Insectos que inspiran robots
Al igual que entre todos los seres vivos, en el mundo de los insectos las criaturas capaces de saltar más alto y desplazarse con más rapidez son las que tienen mayores oportunidades de escapar de sus depredadores y asegurar la supervivencia de su especie. Un zoólogo británico descubrió que el escupidor (Philaenus spumarius) , un insecto considerado como plaga devoradora de ciertos cultivos, es el mejor saltador de todos. Mucho más incluso que la pulga y el escarabajo chasqueador, que formalmente detentaban dicho sitio. Contra lo que pudiera pensarse, el estudio de las habilidades y capacidades de los insectos para saltar y correr no es una frivolidad ni una pérdida de tiempo, pues las características estudiadas por los investigadores alimentan con información a los diseñadores de minirrobots, así como a los científicos que estudian el papel del cerebro en el control de los músculos involucrados en el movimiento. Al respecto, Malcolm Burrows, un especialista en el estudio del cerebro, que buscaba algunas pulgas para su laboratorio, en la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, recientemente se percató de que los insectos escupidores, conocidos también como saltarranas, eran capaces de saltar mucho más alto que cualquier pulga, dado lo cual decidió capturar un grupo para estudiarlo con una cámara de alta velocidad. Los resultados mostraron que el escupidor, de unos seis milímetros de tamaño, puede saltar a más de 70 centímetros de altura, en tanto que las pulgas apenas rebasan los 20 centímetros y los escarabajos chasqueadores los 30, cuando mucho. Tocante a la velocidad, el escupidor salta a 365 centímetros por segundo, mientras que la pulga y el escarabajo chasqueador alcanzan sólo 182 y 122 centímetros por segundo, respectivamente. El escupidor, que se encuentra comúnmente en los jardines de Gran Bretaña, tiene la potencia necesaria para saltar más de 100 veces su tamaño, lo que equivaldría a que un ser humano pudiera pasar por encima de un edificio de 70 pisos con tan solo el impulso de sus piernas. El escupidor recibe ese nombre por su habilidad para cubrirse con su baba, una secreción de color blanco que produce como escudo protector contra sus depredadores al masticar los tallos de diversas plantas de jardín y algunos granos. En Gran Bretaña se le conoce como saltarranas, debido al parecido que adquiere con los batracios al momento de plegar sus patas para saltar. Burrows utiliza esta especie de insecto para estudiar cómo el cerebro controla los músculos de las piernas durante el acto de caminar, correr o saltar. Según él los escupidores son modelos muy útiles para el estudio de estos elementos del cerebro humano. En ese sentido recuerda que "el cerebro de un insecto es un poco más simple que el humano, pero sus habilidades de salto son en verdad fuera de lo común". Resulta increíble la cantidad de información que puede recabarse de entre los insectos para aprender acerca de los seres humanos, dice. El investigador señala que los insectos emplean sus músculos de diversas maneras. En el caso del escupidor, por ejemplo, contrae los de sus patas traseras muy despacio, a fin de acumular la mayor cantidad posible de energía, misma que libera de manera instantánea, como si fuera una catapulta. Existen dos diseños básicos para saltar: animales como la rana y el canguro poseen extremidades largas, mismas que les proveen de su fuerza de impulso para cubrir una distancia que a los animales de patas cortas les representa un mayor esfuerzo. En contraste, estos últimos liberan la energía que acumulan en sus patas para impulsarse. En el caso del escupidor, su ventaja sobre los demás animales, incluidos sus símiles de patas cortas, estriba en un "sistema de bloqueo" que le permite plegar sus patas traseras bajo el tórax con ayuda de una cresta. Los músculos torácicos del insecto concentran el 11 por ciento de su masa muscular, de tal manera que al desbloquear sus patas liberan una gran cantidad de energía que se traduce en fuerza de impulso. Por su parte, el zoólogo Robert J. Full, de la Universidad de Berkeley, estudia las formas de locomoción animal, mismas que toma como modelos para la construcción de robots. Actualmente trabaja en colaboración con el ingeniero Mark Cutkosky, de la Universidad de Stanford, en el diseño de robots con patas en vez de ruedas, debido a que, según ellos, serán mucho más ágiles y versátiles en distintos tipos de terreno. El descubrimiento de Burrows en torno a la sorprendente habilidad para saltar del escupidor proporcionará nuevas posibilidades para el diseño que podrían revolucionar la robótica y las habilidades de sus productos para la exploración en terrenos difíciles, incluida la superficie de otros mundos, según Full, pues "la naturaleza sigue siendo, por mucho, la mejor maestra". (Con información de Nature, New Scientist y San Francisco Chronicle)





