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Cierran Centro Mexicano de Escritores

Jorge Luis Espinosa| El Universal
Domingo 04 de septiembre de 2005
El que fue epicentro de las letras nacionales en el s. XX debió cerrar por falta de recursos; la Secretaría de Salud exigió la entrega del inmueble

Si en algún lugar se localizó el epicentro de la literatura mexicana del siglo pasado fue en el Centro Mexicano de Escritores (CME), que luego de más de cinco décadas llegó a un triste final: el cierre definitivo de su espacio y con ello el de toda una época, una de las más gloriosas de las letras nacionales.

En el CME, Juan Rulfo leyó y afinó ante sus compañeros becarios El llano en llamas y Pedro Páramo. Juan José Arreola debatió con pasión. Rosario Castellanos buscó los senderos de la poesía. Jóvenes narradores como Carlos Fuentes y Ricardo Garibay sondearon los misterios de la literatura.

Vicente Leñero luchó para darle forma a Los albañiles bajo la guía de Ramón Xirau, y Juan García Ponce escribía su segunda novela, La casa en la playa, cuando por segunda vez ingresó al CME en 1963, un tiempo en el que Rulfo ya era uno de los tutores literarios del centro.

Para el crítico Emmanuel Carballo, el CME fue un factor determinante para el boom que conoció la literatura mexicana. "En este lugar estuvieron los mejores escritores de la generación de los 50, 60 y 70", precisa el autor de Protagonistas de la Literatura Mexicana.

Pero, el pasado 22 de agosto, la sentencia que ya pendía sobre el CME se cumplió. La Secretaría de Salud (Ssa) exigió que se le entregara el inmueble que desde hacía 20 años ocupaba este centro en la calle de Luis G. Inclán 2709, en la colonia Villa de Cortés.

Durante dos décadas, el CME pudo permanecer en esa casa gracias a la firma de un comodato entre el centro y la Ssa, pero el acuerdo llegó a su fin y ya no hubo prórroga posible, como explica Martha Domínguez Cuevas, administradora del CME y quien desde hacía 45 años trabajaba en este espacio.

?Podíamos rentarla o comprarla, pero como no teníamos dinero nos pidieron la casa. Nos dieron unos meses más para ver si podíamos conseguir el capital, pero los que nos apoyaban se fueron retirando y tuvimos que devolver el inmueble. Sólo nos esperaron a que concluyera el trabajo con los becarios del ciclo 20042005.?

El caos financiero El CME nunca tuvo casa propia y luego de estar ubicado en tres inmuebles de la colonia Del Valle durante sus primeros 30 años, finalmente se ubicó en Luis G. Inclán. Los recursos para su operación procedían de particulares, así como del fondo que la Secretaría de Educación Pública le otorgó a partir de los 90: alrededor de 500 mil pesos anuales.

Pero para 2004 el presupuesto se redujo a 375 mil pesos. "Esto no nos iba a alcanzar, así que acudimos a la Fundación para las Letras Mexicanas (FLM). Miguel Limón Rojas nos dijo que no podían ayudarnos, habló con el secretario de Eduación, Reyes Tamez Guerra, y nos dieron otros 200 mil pesos. Con eso logramos terminar de dar las becas", precisa la administradora.

Apenas lo suficiente. En el ciclo 2004-2005 se becaron a seis jóvenes escritores con un cantidad de 6 mil pesos mensuales. Esto da la cantidad de 72 mil pesos por cada uno de ellos y una suma total de 432 mil pesos.

Además, refiere Domínguez Cuevas, se tenía que pagar Seguro Social, luz, teléfono y sueldos a una secretaria, un mensajero y la señora que hacía el aseo de la casa.

El consejo directivo, así como los tutores, Alí Chumacero y Carlos Montemayor, tampoco pudieron hacer nada porque, explica la administradora, la situación no venía de este año, sino de tiempo atrás, cuando empezó a disminuir la aportación de los donantes particulares.

La Fundación Telmex de Carlos Slim les daba, por ejemplo, 118 mil 800 pesos, pero este último año les pidieron el recibo de exención de impuestos antes de depositarles el dinero y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) que los apoyaba entregándoles esta clase de recibos no da el documento si no se ha depositado la cantidad estipulada.

Desde hacía cinco años la situación se había vuelto difícil, porque antiguos donantes como la Fundación Miguel Alemán que les daba 5 mil pesos al año o particulares como Elizabeth de Cou de Beteta fueron cancelando sus donativos.

"El único ex becario que nos apoyaba, Armando Ayala Anguiano, director de la revista Contenido, dejó también de ayudarnos por la crisis económica. Así, poco a poco, se fueron yendo. Hace un año estuvimos a punto de cerrar, pero hicimos la lucha para conseguir el dinero de las becas 20042005".

¿El cierre es definitivo?

Esto es ya definitivo. No creo que nadie venga a decirnos: Tengan un millón de pesos, creen un fideicomiso y entreguen las becas. Eso sería maravilloso.



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