aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




La noche viuda

Verónica Volkow| El Universal
Miércoles 29 de diciembre de 2004

La poeta, ensayista y traductora Verónica Volkow conjunta en este libro narrativa y poesía: se vale de un diario para entrelazar historias de una novela en la que reflexiona, en algunos casos con poesía en prosa, sobre heridas siempre abiertas para los poetas como la muerte, la otredad, el silencio, la oscuridad, la soledad. A estos dilemas humanos Volkow imprime su vitalidad y mirada que lleva a compartir ese sentir estético con el que la vida, en complicidad, es algo perfectamente vivible.

Verónica Volkow Muerte por poesía .

En el país de los grandes poemas hay mucho frío, me decía Julián, leer a Rimbaud es doloroso, Pessoa implica bordear lo insoportable. "Flac bricoleur" se murió de frío. Decidió irse a vivir junto al abismo, pensaba que el lenguaje tiene que ir brotando sumergido en soledad, para que así pueda salir de sí con toda su fuerza. "Bricoleur" se ofrendó a esta exigencia. Sin ahorrarse dificultades, decidió vivir como si fuese el primer día de la inaugurada frase articulada emprendiendo su orgulloso esfuerzo. Tenía ésta que lanzar mil ojos para la precisión del conjunto, más la carga de implicaciones, y todo con la desenvoltura del humor, por supuesto.

Peregrino entre los filos de las formas adversas era ese lenguaje fiel tan sólo al alma y al orgullo del empeño, blandiendo el valor de su elegancia. "Bricoleur" quería ser él un poema, se murió de lograrlo.

Es una gracia atlética la aspiración al poema. Implica el acopio de todo lo posible. Lo que puede existir también podrá ser dicho, moldeado por el verbo, permitido dentro de esa su extraña autonomía. El verbo es la posibilidad misma. Y a "Flac bricoleur", que quería ser tantas cosas, todas las cosas en realidad y todas las personas, sólo el verbo lo satisfacía. Y quiso adelgazarse hasta ser verbo, agilizarse al extremo.

Y que el giro sorprenda, los términos de preferencia inusuales, torcer el idioma hasta que pueda sonar de otra forma, volverse distinto aunque a la vez el mismo. Esa atosigada y apretada metamorfosis era su alma.

Y cómo no iba a desaparecerse, si él quería ser todas las posibilidades reunidas, y eso no existe.

La poesía es peligrosa, a qué dudarlo, pero él se inmoló, más que a la obra, creo, a la ambición de la obra. Vivió quitándose y desnudándose, buscando en él mismo las combustiones, consunciones, destilaciones, transformándose en atanor, ya que la obra es magia.

La obra nunca es algo que hacemos sino, como todo lo esencial, algo que tratamos de merecer para que nos sea revelado, entregado.

Un poema es un músculo del todo, y eso es lo que quería ser él, date cuenta, esa alma desnuda y orgullosa de su agilidad y tantos poderes, esa alma tan sola en la oscuridad, tan aterida.

Su contacto se nos volvía peligroso, inevitablemente corroía, destruía con la intransigencia despiadada de una voluntad titánica. Un alma tan ambiciosa desgarra la vida, los seres, las circunstancias.

La obra no es algo que hacemos, en realidad, sino la asunción de algo que secretamente, en la absoluta desnudez, somos, y no sin dolor asumimos. Nos vamos despojando más y más para tañer esa esencia. Y entonces sí la música puede salir enteramente pura y con toda la concentración de su fuerza.



Lluvia

Hablabas de la lluvia, recuerdo, ese andar de plata que todo lo barría, traía y se llevaba. Trenzada en robles nudosos, confundida en rotaciones de hojarascas, esgrafiada en los charcos o salpicando su percusión en las cunetas. Ha contado el número de las hojas de los árboles y espantado a los gatos. Tan callejera y desenvuelta merodeando el territorio de las cosas perdidas.

Detritus, cáscaras, todo lo inmovilizado por un definitivo abandono, se pone a danzar de nuevo, bajo este repentino impulso unánime, recuperando un sitio en la súbita maquinaria embriagadora. Una fiesta de briznas y basuras, de todo lo desfalleciente. Hay en el fluir de esta bailarina ubicua el frágil esfuerzo de un brillo.

La ciudad es un gran tomo para sus cientos de ojos. Lluvia que lee al unísono los nombres de las calles y sabe los repliegues de cada una de las cosas; cómo se esconde el mundo.

Hace inventarios de colillas y hebras, crónicas precisas de despojos. Tan como una súbita memoría es ella de todo lo hundido y gris; una insidia de lo clandestino que se levanta y muestra.

Tan lleno su caminar de mundo, tan insistente y mañosa frente a todas las puertas. Puede ser otro el mundo, nos asegura y repiquetea en la ciudad. Es una música, en la que cantan y danzan hasta las cosas más tristes.



Palabras de amantes

Cuando dos se aman, dos habitan en común varias palabras, se encuentran en sus frases y anécdotas, habitan sus declaraciones y apelativos. El pacto del amor parece que invitara, sobre todo, a una residencia en estos términos.

y moran no sólo los amantes, sino el mundo nuevo que entre los dos surge. Y es como si creara un lenguaje domiciliado y apersonado, donde se doméstica la fuerza autista de lo abstracto, tan aversiva a detalles, a la capilaridad de lo vivo. Los nombres, antes impersonales, recuperan epidermis, colores, densidad, olores. Se unen en un pacto renovando el mundo y las palabras.

Hay tantos muertos, de hecho, en las palabras. Pero entre dos que se aman no es así, los nombres no andan ya como fantasmas sin piel ni dueño. El inhóspito anonimato alberga por fin la algarabía de una risa o de una cabellera indómita. Queda atrás, como por siempre, esa ausencia de vida que persigue y erosiona a las palabras.

Platos, cubiertos y jarras dejaron ya de volar inexistentes y tuvieron un lugar y colores en nuestra mesa. Cada vocablo descubría un punto de gravedad finalmente, un ombligo de plata que lo traía de regreso a la casa.

El ritual del amor era de hecho el de habitar ciertas palabras, crearle un mundo nuevo a sustantivos y verbos.

Teníamos que vestirlas y actuarlas, representarlas con gestos y zapatos. Porque las palabras en el amor recuperan sus texturas y voces, sus caricias y pleitos.

La noche viuda, Verónica Volkow; Fondo de Cultura Económica, México, 2004, 85 pp.



Ver más @Univ_Cultura
comentarios
0