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Svetlana Alexiévich, víctima de la persecución

Alejandro Toledo| El Universal
Miércoles 26 de marzo de 2003
La escritora bielorrusa confiesa que escribe literatura bélica como una invitación a evitar los conflictos armados

Hay que defender lo poco de humano que hay en el hombre .

"Necesito almas que reflexionen. Lo que más teme el ser humano es que su vida carezca de sentido. Después de todo, nuestra vida es una constante búsqueda de significado", escribe Svetlana Alexiévich, a quien publicar testimonios de la Segunda Guerra Mundial y del desastre de Chernobil le valió ser perseguida. Alejandro Toledo dialogó con esta autora, que a las 18 horas de hoy dictará una conferencia en el Palacio de Bellas Artes.

Por su frecuentación del horror acaso más cercana a Dostoievski que a Tolstoi, con el autor de Crimen y castigo se pregunta Svetlana Alexiévich: ¿cuánto de humano hay en el ser humano? La respuesta es ardua: "He llegado a pensar que el hombre tiene muy poco de humano, sólo una pequeñísima capa, pero hay que defenderla, protegerla en esta época de tantos horrores".

A través de sus libros, Svetlana Alexiévich ha construido un gran mosaico de la cultura rusa del siglo XX con las siguientes estancias: la Segunda Guerra Mundial, la invasión a Afganistán, la caída de la Unión Soviética, Chernobil, el amor y la muerte... "Me entristece que mis libros sigan siendo actuales y se sigan vendiendo en todo el mundo, porque los escribí para que no hubiese más guerra", dice. "Uno siente cómo que se le oprime el corazón."

De los campos de batalla pasó a las luchas cotidianas: ¿qué hace la gente cuando deja las barricadas, cómo se relaciona con los otros y cómo enfrenta su destino final?

Usted ha escrito que el hombre busca en el amor lo mismo que en la guerra o en el crimen. ¿Cuál es esa búsqueda?

Pienso que tanto en el amor como en la guerra el hombre cae sobre sí mismo y encuentra algo más que le ayuda a conocerse. No quisiera que se clasificara a mis libros como una literatura que busca el horror por el horror. En ellos veo cómo el hombre crece y se reconoce en estas circunstancias difíciles. El amor también es una situación extrema. Por amor podemos elevarnos a todo lo alto o caer en el abismo.

Los libros de Svetlana Alexiévich (La guerra no tiene rostro femenino , La plegaria de Chernobil y Los niños del zinc , entre otros) siguen el mismo método: cientos de entrevistas grabadas, un enorme trabajo de edición... Aunque en distintos frentes, la autora bielorrusa define a la guerra y al horror como su campo de trabajo.

"Pero yo no describo la guerra como tal, con el dato cierto exacto, lo que es útil para la historia, sino que busco el sentimiento humano. Voy siguiendo las huellas de la vida espiritual de las personas. Trato de sacar los nuevos conocimientos que el individuo con el que conversé ha podido añadir a su acervo, cosas que no suelen estar en los archivos. Soy como el buscador de oro, que va tras las pequeñas vetas que aparecen en el río."

También ha dicho que busca un doble retrato: el del ser humano en su época y el del universal o eterno, que busca ?hechos que funcionen como signos?.

Si sólo me ocupara del hombre en su tiempo, no sería otra cosa que periodista. Hay que elevarse sobre esto para llegar al arte, porque también existe el hombre como tal, que constantemente añade experiencias a su vida.



Media cubeta

Son muchas las anécdotas duras de Svetlana Alexiévich. Ella las cuenta como quien revisa un relato infantil.

Una: En Afganistán los militares rusos me presumían su armamento modernísimo, precioso, por ejemplo una mina de fabricación italiana. Un hombre me dijo: "Pero si usted pisa sobre esta mina, quedará de usted media cubeta". Al día siguiente me llamaron para que viera a alguien que había pisado una de esas minas, o lo que quedaba de él, pues lo estaban recogiendo prácticamente con cucharas.

Dos: En Afganistán, una enfermera me contaba cómo va cambiando la sangre de un muerto que se queda al sol: primero es roja, luego amarillenta y al fin se pone azul... En mis libros trato de acercarme a esto que es el hombre, cómo una nueva realidad, por dura que sea, lo transforma.



Rehén de su historia

¿De dónde viene este interés por el dolor humano?

No es que yo sea masoquista, simplemente ésta es nuestra historia, y yo soy un rehén de mi propia historia. Nací en una aldea, mis padres eran maestros rurales, y lo que escuché en mi infancia fueron esas historias sobre la guerra que luego convertí en el proyecto de un libro.

Podría pensarse que le fascina el horror...

No, no. Cuando terminé mis libros sobre la Segunda Guerra Mundial, uno a los ojos de las mujeres y el otro siguiendo la mirada de los niños, ya no quería escribir más. Algo similar me ocurrió con la guerra de Afganistán, de la que no quería escribir. Un día trajeron unos féretros con soldados muertos, que fueron tratados como héroes, y a una mujer que les lloraba la hicieron a un lado y la llevaron a un automóvil, como para esconder el dolor: ella rompía ese compromiso del silencio. Yo ahí me dije: "No puedo callar". Y viajé para saber qué era esa guerra.

Esta exploración de la vida espiritual, como usted la llama, ¿a qué conclusiones la ha llevado sobre la humanidad? ¿Es usted pesimista con respecto al hombre?

Es difícil ser optimista. El horror es parte de la historia. Mi manera de vivir es ser honesta con el mundo en el que vivo en cuanto a cómo lo estoy percibiendo. Lo que busco es verle los ojos a la realidad. La historia rusa es una historia de horrores, y por eso se nos ha creado una suerte de piel gruesa. Sin embargo, el constante testimonio del dolor lo hace a uno empezar a defenderse de ello. Me educaron con la idea de que hay que ir hasta el fin, y por ir hasta el fin también hay que pagar un precio. Por ejemplo cuando me hablaron de ese soldado que había pisado la mina y me invitaron a verla, me pregunté: "¿Voy o no voy?" Como entiendo que hay que asumir las cosas hasta sus últimas consecuencias, fui... Y me desmayo ante tanta locura que golpea al ser humano.

Escribe usted: ?Todo lo ruso es triste?. ¿Diría, Svetlana, que su vida es triste?

Mi vida es interesante. Soy una persona feliz porque hago lo que quiero hacer. A veces me canso o me siento desencantada, pero nunca pierdo esa curiosidad por vivir.

¿Sufre el exilio?

Por supuesto, pero el exilio para mí es tan sólo algo temporal. Sé que en el futuro podré volver a mi país, pues ningún dictador es eterno.



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