Chesley Bonestell, las imágenes de un visionario
Resulta difícil para nosotros imaginar el mundo de hace apenas 50 años, sin computadoras personales, Internet o satélites de comunicación y rutinarios viajes espaciales. Un hombre sin embargo logró plasmar en cuadros de gran belleza y valor artístico el futuro del hombre en el espacio, sin por ello sacrificar el rigor científico en sus creaciones. Se trata del arquitecto, astrónomo y pintor más famoso del siglo XX en temas espaciales Chesley Bonestell, cuya influencia puede aún verse en la nueva generación de artistas cuyo leitmotiv es el espacio. Bonestell (1888-1986) manifestó desde muy temprano un interés por el espacio que lo llevaría a pintar en 1906 su primer cuadro del planeta Saturno, mismo que se perdería en el gran terremoto de su natal San Francisco en 1906. Estudió arquitectura y trabajó en el diseño de dos grandes estructuras ; el puente Golden Gate y la torre Crysler en Nueva York. En 1938, a la edad de 50 años, comenzaría una fructífera carrera como creador de efectos especiales en películas como: Guerra de los mundos , Cuando los mundos colisionan y Destino luna . Bonestell alguna ves explicó la técnica que usó en estas películas "Como mi conocimiento del lado técnico de la industria de la película era corto, comprendí que podía aplicar ángulos de la cámara como los usados en el estudio de las películas y así ilustrar el viaje de satélite a satélite, mostrando a Saturno exactamente como el parecería". En la década de los 40 y 50, Bonestell iniciaría su carrera como ilustrador en revistas como Life , Scientific American o Astounding Science Fiction . Su talento como dibujante de paisajes extraterrestres fue aprovechado por exitosos escritores de divulgación científica de la ópoca, como Willy Ley (Uno de los fundadores de la astronáutica) y Wernher Von Braun (otro pionero de la astronáutica). Con este último realizaría sorprendentes ilustraciones sobre el futuro del hombre en el espacio basándose fielmente en los parámetros técnicos descritos por Von Braun. Con gran realismo dibujó el primer alunizaje en un módulo descenso parecido a los que más tarde utilizarían las misiones Apolo de la NASA. Sus dibujos de un encuentro orbital entre dos naves alrededor de la Tierra resultaron proféticas. Von Braun quien más tarde colaboraría en la NASA pensaba que no sólo un viaje a la luna era posible, sino que una meta aún más ambiciosa podría ser alcanzada: Marte. Bonestell ilustró profusamente las especulaciones que Von Braun tenía sobre la conquista de Marte. En sus pinturas Bonestell colocó colonias marcianas tal y como los científicos de nuestros días han diseñado las futuras colonias humanas en el planeta rojo. Bonestell trabajó también con Arthur C. Clarke en la ilustración de algunos de sus libros. Los trabajos más famosos de Bonestell se publicarían en la revista Colliers ilustrando las especulaciones de astrónomos como Fred Whipple sobre la conquista del espacio, mismas que levantarían acalorados debates sobre las razones de enviar naves y hombres al espacio. En la década de los 50 poco se sabía sobre los efectos que el espacio exterior tendría en los seres humanos, algunos pensaban que la intrínseca naturaleza hostil del espacio haría imposible el supervivencia de los seres humanos. Sin embargo, ahí estaban los deslumbrantes y cautivantes dibujos de Bonestell que parecían hacer lo imposible real. Y lo hicieron, muchos ingenieros y técnicos que más tarde trabajarían en las primeras etapas de la NASA confesarían haberse involucrado en la investigación espacial al haber observado las ilustraciones de Bonestell. Toda una generación de escritores y artistas voltearían hacia el espacio con la certeza de que algún día habitaríamos en él. Chesley Bonestell moriría pintando sus visiones del espacio a la edad de 98 años.





