las circunstancias sociales que éste propicia y el realismo es más cruel, porque es más verídico”, explica.

Si Marta González incluyó cuentos de de E.T.A. Hoffmann, Alexandre Dumas, Émile Zola, Bram Stoker, Walter Scott o Edgar Allan Poe, entre otros, para analizar la visión que se tenía de la mujer; Susana Castellanos recurrió a mujeres de todos los tiempos, desde las malas que cita la Biblia como Lilith, Eva y Judit, hasta personajes de la mitología griega, del mundo clásico, emperatrices, zaristas, religiosas y santas-perversas como Helena y Teodora y algunas mujeres fatales del siglo XIX.

Descubrió que mientras el hombre asesina con la fuerza y en batallas, las mujeres tienden a los venenos y las actitudes soterradas, casi una maldad intrínseca; por eso la mitología ha relacionado a la mujer con lo instintivo, lo pasional y las emociones, opuesto a “lo racional y equilibrado de lo masculino”.

 

Maldad en el siglo XX

González afirma que en el siglo XX continuó la tendencia de considerar a la mujer mala y sermonearla con la literatura “para que aprenda buena conducta para agradar al hombre y marcarle pautas de comportamiento”, ahí están las historias del Nobel Camilo José Cela; pero es verdad que “hay más mujeres con una formación universitaria que escriben sobre mujeres y para mujeres y la concepción cambia”.

Para la investigadora, los escritores del boom sudamericano han ayudado a dar otro rostro a la mujer en la literatura, “no son tan misóginos y machistas como los españoles, sobre todo los mexicanos Azuela, Rulfo, Esquivel, Fuentes. Ahora se publican no sólo textos desconocidos, sino literatura ‘marginal’, de autores noveles que no se ajustan a géneros ni a normas y cuyo tratamiento de los personajes responde a una opinión suya, de como ven el mundo actual”.

González dice que siempre ha habido y habrá mujeres malas (y buenas), pero también hombres buenos y malos y la cuestión es tratar a la mujer igual que al hombre: Castellanos señala que en el siglo XX hay una banalización.

 

“A diferencia del siglo XIX, el XX es un poco desapasionado, ordinario. Cuando se enfrenta uno a la mafia, ya el mal pierde el carácter romántico, ahora no hay malas de leyenda, sino lo que uno ve en periódicos. Estamos en la época del andrógino, nadie quiere sentirse comprometido con nada, ni con el género”. “Las mujeres asesinas son casos de la vida diaria, pero las de mi libro se están jugando algo a futuro, donde la posteridad está en juego”, dice.

 



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