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“Madero no es tanto el rey de mi devoción”

Sonia Sierra| El Universal
Lunes 27 de abril de 2009
Paco Ignacio Taibo II retrata en “Temporada de zopilotes” a un hombre de principios, conciliador, valiente y débil, del que la oligarquía se burlaba, pero también un personaje reaccionario. Cuenta que leía a Tolstoi y que en las noches conversaba con Dios

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Cuentan que Pancho Villa acostumbraba decir: “De todos los Madero, fueron a elegir presidente al más tonto”.

Porque al mismo tiempo que Francisco I. Madero fue un hombre de principios, pacífico, valiente hasta el final y promotor de iniciativas políticas vigentes hoy en México —el sufragio efectivo y la no reelección—, también fue un ser complejo, débil y cuyas decisiones trajeron como consecuencia la etapa más sangrienta de la Revolución Mexicana.

Y aunque no es Madero el protagonista del nuevo libro de Paco Ignacio Taibo II, Temporada de zopilotes —los protagonistas en realidad son los seis generales, en especial Victoriano Huerta, que armaron el golpe contra el presidente que derivó en la Decena Trágica— la complejidad que rondó la vida del mayor de los hermanos Madero se va descifrando a lo largo de este breve libro —155 páginas—, donde el escritor goza al narrar una historia como si estuviera ante un auditorio al que le cuenta un cuento.

Taibo trae a un Madero del que la oligarquía se burlaba porque usaba guantes blancos en las recepciones y se mordía las uñas, que montaba a caballo porque a caballo todo el mundo tiene la misma estatura —medía 1.48 metros y por ello la prensa llamaba “el enano del tapanco” y “el presidente pingüica”.

Refiere un Madero que era vegetariano y espiritista, que daba chochos homeopáticos a los peones de su hacienda. Un Madero cuya máxima pasión eran las largas cabalgatas por el bosque de Chapultepec, que creía siempre en la posibilidad de conciliar, que leía a Tolstoi y que en las noches conversaba con Dios. “Siempre he dicho —acota Taibo— que un presidente que converse con Dios es peligroso, pero uno al que Dios le conteste es peligrosísimo”.

Del desastre que Madero le parecía al principio, Taibo pasó a sentir cierta ternura por el personaje, le reconoce la virtud del valor, el pacifismo y que fue valiente hasta la locura.

“Es extraordinariamente complejo, une a una tenacidad republicana notable y una voluntad verdaderamente maravillosa, características como timidez, indecisión, incapacidad de confrontar. No se ablanda nunca contra las presiones de Díaz y, sin embargo, cuando pacta la salida de él, negocia que el Ejército porfiriano, que era el ejército de la represión, siga íntegro.”

Temporada de zopilotes (publicado por Editorial Planeta) es una crónica que pone a los lectores a caminar por las calles de la ciudad y seguir el paso de los soldados y los rurales, a escuchar las ametralladoras y ser vigías desde los techos para entender qué pasó durante esos diez días que cambiaron a México.

Al ir escribiendo, recuerda Taibo, él mismo hacía lo que en vida Gustavo, el hermano de Madero: advertirle que lo iban a matar:

“Le decía al escribir el libro: ‘¡Pero serás bruto! Cómo puedes vivir conciliando y negociando. O serás oligarca, al fin y al cabo hacendado que eres incapaz de abrirle el paso a la revolución social y le cierras el camino a tus únicos posibles aliados reales que son los zapatistas. Es más, los confrontas al negarte a desarrollar una reforma agraria, dejas que metan a Villa a la cárcel, que era el único que hubiera podido salvarte la vida’. Si Villa hubiera estado con un centenar de chihuahuenses, ahí no hay general que le dé golpe a Madero”.

Y aunque cambió su visión del personaje, Madero no acaba por ser alguien que encandile a Taibo: “Hay unos personajes a los que les tengo simpatía, cariño, como Guillermo Prieto, Miguel Hidalgo, Pancho Villa... Madero no es tanto el rey de mi devoción, aunque sea puesto como el arcángel de la legalidad o el presidente mártir, también era un presidente reaccionario, que confrontó al zapatismo.”

Madero, que ha pasado a la historia como el apóstol de la democracia y que ha sido muy “conveniente para la retórica priísta”, ha sido también una figura con la que, de tanto en tanto, algunos quieren identificarse, el más reciente fue el ex presidente Vicente Fox: “Es un héroe blandito que le viene bien a los panistas, pero no en todas las cosas porque Madero tenía unos pantalones que ninguno de los panistas tendrá jamás y, a pesar de sus debilidades, era un hombre de principios, cosa que tengo mis profundas dudas de que los panistas sean”.

Madero, de quien se han publicado muchos buenos y malos libros de biografía, historia y literatura, fue confrontado por una ciudad de México, muy distinta y distante de Parras, Coahuila, donde nació en 1873.

“La ciudad de México —comenta Taibo— una conservadora, mojigata, con una oligarquía que no le perdonaba a Madero que le hubiera perdonado la vida (tras la caída de Porfirio Díaz). La ciudad concentraba la reacción militar, la reacción religiosa y la reacción social en un nivel tremendo, frente a una revolución que se había producido en la periferia. Por eso es el gran caldo de cultivo para el golpe militar”.

Al final de esta historia, dos sensaciones le quedaron al autor de Temporada de zopilotes:

“¡Qué mal nos han contado la historia de México, con qué falta de explicaciones, contexto y detalles del actuar de los personajes. La historia parece ajena. Y la segunda impresión es: qué historia más fea ésta, qué traición. Necesito escribir una novela de aventuras para ver si respiro un poco”.

 

 



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