La locura, la oruga y el mural de Kahwagi
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A Anuar Maauad le gusta pensar que las obras que hay en su departamento describen su proceso personal en el arte: Tiene una de las pinturas que en ARCO presentó Alberto Ibáñez: “me enseñó una visión sensata de la imagen”. Resaltan dos pinturas de Susana Ferrer: “Mi sen sai de cuando fui puberto”. Señala una mesa de Javier Marín: “Representa mi acercamiento a la plasticidad”. Y guarda el plano de una casa creada por Juan O´Gorman: “Soy arquitecto”.
Tan pronto como entendió el proceso de hacer una escultura, dio el siguiente salto: la producción. Maauad no se detiene en el discurso. Va rápido. Casi nunca mide sus palabras.
Tiene 25 años, es egresado de arquitectura de la Universidad de las Américas de Puebla y dibujante desde la infancia. Crea grandes piezas como las hormigas que identifican el Museo de Papalote en Morelos; se apoya en dos ayudantes, pero si la pieza lo exige, entran a trabajar con él más de 10 personas. “Estoy en todas las etapas, pero al hacer La Oruga no estuve dispuesto a lijar ni un minuto. Me meto de productor y es una locura: modelar, hacer maquetas, agrandar, estructurar, rellenar. En el molde y los vaciados me separo más”.
Le siguen el paso para crear una pieza monumental, a veces un encargo o a veces “obra propia”, que puede estar en un parque infantil o en la casa del boxeador, ex diputado, actor y asiduo visitante de las páginas sociales y de farándula Jorge Kahwagi.
En cambio, Maauad no mueve sus obras en una galería: “no tengo interés, no me gusta esa parte del arte, la manera como se maneja el rollo comercial”.
Con un ritmo frenético, Maauad consigue sacar sus obras en tiempo récord. Es uno de sus orgullos. En nueve días creó una ambientación, con pirata y cofres incluidos, para una feria en Querétaro. El reciente reto fue llevar uno de sus diseños monumentales a Suiza, a la feria Hot Art, paralela a Art Basel (que se realizará del 10 al 14 de junio próximos).
Fuera del tiempo de convocatoria y aun cuando el catálogo estaba listo, el mexicano logró que La Oruga, de seis metros de largo por dos de alto, llegara a las puertas de la feria. No lo piensa dos veces: “Estoy en las olimpiadas del arte”. Este insecto, hecho con materiales de reciclaje como caucho y hule, pesa media tonelada.
Maauad nació en el DF, pero creció en Querétaro, vivió en Mazatlán y Canadá. Cuando terminó arquitectura buscó algo más: “Yo tenía opciones con empresas que se dedican a puentes, a casitas de interés social, que a fin de cuentas tiene que ser algo muy comercial, que tienen una función. Pero no me interesa la función b. Se sacrifica mucho cost wise, todo el billullo y toda la cosa. Ahí no puedes hacer una locura…”.
Entró a la escuela de La Esmeralda, pero salió cuando descubrió la tercera dimensión: “Yo necesitaba más, un acercamiento más técnico a esta plasticidad. Me dijeron: te mandamos con un tallerista, Ricardo Cruz, un señor grande que ha trabajado con Soriano, Marín, Vicente Rojo, Leonora Carrington, porque la escultura es en equipo. Me presentan a este cuate para que me dé clases, llego a su taller y ese día mandé a la Esmeralda por un tubo: lo que había en el taller no lo iba a tener en La Esmeralda. De eso hace dos años, tres meses, lo tengo contado. En eso, me quedé independiente, me dijeron: ‘¡A ver si puedes!’ Y me ha funcionado, he vendido, he tenido algunos encargos, los llamo ejercicios. Ahí es donde está todo mi aprendizaje, y donde más crezco, son ejercicios y esos son los que me dan billullo”.
Lo primero que esculpió fue una figura humana, luego le pidieron hacer golfistas. Entonces le llegó la oferta del ex diputado: un mural de seis por ocho metros como el altorrelieve de El abogado del diablo (donde aparecen Keanu Reeves, Al Pacino, Charlize Theron). “Necesitaban que lo reinterpretara”. Sin pensarlo dijo que sí; prometió entregarlo en dos meses y tardó seis.
“Son como 15 personajes, es una cosa ahí orgánica, extraña. El cost wise fue también otro rollo porque en la vida me había aventado yo a hacer una cosa de ocho metros. Perdí billullo en lugar de ganar. Fue un encargo y metí la pata porque no tenía idea de en qué me estaba metiendo. Pero aprendí todo, de las magnitudes, de lo que es una producción. Yo había hecho piezas a escala humana, esto era más grande. Ahí descubrí muchas cosas, me la aventé directo, tuve que conseguir gente que me apoyara. La odiaba. No me quedé con fotos, salió una foto en Quién. Curiosamente la semana pasada que fue su cumpleaños (del político), la volví a ver después de casi un año y me dije que está bien lograda”, expresa.
Maauad no tiene obra suya en casa; las ha vendido todas. Sólo conserva apuntes, un hábito que no ha dejado nunca: “A la fecha no puedo llevar una cuenta bien, porque el papel siempre ha sido para mí para dibujar. Siempre he sido muy disperso, pero también muy observador”.
De niño, su otro hobbie fue moldear plastilina, sólo que a costa de las mesas de centro de su casa. Aquel fue un primer paso hacia la escultura. “En la escultura decides tus límites, la tienes casi ya, es muy inmediata. Con la arquitectura tienes que esperar, estar abajo del proyecto de alguien más, la obra no es tuya”, señala.
Aparte de esculpir, Maauad pinta, hace grabado y algunas instalaciones. Prepara una muestra de esculturas monumentales que a fin de año pondrá en espacios públicos de las ciudades de México, Querétaro y Monterrey. “Espero que la exposición de diciembre sea como mi graduación”.





