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Alberga el Dolores Olmedo la colección de Frida más grande en México

El Universal
Martes 13 de julio de 2004
El Dolores Olmedo alberga la colección más grande en México de la pintora, valuada en 40 mdd

Un museo privado, localizado en el antiguo barrio de Xochimilco, en la periferia de la ciudad de México, alberga una de las más importantes colecciones pictóricas de Frida Kahlo en el mundo y la más grande en nuestro país.

Se trata del Museo Dolores Olmedo, recinto que despliega en estos momentos una intensa actividad para conmemorar el 50 aniversario luctuoso de la pintora mexicana, la artista latinoamericana mejor cotizada en las subastas internacionales de arte.

No obstante ser la colección permanente del recinto, no es común encontrar la totalidad de las 26 obras en exhibición, pues se trata de piezas muy solicitadas por museos de todo el mundo: lo mismo Francia, Noruega, Finlandia y Dinamarca, que Suecia, Suiza, Italia y España.

Por ello resulta un privilegio para los ojos encontrarla reunida en su sede, con un nuevo montaje titulado Frida: vida la vida , que incluye alrededor de una treintena de fotografías de Frida Kahlo, además de indumentaria y joyería como la que ella usaba, antes de que las pinturas emprendan un nuevo itinerario que las llevará por diversas ciudades de España, Inglaterra y Estados Unidos durante los dos próximos años.

De las 26 obras cuyo avalúo asciende a 40 millones de dólares, 25 fueron adquiridas en su totalidad a la familia del ingeniero Eduardo Morillo Safa, al fallecer éste.

Morillo Safa, quien ocupó cargos en el servicio diplomático, fue uno de los mecenas que hacían encargos esporádicos a la artista. En el curso de los años adquirió unos 30 cuadros de la pintora y encargó retratos de cinco miembros de su familia, entre ellos, de su madre doña Rosita.

Se sabe que en un principio, la colección fue ofrecida a Diego Rivera; sin embargo al carecer de recursos para adquirirla, éste sugirió a la empresaria y filántropa Dolores Olmedo que la comprara, pues según las palabras del pintor mexicano "algún día alcanzaría el reconocimiento que merecía".

Al lote inicial de 25 obras, el Museo Dolores Olmedo sumó otra recientemente: una obra realizada al óleo sobre pergamino, que muestra un corazón con cactus y un feto. Se sabe que la pieza perteneció originalmente a Carlos Pellicer quien la intercambió con un galerista por una obra de José María Velasco, y ha sido la familia de dicho galerista (fallecido en 1983), quien la ofreció al museo.

La colección del Dolores Olmedo evidencia lo que fue la vida de Frida Kahlo, tras el accidente que sufrió en 1925 (el choque del camión en que viajaba con un tranvía), y que le provocó severos daños en la columna vertebral.

Si bien, sus primeros cuadros fueron retratos de sus amigos y vecinos de Coyoacán o de la preparatoria, como el de Alicia Galant, en cuyo reverso aparece la leyenda "Mi primera obra de arte, Frida Kahlo, 1927"; más tarde, su panorama artístico y personal se enriqueció al conocer y contraer matrimonio con Diego Rivera, con quien viajó a Estados Unidos.

En un principio el estilo de Frida se asemejó a los temas y las obras del pintor, pero con el paso del tiempo adoptó uno muy particular, distinto al de su esposo.

Otros retratos de la colección remiten a personas a las que conoció y con las que tuvo amistad: Ady Weber, Eva Frederick, Lady Hastings, Eduardo Morillo Safa y doña Rosita Morillo. Algunos más muestran personajes motivo de su admiración, como Luther Burbank, científico estadounidense a quien Frida decidió inmortalizar en 1931 como a un ser hibridizado, en parte humano y en parte árbol, como si fuera producto de sus propios experimentos.

Los autorretratos también aparecen constantemente. "Te autorretratas porque te sabes bonita...", le preguntó un periodista a Frida, "No, me autorretrato porque siempre estoy sola...", fue su respuesta. En ellos se refleja constantemente el dolor, a veces como secuela del accidente, otras por motivos distintos, como su imposibilidad para tener hijos y los abortos a los que se enfrentó; otros remiten a su infancia.

La pintura de Frida Kahlo catalogada algunas veces como surrealista o naif (ingenua), muestra un enorme apego a la vida y un profundo arraigo a la cultura nacional, ídolos precolombinos, animales sustitutos de los hijos que no tuvo y trajes típicos fueron constantemente representados por ella en sus no más de 200 cuadros, que no rebasaron, salvo en pocas ocasiones, el formato pequeño, donde se concentra toda la angustia, dolor y emoción que la rodeó.



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