`Sólo la descendencia legítima, con derechos`
El 14 de agosto de 1928, EL UNIVERSAL publicó una foto de Fernando Olivera Esperón. El rostro del joven abogado aparecía acompañado de una nota alusiva a su linaje: era descendiente directo y legítimo de Moctezuma II. El recorte, amarillo por los años, está pegado en la hoja de un cuaderno que María de los Ángeles, su hija, observa con orgullo. María de los Ángeles Fernanda Olivera Belmar Esperón de la Flor Nieto Silva Andrada Moctezuma, como era conocida antes de casarse, está orgullosa de ser descendiente, en decimocuarta generación de Isabel Moctezuma, hija mayor y legítima de Moctezuma II. Muestra el árbol genealógico realizado por su padre, así como dos gruesos tomos, de más de 500 hojas cada uno, en donde Fernando Olivera dejó documentado su linaje, hacia el año de 1940. Elegante y amable, Fernanda Olivera no reclama las pensiones que, por ley, le fueron otorgadas a su familia hasta la tercera década del siglo pasado, como descendientes que son de la hija de Moctezuma. Es enfática al argumentar el origen noble de Isabel. Cuenta que Moctezuma tuvo por esposa legítima a la gran Teotlalco, que quiere decir tierra divina, señora de Tacuba y sobrina suya, pues era hija de su hermano Cuitláhuac. Cuando se casaron, Moctezuma unió su manto con la camisa de la princesa. Eso era símbolo de que el matrimonio era indisoluble. De este matrimonio nació Tecuichpoctzin, que quiere decir "noble doncella", en julio de 1509. Ella estaba prometida para casarse con Cuauhtémoc, pero tenía 12 años cuando vino la Conquista española. Posteriormente fue bautizada como Isabel de Moctezuma. "Isabel no era una indígena cualquiera, era hija de un matrimonio establecido y sus descendientes fueron los beneficiarios de su herencia", detalla Fernanda Olivera, quien añade: "El 27 de junio de 1526, el conquistador de México, Hernán Cortés, en su carácter de capitán general y gobernador de la Nueva España y sus provincias, concedió en dote y arras a Isabel de Moctezuma, en ocasión de su matrimonio con Alonso de Grado, y porque de derecho le pertenecía, el señorío y naturales de Tacuba y otros 11 pueblos. El beneficio se extendía a sus herederos." Con Alonso de Grado, Isabel no tuvo descendencia. Con su segundo esposo, don Pedro Gallego Andrada, procreó a Juan Andrada Moctezuma, de quien procede la actual rama de los Andrada Moctezuma, reconocida por los gobiernos español y mexicano. Posteriormente se casó con Juan Cano de Saavedra, con quien tuvo cinco hijos: Pedro, Juan, Gonzalo, Isabel y Catalina, estas dos fundadoras del Convento de la Concepción en México. "No todos los que tengan el apellido Moctezuma, son descendientes del emperador aclara Fernanda Olivera. Pueden ser descendientes de otro hijo que tuvo y que se fue a vivir a España." Olivera agrega que Pedro Moctezuma fue hijo natural del emperador y la señora de Tula. Felipe II lo recibió muy bien en Madrid el 11 de septiembre de 1570. De ese tronco desciende la rama del duque de Moctezuma, quien a principios del siglo pasado quiso cobrar la pensión, aunque no comprobó la descendencia de Isabel de Moctezuma. El emperador también tuvo relaciones con la princesa de Acatlán, con quien engendró a María y Marina. Isabel de Moctezuma murió en la ciudad de México el 9 de diciembre de 1550. En abril del año siguiente, el menor Juan de Andrada Moctezuma, hijo de Pedro Gallego de Andrada, presentó una demanda en contra de su padrastro Juan Cano de Saavedra, quien recibía los beneficios otorgados a su difunta madre. La Real Audiencia de México determinó en julio del mismo año que Juan de Andrada era el poseedor del pueblo de Tacuba y los demás pueblos, junto con los demás hijos y herederos. Al triunfo de la Independencia, el gobierno mexicano adquirió la obligación y el pago se fue realizando a los descendientes hasta iniciado el siglo XX. Fernando Olivera gozó parte de las pensiones que, hasta los años 30, le fueron otorgadas. Según consta en sus escritos, recibía una cantidad de 413 pesos con 59 centavos. Cuando, por decreto presidencial, fueron suspendidos los pagos en 1933, Fernando Olivera interpuso un amparo. Eso no fue el motivo por el que Fernando Olivera comenzó su investigación. Desde mucho antes ya había iniciado su indagatoria en archivos como el de Indias, en España, y a través de cartas con presuntos descendientes del emperador. Fernanda Olivera aún guarda en un sobre la correspondencia de su padre con misivas en las que los firmantes aportan detalles genealógicos. En 1952 murió Fernando Olivera, no obstante el 5 de julio de 1950 dio por terminada su obra, según lo escrito por su propia mano y con impecable caligrafía, en la última hoja del segundo tomo. El material, único en el mundo a decir de la hija del autor, fue vendido a la editorial Porrúa, pero no se publicó. En la actualidad, los dos tomos, junto con un cuaderno de apuntes en donde hay recortes de periódicos del siglo XIX y XX alusivos al tema, están en poder de Fernanda Olivera, quien no está en contacto con otros descendientes. "Yo no conozco a otros descendientes. Creo que los únicos que pueden pelear esa herencia son aquellos reconocidos como descendientes legítimos de María Isabel de Moctezuma. "Para mí siempre ha sido un orgullo muy grande ser descendiente de Moctezuma concluye. Desde pequeña, mi padre siempre me inculcó el amor a México y a mi herencia de sangre."





