Nuevas salas en el Museo del Carmen

. (Foto: )
En lo que fuera el colegio del Convento del Carmen, construido en el siglo XVII, lucirá a partir de hoy la recreación de una casa novohispana, con mobiliario de la época y piezas de talavera, cerámica, vidrio soplado, plata y porcelana china, además de textiles que decoran este lujoso espacio denominado ?La vida interior: escenas novohispanas intramuros?. El recién restaurado inmueble anexo al ex Convento del Carmen y que constituye una ampliación del museo del mismo nombre, será inaugurado hoy por el presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, el cual está dedicado a recordar, a través de una exhibición permanente, la atmósfera de los gremios artesanales novohispanos y la vida cotidiana en una mansión virreinal con cada uno de los espacios que la conformaban. Integrada por 600 piezas de los acervos del Museo Franz Mayer, de la Pinacoteca Virreinal y del Instituto Nacional de Antropología e Historia, la exposición recrea aquellos antiguos salones de estrado y de dosel, el comedor, las habitaciones, el estudio gabinete, la capilla y la cocina. La directora del recinto, Virginia Armella de Aspe, explicó que el Museo del Carmen tiene dos espacios contrastados. Uno es la parte del convento que la orden carmelita, reformada por Santa Teresa de Jesús, hizo bajo el signo de la pobreza y la austeridad. ?Para las construcción de este convento vino un arquitecto que también era frayle carmelita, llamado fray Andrés de San Miguel, quien al no contar con la autorización de poner marcos de piedra en las puertas y las ventanas, ni tampoco un campanario de torre, decidió decorar con pinturas murales y utilizó también la policromía de las casas de la ciudad de México, a través de la imitación de los colores tezontle y chiluca, que es una piedra gris.? Indicó que la otra parte del convento era el colegio, que empezó a sufrir un grave deterioro a partir de las Leyes de Reforma. ?El convento se rescató casi con sus mismos espacios, por lo que queremos hacer ahí un museo de sitio en el que se conozca la vida del convento, con la sala capitular, el refectorio, la sacristía y las criptas de los enterramientos.? En cuanto al colegio, después de su restauración llevada a cabo por el INAH, añadió que se decidió hacer la recreación de una casa del siglo XVIII para dar a conocer la manera de vivir de una familia rica novohispana, bajo la coordinación de Gonzalo Altamira y Miguel Angel Fernández, coordinador de Museos y Exposiciones del INAH. ?Esta casa nos da la oportunidad de lucir los más bellos muebles y los mejores testimonios de la artesanía del pasado?, aseveró la maestra Virginia Armella, quien agregó que en esta época se tuvo un auge artesanal muy importante, por lo que únicamente las familias de amplios recursos podían acceder a este tipo de piezas y mobiliario que alcanzaban costos altísimos. En la entrada, se muestra la escalera con un escudo heráldico como se usaba antiguamente, así como la capilla familiar y el comedor pequeño pero muy lujoso, con objetos de vidrio soplado, bateas, platería, orfebrería religiosa y porcelana china, además de un mantel deshilado realizado en México. En la parte de abajo se llevó a cabo la reproducción de los talleres artesanales, que era el lugar donde se formaban los artesanos, con el fin de ofrecer un panorama de lo que se conocía como artes industriales, que incluía la cerámica en sus distintas formas, la herrería, los textiles elaborados con telar de cintura y telar vertical, la escultura y la carpintería. La casa cuenta también con un salón del estrado para recibir visitas, donde las mujeres jóvenes se sentaban en cojines y las mayores en sillas, para rezar, platicar, bordar y tomar chocolate. En este espacio cuelga un cuadro de Juan de Palafox y Mendoza, obispo de Puebla y temporalmente virrey, quien hizo mucho por el arte en esta región. En la cocina, un tanto oscura para que no entrara demasiado calor, se puede apreciar una fresquera para las verduras, un garabato donde colgaban las carnes, un fogón, un metate, un molcajete y utensilios de cobre para las conservas de frutas, además de algunas piezas españolas. En la habitación principal lucen los tradicionales cortinajes y bellas piezas de talavera, cerámica, taracea y maderas embutidas, con bordados que las monjas copiaban de los mantones de Manila. También hay un pequeño salón donde se jugaba baraja y ajedrez. A decir de Virginia Armella, todos estos trabajos revelan una gran riqueza artística, ya que el arte prehispánico se fusionó con la religión cristiana, la tradición clásica de Grecia y Roma, y las aportaciones del mundo árabe. Indicó que la mayor parte de las piezas fueron entregadas en comodato por el Museo Franz Mayer, pero la idea es reemplazar los muebles y objetos que se tienen que devolver, por aquellos que puedan donar otros museos o comprarlos a los anticuarios o las familias que deseen vender este tipo de antigüedades. De la Pinacoteca Virreinal, se cuenta con ?La alacena del artista?, de Antonio Pérez de Aguilar; ?El niño Joaquín Manuel Fernández de Santa Cruz?, de Juan Rodríguez Juárez, el autorretrato de este mismo artista y otro retrato de un virrey llamado duque de Linares, en el que se aprecia la elegancia de su vestimenta. Al hablar del convento, comentó que se tiene el objetivo de restaurarlo y hacer un museo de sitio, con el fin de que cada salón recupere la función que tuvo y se pueda apreciar el contraste de dos maneras de vivir. ?Tenemos algunos muebles y cuadros de gran calidad, principalmente de temas religiosos, que lucirán en el refectorio y en la sala capitular. Hemos cambiado el piso de la sacristía, pero todavía faltan recursos para su restauración integral, de acuerdo con la investigación que ya concluyó.?





