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Día Internacional de la Mujer. Tres jóvenes escritoras narran la violencia

Yanet Aguilar| El Universal
Sábado 08 de marzo de 2014
<b>Da Internacional de la Mujer.</b> Tres jvenes escritoras narran la violencia

FERNANDA MELCHOR. La escritora nació en Veracruz en 1982. (Foto: CORTESÍA DE LA ESCRITORA )

Comparten el interés porque su literatura refleje su realidad a partir de historias que suceden en Veracruz, ciudad de México y Monterrey. La crítica las ha inscrito en el hiperrealismo donde convergen crímenes, secuestros, narco, pederastia y vida nocturna

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"Busco producir sensaciones en el lector"

En 2007, Fernanda Melchor obtuvo el primer lugar del certamen Virtuality literario Caza de Letras, convocado por la UNAM; en 2012 ganó el Premio Nacional de Periodismo “Dolores Guerrero”, por la crónica “Veracruz se escribe con Z”, con historias ligadas al narcotráfico; en 2013 otras de sus crónicas sobre el puerto de Veracruz aparecieron en Aquí no es Miami (El Salario del Miedo/ Almadía/ Universidad Autónoma de Nuevo León), ese mismo año vio la luz su novela Falsa liebre (Almadía).

La escritora nacida en Veracruz en 1982 asegura que el realismo literario le interesa porque quiere contar historias que tengan que ver con las posibilidades del yo en la época en la que vivimos.

Melchor también es periodista por la Universidad Veracruzana, tiene diplomado en Ciencias Políticas por el Institut d’Études Politques de Rennes, Francia, y es egresada de la maestría en Estética y Arte en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, donde investiga las cualidades expresivas de la imagen fotográfica de nota roja.

“¿Qué me interesa del realismo? La experiencia corporal. Las novelas que me gustan son aquellas donde uno puede olvidar que está leyendo un texto y entra a la corriente de la vida. En mis relatos trabajo mucho con el cuerpo. No se trata de hablar de si un personaje tiene sed, sino de cómo se siente esta sed, cómo se hincha la lengua o duele el estómago”, dice la autora de Falsa liebre, historia protagonizada por cuatro adolescentes que viven la prostitución, la violencia y son víctimas del poder.

Fernanda Melchor llama a su literatura realista, más que hiperrealista. “Si tuviera que definirla diría que es sensacionalista, no en el término peyorativo de amarillismo, sino de producir sensaciones en el lector”. Su tema es la violencia porque está presente en toda relación de poder.

Sabe que su lenguaje es duro y crudo porque es real y al mismo tiempo no es real. “Si hubiera puesto a hablar a los chavos como hablan en Veracruz está bien cañón que la gente entienda, la literatura no es poner la grabadora; por un lado está la realidad y cómo la gente habla y por el otro está la literatura, el arte y la representación. Uno debe tratar de conservar cierto sazón local sin sacrificar la comprensión”, afirma la autora del blog olasdesangre.wordpress.com.

La escritora reflexiona sobre sus compañeras de ruta: “Creo que la principal diferencia no es temática o formal sino estilística: lo que las escritoras de los 80 proponemos (y no sólo nosotras, sino en general todas las nuevas generaciones) son nuevos estilos, nuevas formas de trasladar la realidad, nuestras vivencias, nuestras formas de estar en el mundo, a la literatura. Para mí, la verdadera innovación que un escritor puede aportar está en este ámbito, en el de la autoexpresión”.

 

“La gente lee la realidad con la que vive”

Cuando apareció en las librerías la primera novela de Orfa Alarcón, Perra brava (Planeta, 2010), los hechos violentos producto del narcotráfico no habían aflorado como lo hicieron luego en Nuevo León. Esa entidad del norte de México se volvió foco de atención mediática y la novela de la escritora regiomontana, nacida en 1979, fue una historia que se anticipó a la realidad.

“Al desbordarse los hechos, la novela se quedó corta; yo narro una escena en la que la protagonista se encuentra una cabeza en la cajuela de su auto, parecía un hecho escalofriante y aislado pero sabemos lo que pasó después: no solamente había cabezas en las cajuelas de autos, había piernas, brazos en las calles, en las plazas, enfrente de las iglesias. Entonces sí podemos hablar de hiperrealismo en Perra brava”.

La egresada de la Universidad Autónoma de Nuevo León, donde estudió Letras Españolas, y ganadora de varios premios universitarios de cuento, sorprendió a la crítica y a los lectores con la historia de una joven universitaria novia de un jefe de sicarios del narcotráfico al que sirve como su esclava.

La novela se sitúa en el Monterrey de los narcos y transcurre a ritmo de reggaeton y hip hop con un lenguaje rudo. “La literatura tiene que sostenerse en el lenguaje, una novela que le tenga miedo a la expresión natural del pueblo no funciona. A mí me gusta mucho trabajar con oralidades, es un fenómeno que vengo estudiando desde hace años y lo único que hice fue dejar que los personajes hablaran con toda la crudeza que hablan las personas que viven en el norte del país”.

Hubo lectores que se escandalizaron y le dijeron que debió moderar su lenguaje, ella opina que la gente habla así, y lo volvió a hacer en su novela Bitch Doll (hubo madres de adolescentes que se asustaron por el título). “Son mamás que no han escuchado hablar a sus hijas en su entorno diario”, dice la también becaria del FONCA en 2007-2008.

Alarcón tiene claro que no se puede asustar a un lector mexicano que se levanta viendo noticias de violencia y narcotráfico, que sabe lo que está pasando, que tiene un familiar secuestrado. “Para un lector mexicano la violencia es un asunto cotidiano, no es un asunto agradable, pero la vive. Presentarle esta violencia por escrito ni le asusta ni le intimida ni le sorprende tanto porque simplemente está leyendo esa realidad con la que vive”.

 

“Yo camino por las calles violentas de esta ciudad”

“Para mí, la realidad es el juguete más grande del mundo, es un juguete caprichoso y violento y a raíz de ese juguete caprichoso y violento es como empiezo a ver el mundo, es lo primero que me llega a los ojos, a la boca, a los oídos, a la piel”, señala la autora de Señorita Vodka (Tusquets, 2013), una novela que es protagonizada por una teibolera de la ciudad de México que vive inmersa entre alcohol, drogas, armas y proxenetas.

Susana Iglesias (ciudad de México, 1978) obtuvo en 2009 el Premio Aura Estrada que le permitió realizar residencias en tres colonias de escritores: Ucross (Wyoming), Ledig House (Nueva York) y Santa Maddalena (la Toscana). Es autora de una literatura que no nace de la nota roja sino de caminar la calle y “ver la nota roja en vivo, sin necesidad de los diarios ni de estas notas morbosas de sangre y muertos, que aparte cuentan las historias de forma dolosa y mal, con datos no concretos y no verídicos”.

La becaria del Programa Jóvenes Creadores del FONCA en el periodo 2011-2012, cuya obra ha sido incluida en diversas antologías, asegura que la primera pregunta que se hace siempre es si debe extender su realidad literaria a su realidad cotidiana.

“Esa es una pregunta muy fuerte y que no me puedo responder y creo que es quizás el motivo que ahora me tiene escribiendo estas historias de violencia, no sé si de hiperrealidad; la hiperrealidad es un término ya caduco para este tipo de historias, no sabría ni cómo etiquetarlo ni cómo llamarlo. La realidad va a ser siempre como un auto a gran velocidad, como si manejaras un Valiant o un Barracuda pero con una venda en los ojos y en una carretera llena de curvas, no sabes dónde te vas a estrellar”.

La protagonista de Señorita Vodka tiene todas sus relaciones rotas, pero a Susana Iglesias no le interesa ahondar en la violencia brutal. “No llego a este morbo de los sesos, de los ahorcados, de los sicarios, a mí estas cosas no me gustan; son justamente estereotipos de la violencia, yo manejo una violencia emocional, la indiferencia más agresiva donde nace toda la violencia”, asegura la autora que obtuvo el Premio Charles Bukowski convocado por Editorial Anagrama con El despojo soy yo y Dulces batallas que nos animan la noche.

Susana Iglesias habla también de sus compañeras de generación y de su trabajo:

“No siento que hablemos de la misma violencia; yo no escribo sobre narcos, no escribo sobre nota roja ni agarro historias de la nota roja. Yo camino las calles violentas de esta ciudad. Me gusta meterme a las cloacas”, refiere la joven escritora.



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