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La danza moderna llora la muerte de Pina Bausch

Redacción| El Universal
Miércoles 01 de julio de 2009
El fallecimiento súbito de la coreógrafa alemana, a los 68 años, deja a la danza sin una figura clave de nuestra era

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“La muerte súbita de Pina es un gran shock para su familia, bailarines y colaboradores, para sus amigos y todas las personas que se sentían conmovidas y animadas por su danza”, dijo en Berlín el cineasta germano Win Wenders.

Enterado de la noticia de su muerte, también el español Pedro Almódovar dijo lo suyo: “Sus espectáculos desbordaban fisicidad, instinto y una sensibilidad indómita, delicada y original”.

“Pina Bausch fue una fuente constante de placer, me provocaba emociones muy diversas y me inspiraba siempre”, señaló el cineasta manchego, quien trabajó junto a la famosa coreógrafa en su película Hable con ella.

 

Muerte inesperada

La coreógrafa alemana Pina Bausch, considerada como la renovadora de la danza moderna, murió ayer a los 68 años, víctima de un cáncer fulminante, tan sólo unos días después del estreno de su última producción.

La muerte de Bausch cayó como una bomba en Alemania, donde la sorpresa y el dolor se han puesto de manifiesto en la multitud de reacciones que se han producido en todos los ámbitos.

“Todos estamos consternados sobre la noticia de su muerte prematura”, escribió el presidente alemán, Horst Köhler, en un mensaje dirigido al hijo de Bausch, Rolf Salomon.

Bausch había dicho recientemente, tenía muchos planes, como realizar una película sobre su trabajo junto con su amigo el director Wim Wenders.

 

Hace cinco días a Pina Bausch se le había diagnosticado un cáncer que ha resultado fulminante, informó el Wuppertaler Tanztheater, donde desarrolló buena parte de su carrera.

 

Pocos días antes, Bausch había estado sobre el escenario con su equipo de trabajo en la Opera de Wuppertal.

 

Cuando Bausch salió al escenario por última vez, para recibir los aplausos del público junto con sus compañeros, los asistentes se pusieron de pie y le tributaron una gran ovación, sin saber que se trataba de una despedida definitiva.

El director y primer bailarín del Staatsballet de Berlín, Vladimir Malakhov, dijo que “el mundo ha perdido una de sus coreógrafas más importantes. Me hubiera gustado poder volver a trabajar con ella” y se declaró feliz de haber podido bailar una vez en el Wuppertaler.

 

También las autoridades políticas de la región donde pasó la mayor parte de su vida —la cuenca del Ruhr— reaccionaron a su muerte, con elogios a su obra. “Ella reinventó el teatro danza”, dijo el primer ministro de Renania del Norte-Westfalia, Jürgen Rüttgers.

El alcalde de Wuppertal, Peter Jung, subrayó la vinculación que Bausch tuvo siempre con la ciudad desde la que, dijo, “revolucionó el mundo de la danza”.

El ministro alemán de Cultura, Bernd Neumann, recordó el significado que tuvo Bausch para el mundo de la danza: “Fue un modelo y un icono, una creadora grandiosa y renovadora visionaria”.

 

 

 

Vida y obra de una artista única

Entre las obras más conocidas de Bausch están Adagio-cinco canciones de Gustav Mahler (1974), Los siete pecados capitales (1976) —coreografía basada en música de Kurt Weil y textos de Bertolt Brecht—, Komm, tanz mit mir y Danzón (1995).

Al comienzo de su carrera, la radicalidad de algunas de sus obras produjo reacciones no siempre complacientes de parte del público.

Tal fue el caso, por ejemplo, de su versión coreográfica de la ópera de Bela Bartock Barbazul (1977).

La obra de Pina Bausch combina muchos tipos de música, que van desde éxitos populares hasta música clásica y mezcla, además, la danza propiamente dicha con muchos otros recursos dramáticos.

En algunas de sus coreografías, además, se baila entre el agua, el barro o claveles de plástico.

El canto, la recitación y la pantomima no faltaban entre sus recursos expresivos, pues parecía haberse propuesto desde sus comienzos convertir sus coreografías en obras totales.

La coreógrafa Pina Bausch también tuvo sus incursiones en el cine, como cuando hizo un papel de ciega en la película de Federico Fellini Y la nave va (1982), o en Hable con ella, donde su danza fue el prólogo de la historia de dos mujeres en coma. (Con información de Agencias)

 

 



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