Libros en español tienen nueva patria
yanet.aguilar@eluniversal.com.mx BOGOTÁ, Colombia. Ayer abrió sus puertas en esta ciudad el primer centro cultural creado por la editorial del Estado mexicano fuera del territorio nacional. Bajo el eslogan Letras sin Fronteras, el Centro Cultural Gabriel García Márquez del Fondo de Cultura Económica se propone como un punto de encuentro de la producción editorial de autores hispanohablantes. Si los libros de los colombianos Germán Castro Caycedo y William Ospina no se venden en México y muchos de los escritores mexicanos no pueden llegar a Colombia, como tampoco se encuentran fácilmente los de autores chilenos, argentinos o peruanos, el FCE apuesta por la integración editorial de México con el mundo hispanohablante y convertir a este en un centro de la paz y la libertad. El espacio, que ayer fue inaugurado por autoridades mexicanas y colombianas, fue diseñado por el arquitecto colombiano Rogelio Salmona, quien falleció a finales del año pasado. Alberga una librería, una galería, dos aulas y tres auditorios, entre otras instalaciones. El recinto está en medio de una de las zonas más tradicionales y con mayor vida cultural en la capital colombiana, el Barrio de La Candelaria, y fue construido donde en el siglo XVIII estuvo el claustro de La Enseñanza, institución en la que, por primera vez en la entonces Nueva Granada, las mujeres tuvieron derecho a la formación académica. El Centro, que se inserta en el contexto arquitectónico, se inscribe en un conjunto de edificios dedicados a la cultura, en un barrio por cuyas calles estrechas, con casas de dos pisos y aceras cubiertas por aleros, circulan alrededor de 150 mil estudiantes cada día. A una cuadra están, por ejemplo, la Biblioteca Luis Ángel Arango, la Casa de Moneda del Banco de la República y el Museo Botero. La arquitectura curva, el fácil acceso, los materiales a la vista con predominio de ladrillo y vidrio, en el exterior, y madera, en el interior, dan una sensación de austeridad y sencillez. Las dos rotondas públicas son amplias, permiten el aprovechamiento de la luz y protegen de los vientos que vienen del oriente. A partir de este centro cultural se reforzará una labor editorial que en Colombia está en auge, pues figuran 122 empresas editoriales y 91 empresas importadoras que, tan sólo en 2006 publicaron 16 mil 820 títulos entre primeras ediciones, reediciones y reimpresiones. A pesar de que el FCE tiene otras filiales en el continente, optó por Colombia, no sólo porque es una nación que ha trabajado a favor del fomento a la lectura y contaba con los recursos, sino también porque entre Colombia y México hay una historia común, tal como lo afirmó la secretaria de Educación Pública, Josefina Vázquez Mota, durante la inauguración del espacio, mismo que tuvo una inversión de 6 millones de dólares (65 millones 55 mil pesos). Espero no equivocarme al afirmar que no hay países en América Latina tan cercanos en su lenguaje, en su música, cultura y expresión que México y Colombia, dijo Vázquez Mota. Y aunque no estuvo presente García Márquez, el novelista fue evocado a partir de la exposición Gabo del alma. En la ceremonia de apertura estuvieron también las ministras colombianas de Cultura, Paula Marcela Moreno, y Educación, Cecilia María Velez; el alcalde de Bogotá, Samuel Moreno; la viuda del arquitecto Salmona, María Elvira Madriñán, y la directora del FCE, Consuelo Sáizar. El nuevo espacio exhibirá en principio 50 mil libros para luego alcanzar los 250 mil títulos que tiene el Centro Cultural Bella Época en la ciudad de México. El Centro Cultural es para muchos la más bella construcción de Rogelio Salmona. Así lo señaló el arquitecto mexicano Teodoro González de León, quien dijo que representa la síntesis de lo que siempre buscó su homólogo colombiano: la visión poética puesta en la creación arquitectónica. Resaltó que en este centro cultural Salmona sorprende con formas nuevas, ligeras, caladas y abiertas y las inserta con naturalidad en el corazón del Centro Histórico de Bogotá. Da la impresión de que el edificio siempre había estado aquí con sus formas contemporáneas que dialogan con la estructura urbana. Es un edificio abierto y penetrado por el espacio público y a su vez su secuencia de espacios, tejida con rampas, terrazas y círculos va revelando desde el interior el paisaje urbano con vistas de 180 grados y al fondo el espacio natural de la cordillera. (Con información de El Tiempo/GDA)





