Peregrinaje de un cuadro robado
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A Adán y Eva los expulsaron del Paraíso y de San Juan Tepemasalco. Pero volverán este domingo.
Al menos a esa comunidad hidalguense de donde fue robada la pieza colonial, fechada en el año de 1728, en la que se representa la escena bíblica del destierro del Edén pintada por un artista anónimo.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha calificado esto como un ejemplo de la cooperación interinstitucional e internacional para la recuperación del patrimonio cultural y la repatriación. Adán y Eva arrojados del Paraíso, obra robada en el año 2000, fue vendida ese mismo año al Museo de Arte de San Diego, California, de donde fue recuperada con la intervención del Departamento de Justicia de los Estados Unidos.
Ahora esa pintura será devuelta al pueblo hidalguense para ser depositada de nuevo en la capilla que ha sido acondicionada con las medidas de seguridad necesarias, según anuncia el INAH.
Un final feliz, historia muy distinta a la de La adoración de los pastores, de Luis Lagarto, otra importante pieza de arte colonial robada que actualmente se encuentra en el Museo de Arte de Denver.
Esta obra sacada del país en 1979 ya volvió a México en febrero pasado, en la muestra Revelaciones. Las artes en América Latina 1492-1820, que se montó en el Antiguo Colegio de San Ildefonso.
En las últimas semanas de la exhibición, funcionarios del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), de la Secretaría de Cultura de Puebla y del INAH, fueron alertados de la presencia en México de esta pintura colonial desaparecida del acervo del Museo José Luis Bello y González de la capital poblana en los años 40.
En junio, al concluir la muestra, la dirección del Antiguo Colegio de San Ildefonso se apresuró a incluir la pintura en el primer embarque y la obra cruzó sin contratiempos la frontera. No ocurrió nada parecido a la cooperación interinstitucional e internacional que se activó para conseguir el regreso del lienzo Adán y Eva arrojados del paraíso.
Incluso la subdirección de Inventarios del Patrimonio Cultural del INAH quedó exhibida en las indagatorias como eslabón en el tráfico ilegal de la obra: en 2002 (dos años después de que la pintura fuera robada, exportada y vendida) su titular, la restauradora Rosana Calderón Martín del Campo, blanqueó la venta del cuadro al extender y firmar un oficio en el que informaba al anticuario Rodrigo Rivero Lake que no había ningún inconveniente para comerciar , porque la pieza no pertenecía al acervo cultural de la nación, a pesar de que la obra, catalogada oportunamente por el Consejo Estatal para Cultura y las Artes de Hidalgo (Cecultah), había sido denunciada como robada ante la Procuraduría General de la República desde el año 2000.
El caso de La adoración de los pastores
Si la obra fue sacada indebidamente del Museo Bello y del país, que se investigue cómo salió y que se regrese porque fue un robo en perjuicio del patrimonio cultural de la nación, reclama en entrevista el arquitecto Mariano Ribé Bello.
Este académico de la Facultad de Arquitectura de la UNAM desciende de la familia que legó a Puebla la colección de arte que hoy se exhibe en el museo José Luis Bello y González, donada al patrimonio poblano, según el testamento del filántropo Mariano Bello fechado en diciembre de 1918.
Pero antes de la inauguración del museo, en julio de 1944, a la muerte de Mariano Bello y su esposa, el acervo ya había sido expoliado.
A pesar de una disposición tan expresa, fueron sustraídos de la colección muchos de los mejores objetos con múltiples pretextos, por lo que al recibirla el gobierno del estado, distaba bastante de lo que fue, consignó el historiador José Manuel Quintana en un artículo para los Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, publicado en 1969. Hoy ese texto, con copias de documentos oficiales, bibliografía y hemerografía anexos, sirve de guía para documentar no sólo la pertenencia de La adoración de los pastores al acervo de la colección Mariano Bello, sino también la indignación que suscitó su desaparición, junto con otras obras de arte, consignada por la prensa nacional en los años 40.
Basado en esas pruebas documentales, el pasado 26 de noviembre Mariano Ribé Bello entregó una carta en la Oficialía de Partes del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), dirigida a Sergio Vela, presidente de esa dependencia, con la petición formal para que se investigue el caso y pueda reclamarse la repatriación de la obra. Conaculta no ha respondido aún a la familia del filántropo poblano.
Conaculta tampoco ha iniciado ningún procedimiento ante la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), según se pudo comprobar en la oficina de prensa de ésta, ni ha contactado a los especialistas en la colección del Museo José Luis Bello y González para confirmar o desmentir la sustracción de La adoración de los pastores.
Con pruebas en mano
Yo, con los papeles en la mano, le puedo decir que nadie de la familia pudo haber heredado esa pintura; es del Museo Bello. Es del patrimonio poblano, concluye vía telefónica en Puebla Emma Yanes, investigadora del INAH y autora del libro El Museo de Arte José Luis Bello y González (Conaculta/INAH).
La historiadora, que ha investigado en los archivos notariales poblanos las disposiciones testamentarias de Mariano Bello, responde que no hay pruebas de que el cuadro haya sido separado del acervo de la galería para legarlo a alguien en particular.
Puedo afirmar con toda claridad que ni en el testamento de Mariano Bello, referente al oratorio particular y mobiliario de su casa, ni en el testamento de Guadalupe Grajales (la esposa de Bello) aparece mención alguna de que estuviera el Lagarto como propiedad particular. Esa obra es de la galería que Mariano legó a Puebla, explica la historiadora.
Las pistas sobre quién se quedó con la obra de arte colonial apuntan a los sobrinos de Guadalupe Grajales, con quienes compartió la casa hasta el día su muerte, ocurrida en 1940: Delfina Osorio y Luis F. Cervantes, ya fallecidos.
La obra permaneció en sus manos hasta 1979 y hasta 1988 fue reproducida de nuevo en un libro sobre pintura colonial. Esta espléndida obra se encontraba en la colección de Mariano Bello en Puebla. En 1923 la dio a conocer Pérez de Salazar y Toussaint la incluyó entre las ilustraciones de Arte Colonial en 1948; el caso es que en ambos libros aparece como propiedad del Museo Bello y ahora se encuentra en el extranjero; esta obra, actualmente en Estados Unidos, fue subastada en Nueva York por las galerías Christies, anota Guillermo Tovar de Teresa en Un rescate de la fantasía: el arte de los Lagarto. Iluminadores novohispanos de los siglos XVI y XVII (El Equilibrista/Turner, México).