Actualiza Palomar Diccionario del léxico juvenil
Cuando de hablar se trata habría que hacerlo con propiedad de acuerdo con las reglas de las academias de la lengua, pero por la calle, el mercado, el transporte colectivo o la televisión, muchas veces se escuchan palabras como "güey", "chale", "chido", "¡órale!", "¡qué quemón!" o "¡es bien naco!". Términos que si bien se usan todos los días, parecería que no tendrían que estar en los diccionarios, pero como el lenguaje nace en los mercados, en la calle y no en la academia, estos términos finalmente han llegado al Diccionario de México (Trillas, 2005), de Juan Palomar de Miguel. Un volumen de cerca de mil 500 páginas, que busca ofrecer el rostro de México en todas sus vertientes, en el que se incluyen alrededor de 35 mil mexicanismos, lo que lo hace el diccionario con el mayor número de estos términos incluidos. Para Palomar de Miguel, los mexicanismos son una parte importante de nuestra habla diaria. "Los usamos de una forma u otra. Hay quien ha llegado a decir que si se quitaran estas palabras de nuestra lengua no nos entenderíamos. Esto es una exageración y lo han debatido filólogos como Lope Blanch, pero da una idea de la presencia de mexicanismos en nuestra lengua". Así como el chile da sabor al caldo y a casi todos los platillos mexicanos, los mexicanismos, añade el investigador, le dan sabor a la conversación en este país. "Estos términos nos gustan, los saboreamos, e incluso muchos han llegado al habla internacional, como la palabra "tiza" que en México ya no se usa, pero que en en España es de uso frecuente y casi nadie sabe que es un mexicanismo que viene del náhuatl "tízatl" y que alude a la arcilla terrosa". Pero todo esto no impide al autor del diccionario explicar que actualmente los jóvenes tienen un léxico muy pobre, por lo que unos cuantos términos son los que repiten constantemente. "Las palabras que usan son idénticas y no tratan de sustituirlas por otras. No conocen los sinónimos". Un ejemplo llevado hasta la saciedad es la palabra "güey", que misteriosamente se infiltró en el habla juvenil y luego la televisión centuplicó su uso, hasta el extremo de que no pasa día en que no se escuche: "Vámonos güey", ¡Órale güey!" y así hasta el infinito. Palomar de Miguel, quien durante 15 años se dedicó a elaborar este Diccionario de México, explica que el término "buey", "güey" o "huey" tiene remotos antecedentes que llegan hasta la palabra "huey" que en náhuatl significa "grande", lo que más tarde derivó hacia "pesado, torpe, inhábil, tonto". Hoy, el Diccionario de México lo define así: "Se ha usado como insulto injurioso y ofensivo, si bien en la actualidad esta connotación ya está casi totalmente desvirtuada (muy light en el estilo coloquial de los que la emplean) y las más de las veces tiene el sentido de compañero, camarada, `mano`, que usan incluso las muchachas entre sí; su empleo como muletilla en la conversación juvenil es francamente exagerado, y hasta abusivo".





