La evolución según los niños
Centenares de manos infantiles dieron origen a una obra artística única en su género, El códice cerámico de la evolución , que fue donado al Museo de Historia Natural de la Ciudad de México (Chapultepec) y que podrá ser visto a partir del próximo sábado. Niños y niñas de nivel primaria sumaron su imaginación y su creatividad a este proyecto gestado hace dos años por los maestros María Ángela Rincón y Jorge Rello, promotores desde hace más de diez años de talleres artísticos. El códice es único por dos motivos. Es una síntesis completa de la evolución de nuestro planeta y de la vida desde hace 4 mil 600 millones de años, un tema que no se había mostrado de manera global, sólo fragmentado. Su singularidad también radica en la forma como se presenta: un muro de cerámica esmaltada conformado por centenares de piezas colocadas como rompecabezas. Los trabajos con los niños iniciaron después de que los padres de familia aceptaron gustosos aportar un donativo de mil 500 pesos cada uno. No se tiene el costo total del códice porque hubo quienes trabajaron de manera voluntaria, como los investigadores. Con shorts y camisas, en grupos de 15, los niños tuvieron su primer acercamiento al barro: lo amasaron con pies y manos. En la segunda sesión moldearon sus piezas (cuadros o placas) para que fueran llevadas al horno, en tanto que se especializaban en un periodo geológico. Para este aprendizaje se les proyectaron 800 transparencias tomadas de libros de ciencia y 10 videos sobre la historia de la evolución a fin de que tuvieran una referencia. Aunque la investigación científica estuvo a cargo de geólogos de la UNAM, no se les pidió a los pequeños que copiaran fielmente las imágenes, sino que dieran rienda suelta a su imaginación, por lo que el profesor Rello comentó: "estamos ante nuevas especies". En los dos últimos talleres las piezas se colocaron sobre el piso en triplay para que los niños diseñaran las figuras de animales y plantas con el mismo barro, dando un efecto de alto relieve. Al final les dieron color con pinceles, y se mandaron de nuevo al horno. Bacterias sin forma, células, plantas de todos tamaños, peces, reptiles, insectos, dinosaurios, cocodrilos, tiburones y ballenas son algunos de los seres vivos que habitan en esta magna obra artística infantil. Rello platica que las sesiones fueron muy divertidas y que los niños salieron sorprendidos porque no conocían temas como la división del tiempo y tipos de animales. Paradójicamente nadie, ni los creadores, han visto cómo concluyó su trabajo, sólo quienes montaron las piezas durante 13 horas. Será hasta el día de la inauguración, a las 11:30 horas, que los autores y el público en general vean el resultado final. El códice está montado temporalmente en seis partes hasta que las autoridades del museo le designen un espacio que lo albergue en su longitud normal de manera definitiva.





