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King Kong no es sólo un gorila: Anthony Browne

El Universal
Miércoles 05 de julio de 2006

Ya había visto la película muchas veces en video, por lo que comencé a hacer el libro viéndola otra vez con un cuaderno en una mano y el control remoto en la otra. Ese fue el equivalente de la etapa del storyboard. Congelaba ciertas imágenes en momentos clave y luego esas imágenes se convertían en la base de las ilustraciones definitivas.

En ese momento me quedó claro que el libro tendría 96 páginas, y así comencé la difícil tarea de escribir el texto. Primero, dadas las referencias de la película a La bella y la bestia, intenté escribir el texto usando un estilo de cuento de hadas que ya había empleado en el álbum titulado El Túnel (Fondo de Cultura Económica, 1997), pero pronto me di cuenta de que esto no era lo más indicado. De pronto me encontré escribiendo con un estilo parecido al de la época y el tono de la película. King Kong apareció publicado como novela en 1932 y, aunque nunca he visto el libro, leí una versión resumida para niños y publicada en EU, lo que me resultó muy útil.

Por supuesto, las imágenes de la película fueron de gran inspiración; sin embargo, muchas de mis ilustraciones no se basan directamente en ellas. (...) En cuanto a King Kong, no tenía ningún sentido plasmarlo como un muñeco animado. Parte de la fuerza de la película se deriva del hecho de que King Kong posee características casi humanas y no es, evidentemente, sólo un gorila. Quise retratarlo de manera un poco más realista tratando de conservar, al mismo tiempo, sus características humanas.

Schoedsack calculó las proporciones de King Kong para que hubiera una relación dramática muy efectiva entre él y los actores. Las infames películas de la década de 1960 que presentan a un monstruo de poco más de 150 metros llamado Godzilla demuestran que una criatura increíblemente grande puede ser tan impersonal como un huracán. Muy atinadamente, se pensó que King Kong debía concebirse como una personalidad con anhelos patéticos más que como una aberración de la naturaleza. No obstante, cuando se proyectaron las primeras pruebas de King Kong en Nueva York, resultó evidente que era demasiado pequeño. A pesar de lo impresionante que lucía el titán peleando con dinosaurios y cargando a Fay Wray en la selva, los enormes edificios de la ciudad lo empequeñecían. Para las escenas de la selva, los técnicos habían utilizado una escala en la que un centímetro equivalía a 10, por lo que King Kong parecía tener seis metros de altura. Los productores esperaban que nadie se diera cuenta. Incluso en las escenas urbanas, la escala resulta ridícula: en algún momento la mano de King Kong es capaz de aplastar un tren, pero en otro, sólo alcanza para servir de alfombra voladora a la heroína. No obstante, estas incongruencias surrealistas, inclusive, contribuyen a otorgar a la película una naturaleza onírica, la cual traté de conservar en el libro.

Los efectos especiales de la película fueron revolucionarios, pero nunca se permitió que saturaran la trama. La lenta escena inicial en la Nueva York de la Depresión es tan realista que el público encuentra los sucesos verosímiles, por lo que la transición entre lo familiar y lo absurdo es casi imperceptible. Parte de la emoción que me causa hacer álbumes proviene de utilizar las ilustraciones para crear al menos la mitad de la obra: algunas para que narren otra historia o bien un aspecto diferente del relato (...). Como tenía sólo 81 imágenes para contar el cuento, cada una de ellas debía contener más información que cualquier cuadro de la película.

Ésta fue la obra más extenuante que jamás haya desarrollado. Ochenta y una imágenes en año y medio representaban un maratón, además de que me resultaba cada vez más difícil mantener el mismo estándar para cada una de ellas. A la mitad del trabajo me ofrecieron ilustrar una novela maravillosa, The Daydreamer, de uno de mis escritores favoritos, Ian McEwan. Era una oportunidad que no podía dejar pasar, por lo que pasé algunos meses ilustrando King Kong a colores de día y The Daydreamer en blanco y negro de noche. Aunque fue un enorme esfuerzo, creo que ilustrar la novela incluso me ayudó a conservar el interés en King Kong. Era como si me dejaran salir de la cárcel durante algunas horas todas las noches. (¿Estaré exagerando?)

* Traducción de Mario Murgia



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