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Con la escritura dejó de ser ´lisiado social´

Yanet Aguilar Sosa| El Universal
Miércoles 07 de marzo de 2007
Xavier Velasco recrea sus primeros seis años de vida en la novela Éste que ves, en la que revela miedos de su niñez

La escritura le permitió a Xavier Velasco dejar de ser un lisiado social; el humor fue el arma con la que enfrentó los miedos del niño solitario y cobarde que fue; su memoria fue la encargada de recrear los primeros seis años de su vida en la novela Este que ves, un relato que desvela sus temores, asume su pasado y perdona a ese niño que fue.

Varias veces se preguntó si su historia ameritaba ser contada. No tuvo una infancia dolorosa como Ana Frank; sin embargo, era una historia como la de cualquier niño. Su retrato, de cuando tenía unos tres años, lo invitaba a exorcizar una niñez solitaria de hijo único, sobreprotegido y lleno de temor al infierno. Recurrió a los recuerdos que con el paso de los años se reinventan para contar su vida.

"No es fácil reconciliarse con el que uno fue. Uno a veces le tiene rencor a ese niño desvalido al que tuvo que superar y enseñarle a cachetadas a vivir. Hice todo tipo de cosas para olvidarlo, estudié taekwondo, salté en paracaídas, tuve cinco motocicletas, sólo para vencerlo y enterrarlo; de pronto me di cuenta que no puedo enterrar a ese maldito escuincle cobardón". Pero, dice, sí pudo perdonarlo, lo que no sabe es si el adulto que es hoy fue perdonado.

En la novela publicada por Alfaguara, Xavier Velasco comparte su infierno infantil, sus terrores, su soledad acompañada de adultos, sus soliloquios e incluso el accidente automovilístico donde se rompió el maxilar.

Cuenta que un día, en esa infancia en la que escuchaba las canciones de Raphael, descubrió la escritura y dejó de ser un lisiado social.

"Cuando se tiene que sobrevivir a esa clase de discapacidades sociales uno se vuelve más avispado, pero no saber qué vas a ser de grande es desesperante, representa que la vida no tiene sentido; entonces, me encontré contando historias. Como lisiado me concentré en lo que podía hacer: escribir. El músculo social no funcionaba y tuve que desarrollar un músculo inventivo".

Fue descubriendo la imperiosa necesidad de contar sus historias secretas. "Cuando ya tengo una historia que me agarró considero que yo soy de ella, entonces tengo que salvarla y contarla, porque me toca, es como si fuera un alacrán tatuado en el brazo, una misión; contar mi infancia era una misión intragable pero tenía aprensión por volver atrás".

Velasco, el autor de la celebrada novela Diablo guardián se identifica con Felipito, el de Mafalda, porque de niño desarrollaba sus historias y nadie quería seguirlo, entonces quiso apegarse a la percepción del niño.

Era un gran coleccionista de todo, siempre llevaba los bolsillos del pantalón llenos de tesoros, luego se dio cuenta que recogía detalles de la realidad que luego le servían para sus novelas.

Este que ves es una aventura llena de adrenalina, el regreso al temido infierno de la infancia, tras descubrir que cada ser crea sus demonios internos. Quiso en su novela desvelar sus secretos, que pueden ser sepulcros vivos o en complicidad.

"Mi trabajo no es guardar secretos, mi boca no es bodega y mi pluma menos. Mi trabajo es jugar con mis secretos, ponerle trampas al lector. Soy un ladrón cínico porque enseño lo que robo, sigo siendo en esencia una persona a la que le gusta portarse mal, que no le gusta obedecer, me encanta escaparme de donde sea con cualquier pretexto, me puedo enamorar de una mujer que me saque de una conferencia para ir a echar un drink. Aprecio el malandraje, palabra que no existe en español. Creo que la literatura es un engaño, un jugar a las mentiras".



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