Jorge González Camarena, un muralista de su tiempo
El pasado 24 de mayo se cumplieron 22 años del fallecimiento del pintor jalisciense, considerado parte de la segunda generación del muralismo. Desde siempre manifestó una especial preocupación por integrar a la arquitectura disciplinas tales como la pintura y la escultura. Fue autor de alrededor de 26 murales como La liberación de la humanidad , en el Palacio de Bellas Artes, y Las razas , en el Museo Nacional de Antropología, así como de obras escultóricas de carácter monumental como los grupos El trabajo y La maternidad , realizados para el IMSS. Hoy lo recordamos a través de la colaboración especial de su hijo. Jorge González Camarena Saint Leu A los 17 años fui achichincle del muralista Jorge González Camarena, pues me habían expulsado de la escuela y, como era mi padre, me impuso el castigo de ser su ayudante. Él acababa de terminar un mural en el Castillo de Chapultepec titulado La conquista , que cambió de nombre para ser impreso en los billetes de 50 mil pesos y se le tituló La fusión de dos culturas . El tema es la lucha de un caballero águila con un guerrero español a caballo que termina con un abrazo mortal fusionando su sangre y así nace la raza mexicana (existe una segunda versión de caballete titulada El abrazo ). Durante el momento al que me refiero mi padre estaba proyectando el mural Carranza y la Constitución de 1917 , en el Museo de Historia del Castillo de Chapultepec. Para ejecutarlo leyó varios libros sobre la vida del constituyente y, al terminarlo, me dijo: "Ahora sí conozco a Carranza y ya lo puedo pintar". Realiza el boceto y al mismo tiempo le ayudo a preparar un muro de fibra de vidrio con arena de mármol y resinas plásticas, el material del momento. Mi padre siempre se interesaba por incursionar en las nuevas técnicas y materiales de la época; fue el primer muralista que pintó sobre una superficie tan innovadora y sin posibilidad de destrucción. Me comentó: "A este mural no lo podrán destruir como los del edificio Guardiola. Los banqueros, aprovechando el temblor del 57, los destruyeron argumentando que eran pornografía". En ese momento empezó mi chamba (castigo), que se convirtió en el año más importante de mi vida, fue mi formación no sólo como hombre sino también como profesional, ya que en el transcurso de la realización de este mural fui aprendiendo cómo se manejaban diferentes materiales como la fibra de vidrio, óleos, acrílicos, etcétera. También, sin darme cuenta, aprendí aritmética, geometría, composición y descomposición de los elementos, de tal manera que al haber lavado los pinceles y preparado los materiales aprendí a diseñar. Fue un año de trabajo muy intenso, sin horario, a tal grado que teníamos no sólo una cocina improvisada, sino también dos catres, de esa forma puedo presumir que soy uno de los pocos mexicanos que ha vivido en el Castillo de Chapultepec. Se inicia el mural con el cuadratismo de la superficie en donde surge Carranza con una desproporción deliberada del tórax mucho más voluminoso de lo normal y la cabeza de menor proporción, logrando así un efecto monumental, como decía mi padre que era Carranza. Un ejemplo muy claro del cuadratismo es la obra El milagro del Tepeyac , que actualmente ha sido motivo de gran polémica por ser el más significativo del acontecimiento de Juan Diego. Este consiste en dividir la superficie primero en dos partes, luego en cuatro y, así, sucesivamente, llevando líneas horizontales, verticales y diagonales. Tomando como centro la punta de la tilma parte el eje vertical de este cuadro, alineando con precisión matemática la mano de la Virgen de Guadalupe con las rosas que está depositando en el ayate, las manos y el pie de Juan Diego. En el ojo de Juan Diego se conjuntan tanto los ejes horizontales, verticales y diagonales simbolizando, en ése punto, el inicio del Milagro del Tepeyac. Mi padre nos enseñó su forma de ver la vida reflejada en su sencillez, en la importancia de la familia, el valor exacto del dinero que, aunque lo cuidaba, no era lo más importante, como lo comprobamos cuando, después de su muerte, desmontando su casa, uno de mis hermanos encontró un cheque hojeando un libro; eso nos hizo revisar la enorme biblioteca de mi padre y encontramos 11 cheques que se cobraron en su totalidad. Mi padre tenía una gran visión pictórica y de la vida misma. Hoy en día dos de sus cuadros están mostrando, uno la canonización de Juan Diego, y el segundo todos los conflictos del Medio Oriente, sin duda él ya lo sabía mucho antes que todos nosotros. Una muestra de ello es una anécdota que nunca olvidaré: el 24 de abril de 1980 hice una reunión familiar para festejarle su cumpleaños, al cual llegó con una máscara de un hombre joven y, al mes siguiente, el 24 de mayo, se me adelantó en su último viaje aquel que había sido mi padre, mi amigo y mi maestro.





