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´Corazón de maíz´

Luis Cardoza y Aragón*| El Universal
Lunes 22 de enero de 2007

El año pasado, la revista Artes de México -esfuerzo editorial encabezado por el escritor Alberto Ruy Sánchez y Margarita de Orellana- entregó dos números dedicados al tema del maíz y su dimensión histórica y cultural en México y América.

Son dos números de colección, espléndidos en textos, material fotográfico y testimonial. Por un lado, Maíz místico nos da a conocer los rituales tradicionales de adoración y plegaria que los mexicanos rinden a esta gramínea; por el otro, Mitos del maíz nos introduce a los misterios que marcan la relación de los humanos con esta planta. Es de este segundo volumen que procede el texto que hoy reproducimos, con la autorización de Artes de México.

Es el maíz el corazón de América. De maíz fueron hechos sus primeros hombres. Nace en el mundo indígena el manantial del canto. Al abrir el Popol Vuj, el maíz es vida, verde dios tutelar, padre de la enjundia ancestral: "Solamen te mazorcas amarillas, mazorcas blancas, entraron en su carne; única alimentación de las piernas, de los brazos del hombre. Tales fueron nuestros primeros padres, tales fueron los cuatro hombres construidos; ese único alimento entró en su carne". Nuestra vida, desde la mitología hasta hoy, es el maíz: poder del puño y alas del sueño. Más allá de Tulán, sobre la roja tierra, las cuatro primeras criaturas humanas, amasadas con maíz por la abuela Ixmucané, se instalan en la historia dejando las huellas de sus pasos en los códices y en nuestra voz profunda.

Los venados, los faisanes, las comadrejas, las taltuzas, los armadillos, los conejos, los tapires y las serpientes, las ardillas, las tortugas, los pizotes, los loros, los coyotes, el esmeraldino pájaro mosca, en el Lugar de la Abundancia, y entre las selvas que habían cubierto las primeras chozas de los hombres-mono, contemplaron la luz que empezó a penetrar por el fervor de los constructores de pirámides. El Dios Maíz, Yum Kaax, pintado con sangre de serpientes, la nariz ganchuda metida entre las hojas de la planta que sostiene con ambas manos para venerarla, es primordial entre las divinidades. Su reino es numeroso y sin límites. Ninguno ha amortecido menos bajo el señorío de la cruz. A la sombra de Yum Kaax se cobijan los dioses ultramarinos que nos trajeron los españoles. A diario cabe mirarlos en Chichicastenango, en mil pueblos de la tierra maya, en los altares de los bosques, en los túmulos de los campos, en cada puesto del mercado, en los seis puntos cardinales, así como en el corazón de los abuelos. El pox, las mazorcas, el achiote, la sal, las florecillas silvestres, la miel y los copales son los mismos sobre los altares, a los pies de Cristo, como a los pies de los dioses de la lluvia, del fuego, de la tierra, afanados en agobiar de flores de los maizales y de granos las mazorcas.

Dioses agrarios ocupan sitio prominente en el panteón maya, surgidos por el cultivo del maíz, fundamental en América desde hace milenios. Las divinidades de más prosapia estaban ligadas al maíz. Muchas de las festividades se organizaron en el calendario ritual elaborado en relación con la planta sagrada. "Hierba de los dioses" lo llamaron los mexicas, quienes adoraban dioses del maíz tierno, Xilonen; del maíz maduro, Tlazolteótl; Xipe Tótec, dios desollado, patrono de la siembra del maíz; Chicomecóatl, siete serpientes o siete mazorcas, diosa de la abundancia; Centéotl, joven y hermoso dios del maíz. Sea cual fuese su origen, el maíz constituye el acontecimiento supremo de la civilización de América.

El maíz hace posible la vida del hombre. Es el hombre mismo en el mito y en la realidad: sólo con él nace el hombre verdadero en el Popol Vuj. Los dioses equivocaron su creación antes de encontrar el grano divino.

*Escritor (Guatemala, 1901-1992)



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